Un pícnic en palacio

Las delegaciones de Bildu y el PNV llegan ayer a la Villa Arnaga. :: lobo altuna/
Las delegaciones de Bildu y el PNV llegan ayer a la Villa Arnaga. :: lobo altuna

La mansión de Cambo reúne a cien políticos y representantes internacionales para avalar el final de ETA

ELISA LÓPEZ SAN SEBASTIÁN.

Cuando a las ocho y media de la mañana el sol iluminaba ya parte de la fachada roja y blanca de Villa Arnaga, los periodistas más madrugadores iban ocupando parte de los majestuosos jardines que rodean el ilustre palacete. El lugar elegido por los mediadores internacionales para escenificar el final de ETA en la localidad vascofrancesa de Cambo vistió de cierto aire de solemnidad al adiós a cerca de sesenta años de terrorismo.

Desde del aparcamiento habilitado para la ocasión, que tuvo que cerrar antes de las nueve con un cartel de 'completo', hasta la propia casona, un ejército de voluntarios bien uniformados y armados de paciencia y amabilidad hacía las labores de organización de las zonas dispuestas para el acto -carpas y diferentes salas de prensa- y de control de invitados.

Dos horas más tarde, a las diez y media, y bajo un cielo teñido de un azul intenso, los 340 periodistas acreditados de 125 medios de comunicación buscaban la mejor ubicación frente a la escalinata del 'Versalles vasco' para transmitir todos y cada uno de los momentos cruciales de un día histórico.

Brian Currin, Raimond Kendall, Anaiz Funosas, Jean René Etchegara y Agus Hernan, los anfitriones de la ceremonia, fueron los primeros en llegar al palacete de comienzos del siglo XX construido por el autor de 'Cyrano de Bergerac', Edmond de Rostand.

Invitados 'vip'

Los organizadores dieron la bienvenida a personalidades internacionales como el expresidente del Sinn Fein Gerry Adams: el exjefe de Gobierno irlandés Bertie Ahern; el exasesor del primer ministro británico Tony Blair, Jonathan Powell; el fundador del Partido de la Revolución Democrática mexicano, Cuauhtémoc Cárdenas, y el exdirector del Fondo Monetario Internacional Michel Camdessus. Tras la llegada de estos invitados 'vip', tocó el turno de los políticos vascos. Los representantes del PNV, EH Bildu y Podemos Euskadi viajaron hasta Cambo juntos y en autobús. Saludos de cortesía, besos y abrazos. Andoni Ortuzar (PNV), Pili Zabala -invitada de última hora como diputada de Podemos- Arnaldo Otegi y Maialen Iriarte (EH Bildu), entre otros representantes políticos de estas tres formaciones, compartían corrillos y hacían hincapié en la trascendencia de la jornada. También compartían atuendo. El acto serio y solemne requería poca floritura y el gris, el azul y el negro fueron los colores predominantes. Igual ocurrió con las chaquetas y las corbatas. Algún destello de luz como la americana blanca de Iriarte o el traje chaqueta claro de Zabala. Y los 'selfies' de Brian Currin, que daba un toque desenfadado a una cita más bien encorsetada.

Tras un minuto de silencio, comenzaba el encuentro a puerta cerrada en el que los cerca de cien invitados avanzaban el contenido de la declaración final. La ceremonia comenzó a alargarse hasta el punto de que comenzaron a hacer acto de presencia de los bocadillos de tortilla, la fruta y los refrescos.

Y por fin, a la una y cuarto, los políticos asistentes al acto, seguidos de los organizadores salieron a leer la llamada Declaración de Arnaga, que saludó el fin de ETA. Uno por uno los cinco representantes internacionales leyeron el comunicado en euskera, castellano, inglés y francés. Justo en ese momento, Mariano Rajoy, a más de 600 kilómetros en Madrid, hacía una declaración institucional en la que defendía que «ni ha habido ni hará impunidad para ETA pese a su disolución». Entonces, tres profesionales de la BBC retransmitían en directo la declaración en castellano leída por el mexicano Cárdenas. Más de uno pensó que el residente del Gobierno pudo planear la contraprogramación.

Eran ya casi las tres de la tarde, cuando los políticos se despedían en un coqueto rincón de los jardines repleto de limoneros, mientras los operarios desmontaban los habitáculos y los periodistas cerraban sus ordenadores. Fin del encuentro. A la salida de Villa Arnaga, frente al parking, un grupo de diez personas portaban ikurriñas y banderas de Navarra y coreaban 'Euskal presoak, euskal herrira'.

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