Mártir sin recompensa

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Católico practicante, criado en el extrarradio de Barcelona y las montañas, el líder de ERC encarna todas las contradicciones del soberanismo

IVÁN ORIO

Cuando las fuerzas soberanistas lanzaron el bumerán de la independencia, llevándose incluso por delante la propia autonomía de Cataluña, todos los focos alumbraron a Carles Puigdemont y a los antisistema de la CUP como los grandes artífices del desafío al Estado. Oriol Junqueras (Barcelona, 1969), uno de los principales ideólogos del 'procés', aparecía retratado en un buscado plano sombrío que le permitía ejercer una política sigilosa en el corazón del Govern, desde la vicepresidencia, y como líder de Esquerra, donde su ascenso al poder fue meteórico. Convicción férrea y cara de no haber roto un plato.

Hijo de un catedrático de instituto y una enfermera, Oriol nació en el barrio de Sant Andreu, pero a los dos años la familia se trasladó a la cercana Sant Vicenç dels Horts, en la comarca del Bajo Llobregat, una población de 28.000 habitantes bien comunicada con la capital, ligada a la agricultura y salpicada de polígonos industriales. Su infancia y la de su hermano Roger transcurrió a caballo entre este enclave y Castellbell y Vilar, un pequeño municipio barcelonés encajado entre montañas en el que su familia poseía tierras y donde le enseñaron a trabajar el huerto y el cuidado de almendros y olivos.

uPersonal
Nació en Barcelona en 1969. Estudió Económicas en la Universidad de Barcelona e Historia, en la Autónoma.
uPolítica
Llegó a la presidencia de Esquerra en septiembre de 2011.

Sus padres, de economía holgada, le matricularon en el Liceo Italiano de la Ciudad Condal, un prestigioso colegio de pago en el que el hoy encarcelado máximo responsable de ERC aprendió ese idioma como si fuera el suyo. La caída del párpado de su ojo derecho, cada vez más evidente con el transcurrir de los años, no le supuso ningún problema para afrontar los estudios. Fue en la Universidad donde comprendió que la Cataluña acomodada que había conocido tenía su reverso. La ideología independentista ya había calado en él cuando cursó Económicas en la Universidad de Barcelona e Historia en la Autónoma.

LA CLAVE Conecta bien con los potenciales votantes a pesar de que su oratoria no es especialmente brillante

Tras una etapa en el movimiento sindical estudiantil -fue alumno de Ernest Lluch-, hincó los codos para preparar su tesis, que defendió ante un tribunal en 2002. El tema es un compendio de sus licenciaturas: 'Economía y pensamiento económico en la Cataluña de la Alta Edad Moderna (1520-1630)'. Un año después de doctorarse, y con la docencia como primera opción para ganarse el sustento, Oriol Junqueras entró en Esquerra para dar rienda a sus inquietudes. En el día a día del partido conoció a la que hoy sigue siendo su compañera, Neus Bramona, profesora en un colegio público de L'Ametlla del Vallés.

Enseguida congeniaron vital y políticamente. Ambos son católicos practicantes -el exvicepresident se posicionó a favor de la retransmisión de las misas en televisión en el debate abierto por Podemos y es habitual en las procesiones de Semana Santa- y profesan el soberanismo como su otra gran religión. De su unión han venido al mundo Lluc, de 5 años, y Joana, de 2. Han sido bautizados en la parroquia de Sant Vicenç dels Horts y la ilusión del dirigente de ERC es que se formen en el Liceo Italiano, como él. Oriol ha hablado en alguna ocasión de casarse, pero nunca ha habido planes reales de boda.

Sin hacer ruido, 'made in Junqueras', subió en el escalafón de Esquerra, fue eurodiputado y accedió a la Alcaldía de su localidad tras tejer una alianza con CDC e ICV para desbancar al PSC, la fuerza más votada. Junqueras crecía de manera paralela tanto fuera como dentro del partido. En septiembre de 2011 movió los hilos entre bambalinas para auparse a la presidencia de una formación que recuperó crédito electoral con el barcelonés al mando. Y es que Oriol, inamovible en las ideas y flexible en las formas, conecta bien con los potenciales votantes a pesar de que su oratoria no es especialmente brillante.

En pleno 'procés', cuando los secesionistas movían ficha hacia la república catalana y el Gobierno central se daba la vuelta para buscar culpables, el líder de ERC siempre salía quieto en la foto y eran otros los que se movían. Le sirvió de protección por su condición de interlocutor entre el Ejecutivo de Mariano Rajoy y el Govern encabezado por Carles Puigdemont -la relación entre ambos está rota del todo-, pero el papel secundario no le sirvió de nada en los tribunales. «Yo no me escondo nunca», ha declarado en la cárcel como reproche al president.

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