EL PROBLEMA DE LOS 'CHORIZOS'

Granados debe probar sus acusaciones, pero la corrupción seguirá desgastando al PP mientras no limpie su casa a fondo

ALBERTO AYALA. - TWITTER: @ALBERTOAYALA11

Mariano Rajoy había convocado ayer a los 'barones' de su partido a un almuerzo en Génova. ¿Objetivo? Darle una pensada al mal momento por el que, según todas las encuestas, atraviesa el PP y al ascenso continuado de Ciudadanos a poco más de un año para las elecciones autonómicas -no en el País Vasco- y municipales de 2019. Pero Ignacio Granados decidió colarse en la cita.

Tres años después de su detención, el exconsejero madrileño y principal acusado en el 'caso Púnica', el mismo que hasta antesdeayer insistía en que jamás tiraría de la manta porque no existía tal manta, parece haberla encontrado y ayer decidió ventilar unos cuantos trapos sucios. En concreto, implicó a los expresidentes madrileños Esperanza Aguirre e Ignacio Gonzáñez, y a su sucesora, Cristina Cifuentes, en la 'caja b' del PP en esta comunidad.

Granados acusó a los dos primeros de estar detrás del asunto. De Cifuentes dijo que conoció todo lo que ocurría mientras duró una supuesta «relación sentimental» con Ignacio González, hasta ahora desconocida.

Rajoy debe coger la escoba y, si no quiere o no puede, cederla a un compañero

Al igual que hizo hace unos días el exsecretario general de los populares valencianos, Ricardo Costa, en el juicio por la financiación ilegal del partido conservador en esa comunidad, el exconsejero madrileño tuvo exquisito cuidado en salvar la cara al PP nacional. Pero, a diferencia de lo que hizo Costa, él se declaró limpio de polvo y paja, pese a las importantes evidencias que a estas alturas acumula ya la Justicia en su contra.

Le faltó tiempo a Cristina Cifuentes para hacer un alto en la reunión de la calle Génova y anunciar medidas contra Granados. En concreto avanzó que presentará una querella criminal contra él por falsedad y atentado contra su honor.

Dada la catadura moral del personaje y, sobre todo, el que no acompañó sus acusaciones con pruebas de ningún tipo, harían bien ustedes en coger con suma cautela las declaraciones de Granados. Puede que al ver que su exsocio de chanchullos David Margaliza ha decidido colaborar con la Justicia para intentar aminorar su pena, en gran parte en perjudicio del propio Granados, éste haya decidido empezar a soltar parte de lo que sabe con idéntico objetivo. O puede que no y se trate de una pura venganza para tratar de arrastrar en su caída a quienes fueron sus compañeros y hoy son enemigos mucho más que adversarios.

Es el problema que presentan los 'chorizos'. Perdón, los presuntos. Que uno no puede fiarse de ellos, al menos de entrada, aunque muchos de esta ralea hayan sido claves para el esclarecimiento de no pocos delitos.

Sea así o lo contrario, lo evidente es que el PP ha tenido un exceso de 'chorizos' en casa. Ese partido, y nadie más que ese partido, los puso en listas y cargos haciendo posible que mancharan gravemente nuestras instituciones y nuestro sistema político. Si Rajoy no quiere o no está en condiciones de coger la escoba y hacer una limpia a fondo debe dejar paso a un compañero o la corrupción seguirá lastrando a su partido y al país. Por mucho que sueñe con dar el problema por amortizado.

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