El pianista despistado

Comín, junto a Puigdemont en un acto el pasado noviembre en Bruselas. :: Stephanie Lecocq / efe/
Comín, junto a Puigdemont en un acto el pasado noviembre en Bruselas. :: Stephanie Lecocq / efe

El exconsejero de Sanidad pasará a la historia política catalana por destapar, en un descuido, el «se acabó» de Puigdemont Toni Comín Diputado de Esquerra huido a Bruselas

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Toni Comín (Barcelona, 1971) tiene fama de despistado. De ser impuntual y algo olvidadizo. El martes pasado tuvo el despiste más grave de su carrera política. Mientras miraba unos mensajes en su móvil durante un acto en Lovaina, Bélgica, un cámara de Telecinco grabó la conversación de chat que mantenía con Carles Puigdemont en la que el expresidente de la Generalitat tiraba la toalla. «Se acabó», reconocía el líder de Junts per Catalunya.

Se ha especulado con que pudo ser una distracción, una imprudencia, un gesto provocado o incluso una traición digna de la obra 'La Clemencia de Tito', de Mozart, de quien el exconsejero de Sanidad, el primer consejero de Sanidad catalán que no es médico, es muy devoto. Comín, de hecho, iba para pianista, pero al final optó por la vocación de su padre, miembro del histórico PSUC y fundador de Bandera Roja, que fue elegido diputado en la primera legislatura por los comunistas catalanes, aunque no pudo llegar a tomar posesión al morir ese mismo año. Su hijo tenía apenas nueve años. Comín padre es un referente de la izquierda, como su abuelo fue un referente del carlismo, impulsor del tercio de requetés Virgen del Pilar, que luchó en el bando franquista en la Guerra Civil. De ahí puede que le venga la fidelidad al 'carlismo' de Puigdemont.

Licenciado en Ciencias Políticas y en Filosofía, además de músico, fue diputado del PSC en las legislaturas de 2003 y 2006 de la mano de Pasqual Maragall. En 2014 fue uno de los líderes de la escisión soberanista en el seno del Partit dels Socialistes de Catalunya y poco después ingresó en Esquerra Republicana, donde ya abrazó por completo las tesis independentistas. El viaje del PSC a ERC lo hizo junto a Ernest Maragall, hermano de Pasqual, con quien entró en la primera línea de la política. En 2015 formó parte de las listas de Junts pel Sí y poco después fue elegido consejero de Sanidad, cargo que desempeñó durante dos años hasta que fue cesado por el 155. Gay, padre de una niña, cristiano y secesionista, Comín sorprendió a su partido cuando el 30 de octubre, tras ser destituido como el resto de los miembros del Ejecutivo catalán, siguió a Puigdemont a Bruselas, donde aún permanece, y en cambio no asumió el criterio del partido republicano, que permaneció en Barcelona, lo que llevó a Oriol Junqueras y a Carles Mundó a prisión.

Sorprendió porque Comín era uno de los hombres de confianza de Junqueras -católico e independentista igual que él- y ahora se ha convertido en uno de los confidentes de Carles Puigdemont en Bélgica. Sin embargo, el diputado, que se resiste a renunciar a su acta, a diferencia de sus compañeros 'exiliados', hizo el martes pasado un flaco favor a su presidente. Casualidades de la vida, Comín, que tiene una hermana que echa pestes contra el proceso, no tenía que participar en el acto de Lovaina con los nacionalistas flamencos. Quien debía intervenir era el expresidente de la Generalitat. Y por sustituirle, ha acabado por ponerle contra las cuerdas.

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