Un policía por manifestante

Dos antidisturbios vigilan a los manifestantes del 25-S tras el vallado en los alrededores de la Audiencia Nacional. :: alberto ferreras
Dos antidisturbios vigilan a los manifestantes del 25-S tras el vallado en los alrededores de la Audiencia Nacional. :: alberto ferreras

El 25-S pincha en su protesta ante la Audiencia Nacional, protegida con una seguridad de cumbre internacional

MELCHOR SÁIZ-PARDO MADRID.

La Coordinadora 25-S 'Rodea el Congreso' pretendía que fuese una protesta masiva contra el PP, pero se quedó muy lejos de las movilizaciones 'indignadas' de 2012 que mantuvieron en jaque a la Policía durante meses. El llamamiento a tomar la calle para denunciar «la mafia» de los populares y reclamar la «ilegalización del Partido Popular» durante la declaración de Mariano Rajoy en la Audiencia Nacional se limitó a una concentración y una mini-marcha de un cuarto de hora en la que apenas participaron algo más de un centenar de personas.

Los manifestantes desfilaron por el polígono industrial prácticamente vacío si no hubiera sido por los agentes de los dos grupos de las UIP (Unidades de Intervención de la Policía) que les siguieron en todo momento. Al final, más de 80 policías para vigilar al puñado de 'yayo-flautas', militantes republicanos y miembros de plataformas ciudadanas que se acercaron hasta esta desangelada zona de San Fernando de Henares, en la periferia noreste de la capital, donde se encuentra esta nueva sede de la Audiencia Nacional. El ambiente fue en todo momento festivo y reivindicativo. Sin incidentes.

Probablemente Rajoy ni siquiera escuchó los gritos lejanos de los congregados, ya que la Policía les situó a dos centenares de metros del edificio de la Audiencia Nacional y rodeados de vallas. «Rajoy y Cospedal a Soto del Real» o «este presidente es un delincuente» fueron sus consignas de bienvenida al jefe del Ejecutivo, al que los manifestantes no vieron ni llegar porque fueron colocados en una zona por la que no pasó la comitiva del presidente del Gobierno.

La concentración no duro ni una hora. Los congregados, convertidos ya en una manifestación tras una pancarta que pedía «la ilegalización del PP», marcharon durante 300 metros antes de disolverse tras unas palabras del portavoz del 25-s Ramón Walsh, quien insistió en que la formación que lidera Rajoy debía ser declarada proscrita por «sus más de 800 imputados».

Triple filtro

El operativo de seguridad no fue espectacular en su envergadura, ya que la zona es muy fácil de acordonar y un número limitado de efectivos bastó para controlar sobradamente todos los accesos. Pero el dispositivo sí que fue de una exhaustividad comparable con los despliegues de seguridad de las grandes cumbres internacionales de jefes de Estado.

Desde primera hora de la mañana de ayer, los agentes de la UIP, funcionarios del equipo de escoltas de la Moncloa, francotiradores, miembros de la Unidad Canina, efectivos del Tedax, especialistas de subsuelo y miembros de los servicios de información batieron milímetro a milímetro la zona. Todas las alcantarillas del polígono fueron revisadas y selladas. Los funcionarios tomaron posiciones en los almacenes abandonados y un helicóptero vigiló en todo momento el operativo desde el aire. Aunque no hubiera mucho que vigilar porque el área, más allá de unos cuantos trabajadores de dos cercanas naves, estaba desierta.

Para llegar a la puerta de la sede de la Audiencia Nacional había que pasar por un triple filtro de seguridad. Interior sembró de 'check points' las avenidas vacías, en las que trajeados agentes instalaron sus mesas de oficinas bajo el sol. Solo las personas acreditadas pudieron entrar en la 'cápsula' en la que las fuerzas de seguridad convirtieron los alrededores de la sede del tribunal.

Fuera de esa cápsula, los controles policiales fueron igualmente extremos. Los manifestantes del 25-S fueron obligados, uno a uno, a mostrar sus pertenencias antes de acceder al corralito reservado para la protesta. La imagen estaba en las antípodas de aquella multitud 'indignada' que llegaba a sobrepasar la capacidad de los antidisturbios en los alrededores del Congreso en el otoño de 2012.

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