UNA MANO ENDIABLADA

LORENZO SILVA

La legitimidad y oportunidad de una moción de censura no vienen dadas por las declaraciones de quienes la presentan, ni tampoco por las de quienes, atrincherados en el Gobierno, tienen comprensible interés en que no prospere. La moción se revelará legítima y oportuna si logra salir adelante. Si por el contrario es derrotada, ello suscitará serias dudas sobre su oportunidad y su legitimidad quedará más tocada todavía. El vencedor se lo lleva todo, que decía ABBA, y el que pierde paga los platos rotos.

No es en este momento la cuestión si la moción se debía presentar o no, por más que en las primeras horas tanto los promotores de la iniciativa como quienes se aplican a socavarla hayan centrado ahí el debate. Una vez anunciada, lo que toca a los censuradores es movilizar una mayoría parlamentaria, y a los censurados impedir que la tentativa salga adelante. Tiene el PSOE un argumento nada desdeñable, en torno al que puede e intenta aglutinar a otras fuerzas políticas a efectos de desalojar al actual inquilino de la Moncloa: digan lo que digan el Gobierno y sus voceros, un partido condenado por lucrarse gracias a los delitos perpetrados, ya según sentencia, por quien durante años llevó la gestión de sus finanzas, deja en una horrenda posición al gabinete cuyo jefe hizo tesorero al ya sentenciado delincuente.

Frente a este hecho, de una gravedad extraordinaria, y de ningún modo convalidado en las urnas -primero porque nadie ha votado conociendo esta sentencia, y segundo porque perder la tercera parte de los votos es una convalidación harto dudosa-, al Partido Popular le queda invocar la ingobernabilidad a la que se vería abocado el país bajo un Ejecutivo que sólo podría contar con 84 escaños propios y se vería obligado a mendigar el resto. Tampoco es un argumento baladí: más allá de los intereses y ambiciones del PSOE, la censura sería mucho más robusta si en lugar de pretender formar un Gobierno sobre tan exiguo apoyo parlamentario quedara claro, con límites temporales precisos, el compromiso de disolver las Cámaras y someter al veredicto de la ciudadanía la severa crisis que el fallo judicial ha desatado.

Dos tienen las llaves de este embrollo: Ciudadanos y el PNV. De todas las fuerzas parlamentarias, son las que mejor saben por ahora jugar sus cartas. Veremos en esta mano endiablada.

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