Mayor Oreja y Rubalcaba, ante el final de ETA

Jaime Mayor Oreja, durante una comparecencia en Bruselas en 2012. :: j. Warnand / efe/
Jaime Mayor Oreja, durante una comparecencia en Bruselas en 2012. :: j. Warnand / efe

El ministro del Interior del PP: «El proyecto de ETA asentado en la ruptura no ha sido derrotado»; el ministro del PSOE: «ETA se va porque ha sido derrotada y punto»

MELCHOR SAIZ PARDO

madrid. Fueron, sin duda, los ministros que gestionaron el final de ETA. Los dos más mediáticos y quizás los más audaces. En cualquier caso, ambos dejaron una impronta indeleble en la lucha antiterrorista. Uno, del PP, Jaime Mayor Oreja, en el cargo desde mayo de 1996 a febrero de 2001, llevó a cabo un acercamiento de presos masivo, ahora impensable, cuando no se atisbaba ni de cerca el fin de ETA. El otro, del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, en ejercicio de abril de 2006 a julio de 2011, abrió la 'vía Nanclares', la primera apuesta seria de un gobierno por azuzar la disidencia en una banda terrorista que se empeñaba en no desaparecer.

Los dos vivieron desde la máxima responsabilidad en el Ministerio del Interior diversos contactos, conversaciones con ETA que acabaron con la vuelta a las armas. Los dos sufrieron en primera persona los funerales de las víctimas de los terroristas con los que pretendían acabar en algunas ocasiones con la zanahoria y, la mayoría de las veces, con el palo.

Liberación de Ortega Lara
El 1 de julio de 1997, la Guardia Civil localiza en un zulo de Mondragón a Ortega Lara, secuestrado 532 días.
Asesinato de Miguel Ángel Blanco
Tras el éxito policial, el 10 de julio de ese año ETA retiene al concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco, asesinado 48 horas más tarde.
La tregua
Después de meses sin atentados mortales, en septiembre de 1999 el Gobierno decide acercar al País Vasco a 103 presos.
El pacto antiterrorista
En diciembre de 2000, PP y PSOE sellan el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo.
Contactos con ETA
En 2006, en plena tregua, el Gobierno se reúne con ETA en busca de un final.
Fin del alto el fuego
El 30 de diciembre de ese año, la bomba en la T4 de Barajas rompe 'de facto' el alto el fuego de la banda.
Asesinato de Isaías Carrasco
En marzo de 2008, ETA asesina a Isaías Carrasco, amigo del socialista Jesús Eguiguren, implicado en los contactos con la organización.
El cese de la violencia
ETA anuncia en octubre de 2011 el cese definitivo de la actividad armada.

«Me acuerdo de cada uno de los atentados, de nombres y caras. Han pasado siete años desde mi salida del Ministerio del Interior y siguen ahí. Ya sé, me lo digo muchas veces, que los culpables de los atentados son los terroristas, pero mi responsabilidad como ministro era evitarlos y no pude». Pérez Rubalcaba se confiesa todavía consternado. También Mayor Oreja. El ministro de José María Aznar ha retenido el número de personas que fueron asesinadas bajo su mandato, 50. Ni siquiera el momento cumbre de su gestión, la liberación de José Antonio Ortega Lara, ha podido maquillar la «cruz» del asesinato del concejal popular Miguel Ángel Blanco o del exministro socialista Ernest Lluch y de tantos otros menos conocidos: «Lo más duro son todos los recuerdos de las víctimas, de sus familias, de los momentos de dolor que compartí con ellas».

«ETA se transforma y se extiende territorialmente con proyectos de ruptura en lugares como Cataluña»

Para ambos, las víctimas y su memoria son lo primero. Después vienen las valoraciones sobre el momento actual. ¿Creen que la petición de perdón y el anuncio de la inminente disolución de ETA son sinceros o solo movimientos tácticos? Y ahí Rubalcaba pone en valor su gestión: «ETA certificó su derrota en octubre del 2011. Luego abandonó las armas, ahora parece que, al fin, se disuelve. No son sino las consecuencias de su derrota», defiende con firmeza. Para al exministro de José Luis Rodríguez Zapatero, lo de los terroristas ahora no es más que una suerte de paripé. «En estos años, lo que han intentado ETA y su entorno es construir un relato para, por una parte, justificar sus crímenes y, por otra, ensalzar su propio papel en este final», apunta Rubalcaba. Pero, a su juicio, es inútil. «ETA se va porque ha sido derrotada y punto», afirma rotundo.

Mayor Oreja, sin embargo, no ve el final de la banda en el comunicado que anticipa su disolución. Es más, alerta sobre la nueva fase que se abre. «El proyecto de ETA asentado en la ruptura no ha sido derrotado, no desaparece, ya que ETA no solo es una organización», avisa el exministro. Está convencido de que «ETA simplemente se transforma y, además, se extiende territorialmente con proyectos de ruptura en Cataluña, Navarra, Galicia, Baleares y el País Valenciano».

Rubalcaba no es tan pesimista, pero también advierte de que hay riesgos después del anuncio de la disolución de la banda. Para el exministro socialista, es clave «evitar que ETA imponga, sobre todo en el País Vasco, su falso relato». «Es algo que les debemos a las víctimas y a las generaciones de jóvenes que no han vivido el terrorismo», apostilla. Y de nuevo, las víctimas. En los dos discursos, quienes sufrieron el acoso del terrorismo se tornan siempre en el eje. También en el final de ETA.

Un vistazo al retrovisor

Al recibir el cuestionario de este periódico, ninguno de los dos exministros elude, además, la pregunta sobre los errores que pudieron cometer en su etapa al frente del departamento de Interior. Mayor Oreja admite que durante los «primeros meses» de su mandato pecó de «indecisión». Quizás quería tantear hasta qué punto eran buenos los rumores que apuntaban a la intención de ETA de dejarlo. Pero confiesa que con la liberación de Ortega Lara, y el conocimiento de las circunstancias crueles de su cautiverio, «se acabaron las dudas y vacilaciones». «El acierto -añade- fue que solo había una estrategia por recorrer, basada solo en la ley, en toda la ley, sin atajos fuera de la ley o en la negociación con los terroristas».

Rubalcaba también entona el 'mea culpa'. En su caso, explica, por haber visto, quizás tarde, que con ciertos movimientos en la política penitenciaria se podría haber conseguido mucho. «Debíamos haber puesto en marcha la llamada 'vía Nanclares' en la política penitenciaria -se refiere a la apuesta por ofrecer beneficios a la disidencia etarra- mucho antes».

Mayor Oreja y Rubalcaba no encuentran inconveniente a revisar el tiempo que pasaron en el palacete de Castellana 5, en Madrid, que hoy ocupa Juan Ignacio Zoido, pero ninguno de los dos quiere dar consejos a su sucesor, al que ahora le va a tocar gestionar el fin definitivo de ETA. Los dos saben que la carta se juega en las prisiones, pero no dan pistas. «Eso ya no me corresponde decirlo a mí. En todos los pactos antiterroristas que firmamos los partidos políticos democráticos se recoge que la dirección de la política antiterrorista corresponde al Gobierno», recuerda el ministro de Zapatero. «Pues eso», zanja.

El exministro del PP, por su parte, vaticina que cualquier cambio en la política penitenciaria que beneficie a los presos de ETA no será más que una cesión. Mayor Oreja lo ve todo dentro de una gran estrategia. «La política penitenciaria -alerta- es como siempre un prólogo, un test para avanzar de verdad en lo que les interesa, que es solo el avance hacia el derecho a decidir».

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