Podemos rechaza que su postura en Cataluña tenga un impacto negativo en el resto de España

La dirección de la formación mantiene que el electorado sabrá valorar su estrategia realista y democrática

ANDER AZPIROZ

madrid. Cataluña vuelve a poner en aprietos a Podemos, cuya dirección encuentra cada vez mayores problemas para explicar su estrategia frente al desafío independentista. El recurso ante el Tribunal Constitucional contra la aplicación del artículo 155 es el último capítulo en la serie de decisiones que ha tomado la formación morada para colocarse entre lo que considera el «inmovilismo» de los partidos constitucionalistas y la «unilateralidad» de las fuerzas independentistas.

Pero la posición de Podemos respecto a Cataluña, fuertemente influenciada por los comunes de Ada Colau, no parece que tenga efecto entre un electorado catalán muy polarizado, al menos según reflejan unas encuestas que colocan a la candidatura que lidera Xavier Domènech en quinta posición y muy lejos del casi millón de votos que llevaron a la confluencia catalana a imponerse en las dos últimas elecciones generales. Y, lo que es peor, la tibieza a la hora de tratar el independentismo comienza a pasar factura en el resto de España.

En Podemos, no obstante, no se muestra voluntad alguna de rectificar. La dirección de la formación cree firmemente que el rumbo es el correcto, que si bien «los cañonazos» que se reciben tanto desde el bando «monárquico» como del secesionista pueden restar votos a corto plazo, la defensa del derecho de autodeterminación y la oposición al 155 serán finalmente compartidos por una mayoría de catalanes y españoles. «Al final se recompensará a quienes han mantenido una posición realista, democrática y coherente», sostiene un dirigente del partido.

Pablo Iglesias realizó ayer un análisis similar en Extremadura, uno de los territorios que más puede penalizar a Podemos por su estrategia en el pleito soberanista. El secretario general reconoció que las posiciones de su partido «pueden no ser electoralistas», pero rechazó que se vayan a traducir en una sangría de votos generalizada.

El único consuelo para Podemos es que su coalición apunta a ser el árbitro del escenario postelectoral. Pero hasta eso entraña riesgos porque la formación morada se vería en serias dificultades para explicar su posible apoyo a un Gobierno independentista que no renunciase al proyecto secesionista.

Ruta por España

Para minimizar daños, la dirección de Podemos se ha volcado en las últimas semanas en actos por la geografía española en los que explica su firme apuesta por la plurinacionalidad. Iglesias, Irene Montero o Pablo Echenique han visitado Badajoz, Pamplona o Albacete. El mensaje ha sido claro: la defensa de la diversidad frente al «bloque monárquico que quiere recentralizar el país». «Podemos es la única fuerza política capaz de llevar a cabo un proceso de reconciliación en Cataluña», han insistido los principales dirigentes del partido.

Pero el optimismo que se muestra de puertas afuera choca con el debate interno que se ha abierto a causa de Cataluña. Los anticapitalistas reconocieron la república catalana, Carolina Bescansa ha afirmado que le gustaría «un Podemos que le hablase más a España y a los españoles y no solo a los independentistas» e Íñigo Errejón aguarda en silencio y se dedica a la Comunidad de Madrid con la vista puesta en las elecciones autonómicas de mayo de 2019.

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