UN PATÉTICO ADIÓS

ETA se disuelve. Y lo hace falseando la historia, sin pedir perdón a todas sus víctimas y avisando que el conflicto sigue

ETA se disuelve. La banda todavía no ha hecho pública su comunicación final. Está previsto que se conozca con carácter previo a la inservible conferencia de mañana en la localidad vascofrancesa de Cambo. Puede que esta misma tarde noche. Pero ayer se filtró el escrito que remitió hace unos días a diversos agentes sociales, políticos y económicos para comunicarles formalmente su adiós, tal vez en un intento por engordar la discreta nómina de asistentes a la conferencia espectáculo de mañana.

Un adiós gélido. Desde luego sin la alegría que despertó la renuncia definitiva a las armas que los terroristas dieron a conocer en 2011, tres días después de la celebración de la Conferencia Internacional de Aiete, en San Sebastián. Más aún, un adiós patético, según la segunda acepción de esta palabra del Diccionario de la Lengua: 'Penoso, lamentable, ridículo'.

Palabras duras y contundentes, sin duda, pero que creo resumen cómo está siendo el final de una banda que durante más de medio siglo intentó torcer la voluntad del Estado y, sobre todo, la de la mayoría de los vascos mediante el miedo, el chantaje, la extorsión, la exclusión, la bomba y el tiro en la nuca.

ETA, se ha repetido y deberá reiterarse las veces que sea necesario para evitar la manipulación de la historia, se va sin haber logrado ni uno solo de sus objetivos. Desaparece derrotada por la democracia. Y ni siquiera fruto de la autocrítica, sino empujada por quienes durante décadas han sido su sostén político, temerosos de verse apeados de las instituciones, de la vida pública por largos años.

En estas condiciones no cabía prever de los terroristas ni generosidad ni valentía en la hora final. No la hubo en el comunicado sobre 'el daño causado' en el que la banda, cruel hasta el final, pese a ir más allá de lo que jamás había ido, hacía una repugnante categorización de las víctimas. No la hay en la comunicación que se filtró ayer, supongo que para no permitir a ETA marcar los tiempos de su adiós. Y me atrevo a presumir que tampoco la habrá en su vídeo final.

Se espera de quienes nos dedicamos a estos menesteres del análisis y la opinión que desmenucemos comunicados como el de ayer. La verdad es que poco cabe añadir sobre su contenido si no es el patetismo que, como decía al principio, destila.

La banda terrorista insiste en reivindicar no se sabe qué 'función' histórica. Tiene la poca vergüenza de hablar de su 'honestidad'. Pretende la humorada, ciertamente sin gracia, de que en el desarme de hace un año en Bayona la organización 'le dio al pueblo sus armas'. Y comete un curioso desliz al afirmar que 'ETA se formó del pueblo y al pueblo vuelve', admitiendo de forma implícita que hace decenios que se desconectó de la inmensa mayoría de los vascos, si es que alguna vez conectó con ellos, que no creo.

No podía faltar en el agur la teoría del 'conflicto'. Ese supuesto conflicto con España al que se ha agarrado para asesinar. Ese conflicto que, dice, no ha acabado. Y tiene el tupé de emplazar a partidos y estados a no repetir los errores del pasado e impedir que los problemas se 'pudran'. Hacerlo, advierte, podría ser 'fuente de nuevos problemas'.

ETA se va con patetismo, buscando la absolución de la historia o, al menos, una cierta comprensión. Con el tiempo llegará el olvido. Lo que jamás deben llegar son ni la comprensión ni la absolución.

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