Puigdemont se enroca en que la investidura es suya aunque esté huido

Candidatos y simpatizantes de Junts per Catalunya aplauden una intervención de Puigdemont en la pasada campaña electoral. :: Toni Albir / efe/
Candidatos y simpatizantes de Junts per Catalunya aplauden una intervención de Puigdemont en la pasada campaña electoral. :: Toni Albir / efe

El expresident de la Generalitat pronunciará hoy su mensaje «institucional» de fin de año a los catalanes

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

De nada han servido las críticas de aliados y adversarios, Carles Puigdemont exige ser investido pese a tener su lugar de residencia en Bruselas. Un enroque que hace pensar que su promesa de campaña electoral de que iba a asumir «el riesgo» de ser detenido al regresar a España para ser ungido presidente de la Generalitat se la ha llevado el viento. Primero fue su otrora socio, Esquerra, el que le avisó de que la investidura exigía su retorno, y ayer se sumaron el presidente del Gobierno y el PSOE. Dio igual, Junts per Catalunya sentenció en un comunicado: «Puigdemont será investido presidente. El Estado no lo puede impedir».

El expresident reclamará hoy su «derecho» a la investidura durante el «tradicional mensaje institucional» de fin de año que dirigirá a los catalanes. Un discurso que en esta ocasión no podrá ser grabado en el Palau de la Generalitat ni será emitido por la cadena pública catalana, TV3. Será producido en Bruselas y se distribuirá por las redes sociales, según informó en Twitter el Gobierno de la Generalitat destituido por Rajoy el 27 de octubre. Puigdemont podría aprovechar esa intervención para hacer nuevos anuncios y a despejar, de una vez por todas, la incógnita de su regreso a España.

Pero hasta que llegue ese momento, la candidatura de Junts per Catalunya defiende que «solo hay un tipo de gente que no quiere que Puigdemont sea investido, los que no creen en la democracia». La llamada 'lista del president' insiste en su escrito en que «el que ha sido elegido democráticamente tiene que ser investido», porque para Junts per Catalunya el ganador de las elecciones no fue Ciudadanos aunque fuera primera fuerza en votos y escaños, sino que Puigdemont fue «el gran vencedor», pese a sumar dos diputados menos y quedar a 150.000 papeletas de distancia.

En su realidad, Puigdemont y los suyos consideran que aceptar los resultados del 21 de diciembre significa asumir que «la voluntad democrática de la gente» es que se restituya en el cargo al destituido presidente de la Generalitat. Cualquier otra lectura no tiene cabida en Junts per Catalunya.

Pero los dardos no solo van dirigidos al Gobierno de Rajoy y a las fuerzas constitucionalistas, también hay para los antaño socios republicanos. Uno de los puntos del comunicado establece que «lo que ha votado la gente no lo puede cambiar el Parlament», es decir que Esquerra y Oriol Junqueras, tercera fuerza política, no pueden hacer prevalecer sus planteamientos ni sus candidatos por encima de los de Puigdemont y su lista porque obtuvieron 13.000 votos más. Esquerra defiende que si el expresident no vuelve a España para ser investido el candidato debe ser, siempre que salga de la cárcel, Junqueras porque era el vicepresidente. No es factible, a juicio de los republicanos, un plan B para que Junts per Catalunya sustituya a Puigdemont por otro candidato de su lista.

Sensatez

Para el Gobierno de Mariano Rajoy este es un debate rayano con la irrealidad. El jefe del Ejecutivo apuntó que es «absurdo» pretender la investidura de presidente de la Generalitat «viviendo en el extranjero», y «mucho más absurdo» ejercer la presidencia a 1.300 kilómetros de distancia desde Bruselas. Rajoy pidió «sensatez y sentido común» a Puigdemont y se permitió deslizar una de sus sornas: «Figúrese que yo estuviera en Lisboa» y pretendiera gobernar en Madrid.

Una opinión que compartieron los socialistas, cuyo secretario de Organización también calificó de «absurdo» que Puigdemont quiera gobernar Cataluña. Pero ni Puigdemont ni Junqueras, precisó José Luis Ábalos, porque «Cataluña debe ser gobernada desde Cataluña. Ni desde el exilio ni desde ningún otro espacio o punto que incapacite o dificulte la gestión de un president, que tiene que estar en su tierra, con su gente».

El líder de Ciudadanos no entró en el debate de la investidura desde Bruselas, pero puso en cuestión «la legitimidad» para ser designado presidente de una persona fugada y con cuentas pendientes con la justicia. Albert Rivera se preguntó «¿Qué legitimidad tiene ante los ciudadanos un Gobierno que ni siquiera cumple las leyes?», y garantizó que su partido se opondrá a que el Gobierno de Cataluña sea presidido por alguien «imputado por delitos tan graves» como la rebelión y la sedición.

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