LA PIEL Y EL OSO

ALBERTO AYALA

La filtración de los mensajes de móvil enviados el martes por Carles Puigdemont a Toni Comin, en los que el expresident reconoce que «esto (el desafío del independentismo catalán al Estado) se ha acabado; los nuestros nos han sacrificado», ¿es el resultado de una casualidad, una trampa urdida por el político republicano a su exjefe o un ardid del propio expresident? Pero, sobre todo, ¿reflejan el estado de ánimo actual del último inquilino del Palau o son tan solo el fruto de un momento de debilidad?.

Si la filtración fuera simplemente el resultado del buen hacer de uno de los cámaras de televisión que el martes viajó a Lovaina a un acto en el que iba a hblargrabar a Puigdemont, pero en el que terminó haciéndolo Comin, que tuvo la habilidad de filmar al exconseller cuando leía los mensajes de móvil que le acababa de enviar el expresident, podríamos encontrarnos ante el principio del fin del conflicto catalán.

Lo mismo cabría decir si se tratara de una alambicada maniobra orquestada por el expresident con la ayuda de su exconseller. Puigdemont es consciente de que carece de futuro político. La filtración le ayudaría a arrojar la toalla sin perder el respeto de las bases soberanistas, que cargarían con la culpa a los aparatos de los partidos.

Tampoco cabe descartar que Comin traicionara a su exjefe y se dejara grabar. opudiera tratarse de una traición deCen no como alguien que, al final, se ha arrugado, sino como una víctima de los aparatosbe los partidos.

El político neoconvergente se apresuró a declarar ayer que es «humano» y que a veces «duda». Pero que esos instantes de debilidad, consecuencia directa de que el president del Parlament aplazó el Pleno de la Cámara convocado para el martes para proceder a su investidura, ya han pasado y que «no me echaré atrás».

Sea cual sea la respuesta, lo verdaderamente relevante es conocer qué decisión final adopta el independentismo sobre el fondo del asunto. Si insiste en un imposible como sería investir president a Puigdemont, que en pocas semanas puede quedar inhabilitado por el Supremo en base a la Ley de Enjuiciamiento Criminal, al igual que los restantes líderes del 'provés'. O asi deja a un lado al opoítico gerundense huido y permite que se forme un Govern sin problemas con la Justicia.

ERC está en esta segunda longitud de onda. Pero no quiere ni poco ni mucho aparecer ante las bases soberanistas como el traidor que ha sacrificado a Puigdemont porque en las nuevas elecciones a las que conduciría la pervivencia del bloqueo política podrían perder un buen paquete de escaños en beneficio de la lista del expresident.

Así que o JxC y ERC reconducen sus graves divergencias y toman una decisión con o sin Puigdemont, o lo más probable es que la autonomía catalana continue intercvenida y caminemos hacia unas nuevas elecciones.

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