Puigdemont se equipara a Maciá y acusa a España de «perseguir ideas»

Los 'exconsellers' Rull y Turull en la ofrenda a Macià. :: efe/
Los 'exconsellers' Rull y Turull en la ofrenda a Macià. :: efe

Los independentistas desdeñan el discurso del Jefe del Estado, al que hacen corresponsable de la intervención de la Generalitat de Cataluña

R. C. MADRID.

El 25 de diciembre es el día en el que los partidos políticos acostumbran a comentar el discurso de Nochebuena del Jefe del Estado, pero en Cataluña es también la jornada en el que se rinde homenaje a la figura de Francesc Macià, el primer presidente de la Generalitat. Carles Puigdemont aprovechó la ocasión para reivindicares, a través de una carta leída por el exconseller Jordi Turull, para cargar contra la democracia española.

El cabeza de lista de Junts pel Catalunya, que huyó a Bruselas el pasado 30 de octubre para evitar la acción de la justicia tras declarar unilateralmente la independencia, se definió a sí mismo como el «continuador de una larga cadena de esfuerzos y sacrificios para defender las instituciones históricas » y argumentó que Cataluña vive «un estado de persecución a ideas legítimas, democráticas y no violentas».

La situación del expresident de la Generalitat, cesado por Mariano Rajoy, es compleja porque, si vuelve a España para intentar ser investido, será detenido de inmediato. Hasta ahora, sin embargo, ese hecho le servido para avivar la llama del secesionismo y para situarse por delante de Esquerra Republicana de Catalunya en las elecciones del pasado jueves.

«Recordemos a un hombre que también padeció la persecución y el exilio para hacer posible la demanda de todo un pueblo», escribió en su misiva, solo un día después de que el Rey apelara a no tomar de nuevo el camino del «enfrentamiento». En realidad, Macià no se exilió tras proclamar la República catalana en 1931, cuando negoció con el Gobierno provisional de la República la autonomía, sino ocho años antes, con la dictadura de Primo de Rivera.

«Aval a la represión»

Previamente a los miembros destituidos del último ejecutivo catalán, también pasaron ayer por el cementerio de Montjuïc la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, investigada por el Tribunal Supremo -y que, por cierto, eludió aclarar si tiene intención de repetir en el cargo en la nueva legislatura- y los representantes de todas las fuerzas independentistas. Uno tras otro, coincidieron en criticar al Monarca, al que acusaron, en palabras del portavoz de Junts per Catalunya, Eduard Pujol, de haber vuelto a actuar como el rey «del 155» y de sentirse más cómodo avalando la «represión» del 1 de ocubre que escuchando los anhelos de los catalanes en las urnas.

Después del excepcional mensaje del 3 de octubre en el que don Felipe pidió a los poderes del Estado actuar para «asegurar el orden constitucional» y acusó a los independentistas de vulnerar «todas las normas», actuar con una «deslealtad inadmisible» y socavar la «armonía y la convivencia» de la sociedad catalana, las fuerzas secesionistas ya argumentaron que se había demostrado incapaz de ser el Rey de todos. Ayer insistieron en sus reproches y le echaron en cara que hable de España como una «democracia madura» mientras el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, entre otros líderes independentistas, está en la cárcel.

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