Una pareja tormentosa

Junqueras entra detrás de Puigdemont a una sesión del Parlament. :: LLUIS GENé / afp/
Junqueras entra detrás de Puigdemont a una sesión del Parlament. :: LLUIS GENé / afp

Puigdemont y Junqueras se han disputado el liderazgo del independentismo y ahora pugnan por dirigir la GeneralitatRufián oficializa la candidatura del líder de ERC a la Presidencia si fracasa el dirigente de Junts per Catalunya

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Las relaciones entre Junts per Catalunya y Esquerra son todo menos una balsa de aceite. Los espacios que representan llevan años de pugna. Primero Mas-Junqueras y más tarde Puigdemont-Junqueras. Se han marcado de cerca, se han mirado de reojo y buena parte de sus movimientos buscaban retratar al oponente. Así ha sido durante el proceso soberanista, en el que ninguno de los dos se atrevió a levantar el pie del acelerador para no aparecer como el traidor.

Durante la campaña electoral intentaron guardar las formas, sobre todo los republicanos, que se mordieron la lengua para no atacar al expresidente de la Generalitat y acabaron muy molestos con sus socios, que llegaron a afirmar que todo candidato que no fuera Puigdemont era el del 155. ERC, en cambio, apuntó toda la artillería pesada sobre Pujol, el 3% y el caso Palau. Ahora les toca negociar la formación de un gobierno, pues están obligados a entenderse si no quieren desaprovechar la mayoría absoluta. Pero liberados de las ataduras electorales, la guerra por el poder ya es a tumba abierta.

La escenificó ayer el diputado de Esquerra Gabriel Rufián al oficializar la candidatura de Oriol Junqueras a la Presidencia de la Generalitat en caso de que fracase la opción de Puigdemont, que cada día que pasa lo tiene más complicado para volver. Más aún después de que el PP le dijera ayer que no piensa negociar su impunidad judicial, lo que reduce sus opciones de regreso. «El plan B es Junqueras», afirmó el parlamentario republicano.

En Esquerra son conscientes de que quien se impuso en las elecciones entre los soberanistas fue Junts per Catalunya y es esta lista la que tiene derecho a llevar la iniciativa. Pero ERC quiso ayer lanzar varios mensajes. Por un lado, presionar a Puigdemont para que decida si vuelve o se queda en Bruselas. Con Junqueras en la calle, las negociaciones entre los independentistas cogerían otro vuelo. Además, advirtieron a los neoconvergentes de que si el expresidente no puede ser investido, la lógica indica que si lo que se quiere es restituir el «gobierno legítimo», lo que hay que hacer es correr el escalafón. El aviso de Rufián iba también en la línea de que no están dispuestos a aceptar, de momento, otra opción de investidura que no pase por los dos cabezas de cartel. Y que si los neoconvergentes maduran la idea de situar a Puigdemont como presidente simbólico desde Bruselas y luego eligen un Gobierno con un 'conseller en cap' en Barcelona, quien debe coger las riendas es Junqueras, quien, mantiene ERC, seguirá en primer línea ya esté en libertad o en prisión.

Relaciones rotas

Puigdemont y Junqueras rompieron sus relaciones los tormentosos 26 y 27 de octubre, los días en que el entonces presidente de la Generalitat iba a anunciar el adelanto electoral y al final se echó atrás, entre otras cosas por las acusaciones de traidor por parte de los republicanos (las 155 monedas de oro de Rufián). Al día siguiente, la Cámara catalana declaró la independencia. Los dos pesos pesados de la política catalana acabaron de distanciarse el 30 de octubre, cuando Puigdemont cogió un coche hacia Marsella para embarcar después rumbo a Bruselas.

El exvicepresidente dijo días después que no sabía nada, a pesar de que el expresidente de la Generalitat iba acompañado de consejeros de ERC (Comín y Serret). Un ejemplo de cómo estaban sus relaciones lo dio Puigdemont durante la campaña, a mediados de diciembre, cuando reconoció que no había hablado con su exvicepresidente desde su huida a Bruselas. Junqueras lleva en prisión dos meses y la comunicación con la cárcel es complicada, pero el dato ya era significativo. El hecho de que ayer no acudiera ningún dirigente del PDeCAT o de Junts per Catalunya a las puertas del Supremo a arropar a Junqueras da otra muestra de cómo está el clima. Eso sí, más tarde, los neoconvergentes medio arreglaron el desplante acudiendo al homenaje que la ANC y Ómnium tributaron al presidente de Esquerra en Sant Vicenç del Horts.

En este contexto, las dos principales fuerzas del soberanismo negocian a contrarreloj las bases de la próxima legislatura. También la CUP, que el miércoles estuvo en Bruselas. De momento no ha habido avances. Pero todos presionan a Puigdemont.

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