Una magistrada pionera para las Fuerzas Armadas

La hasta ahora portavoz del PSOE nunca ha pasado inadvertida a lo largo de su carrera judicial y política Margarita Robles Ministerio de Defensa

ANDER AZPIROZ I. ORIO / K. DOMINGUEZ

madrid. Sonaba para dirigir los ministerios del Interior o de Justicia, pero tomará el mando de Defensa. Margarita Robles dirigirá un departamento que, de cumplir el Ejecutivo de Pedro Sánchez el compromiso que adquirió Mariano Rajoy con los socios de la OTAN, en los próximos años deberá incrementar su presupuesto para aumentar su contribución a la Alianza Atlántica. Habrá otro reto para la nueva ministra. Defensa recupera con el regreso de los socialistas al poder el control del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que con el PP dependía de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.

María Margarita Robles nació en León en 1956. Juez de profesión, a lo largo de su carrera ha sido pionera en varios terrenos. Número uno de su promoción, fue la primera mujer que presidió una sala de lo contencioso-administrativo, la primera en presidir una audiencia, la de Barcelona, y la tercera mujer en llegar al Tribunal Supremo.

Pese a su brillante futuro en la judicatura, Robles optó por dar el salto a la política en 1993, cuando asumió la Subsecretaría del Ministerio de Justicia. Un año después pasa a Interior de la mano de Juan Alberto Belloch, a quien Felipe González designó para dirigir un superministerio en el que se unieron las carteras de Justicia e Interior. Robles se hizo cargo de la Secretaría de Estado de Seguridad en sustitución de Rafael Vera, que acabaría condenado por el manejo de los fondos reservados y por el secuestro de Segundo Marey a manos de los GAL.

Fue la primera mujer que presidió una sala de lo contencioso-administrativo Como secretaria de Estado de Felipe González tuvo que lidiar con los GAL y la corrupción

La juez no tuvo una labor sencilla en el Ministerio. Eran los años del fin del felipismo y de la caída en picado de un PSOE acosado por el escándalo de los GAL, a los que Robles ayudó a poner fin, y los casos de corrupción. Así, entre otros asuntos tuvo que lidiar con el 'caso Roldán' o con el 'caso Lasa y Zabala'. Al tener que dividirse Belloch en dos carteras, tanto Robles como su homóloga en Justicia, María Teresa Fernández de la Vega, se convirtieron en ministras de 'facto'.

Regreso a la carrera judicial

Tras el triunfo de José María Aznar en las elecciones del 1996, Robles regresó a la carrera judicial y hasta 2004 ejerció como magistrada de lo Contencioso-Administrativo en la Audiencia Nacional. Ese año pasa al Tribunal Supremo, y entre 2008 y 2013 es miembro del Consejo General del Poder Judicial a propuesta del partido socialista, que no se había olvidado de su antigua secretaria de Estado.

En el máximo órgano de gobierno de los jueces Robles volvió a demostrar su carácter indómito. Votó a favor de la destitución del presidente de este órgano, Carlos Dívar, después de que trascendiese que había aceptado viajes gratis a Marbella. La nueva ministra de Defensa también se distinguió por su oposición a Baltasar Garzón. Tras abandonar la política en 1994, el juez se convirtió en azote del Gobierno a cuenta de los GAL durante la misma época en que Robles era secretaria de Estado de Seguridad. La magistrada fue una de las más firmes impulsoras de la inhabilitación de su colega y rival por cometer prevaricación durante la instrucción del 'caso Gürtel'. Garzón siempre ha mantenido que Robles se guió en su proceso por el profundo odio personal que le profesa.

La ministra de Defensa volvió a la política como número dos del PSOE por Madrid en las elecciones de junio de 2016. Lo hizo para cubrir el hueco que dejó su ahora compañera de gabinete, Meritxell Batet, que pasó a ser número uno por Barcelona en sustitución de la exministra Carme Chacón.

Robles vivió en primera persona la caída y regreso de Pedro Sánchez al líderazgo socialista. Mantuvo su apoyo al presidente del Gobierno en todo momento. También en el 'no es no' a la investidura de Mariano Rajoy. La juez, que no es militante del PSOE, fue una de los 15 diputados socialistas que desoyó la orden de la comisión gestora dirigida por Javier Fernández para abstenerse y permitir la formación de un nuevo Gobierno popular.

La magistrada pagó su voto negativo con el ostracismo en el grupo parlamentario. Pero no tiró la toalla, pese a las voces que se lo insinuaron. Y entonces volvió Pedro Sánchez. Una de las primeras decisiones fue, contra pronóstico, nombrar a Robles portavoz parlamentaria. No importó que un puesto tan importante lo ocupase alguien que no es militante de la formación. Tras triunfar la moción de censura, el nombre de la juez apareció en todas las quinielas para ocupar un asiento en el Consejo de Ministros, la única duda sería la cartera que le tocaría en el reparto. Finalmente, el jefe del Ejecutivo ha decidido recompensar la lealtad de su colaboradora dándole el control de las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia.

bilbao. Isabel Celaá (Bilbao, 1949) se ha convertido en la nueva ministra de Educación y en la portavoz del Gobierno de Pedro Sánchez. El presidente la ha reclutado por su experiencia en la gestión de políticas de enseñanza y por su conocimiento de un mundo lleno de aristas y recovecos en el que se desenvuelve como nadie. Por su paso por el Gobierno vasco y por haber sido también una las principales voces de la oposición en el País Vasco. Haber estado a ambos lados de la barrera le ha permitido aprender a escuchar y a negociar, todo ello sustentado en una oratoria brillante y en su capacidad para dejar a un lado la crispación de los debates cuando estos han terminado.

La comunidad escolar coincide en que Celaá siempre ha pisado fuerte en su terreno por su dominio del área, su formación -es licenciada en Filología Inglesa, Filosofía y Derecho y catedrática de Lengua y Filología Inglesa- y su experiencia laboral en los institutos. Fue viceconsejera con Fernando Buesa entre 1991 y 1995 y antes había dirigido el gabinete de José Ramón Recalde en el Departamento de Educación -tanto el atentado contra este último como el asesinato de Buesa la dejaron muy tocada-. Se ha curtido además en el Parlamento vasco y está acostumbrada a pelearse con los sindicatos. Es dura en la discusión y no regala méritos, pero nunca lo lleva a la parcela personal y encaja las críticas sin mover una ceja.

Patxi López no dudó en llamarla cuando fue lehendakari en 2009. De hecho, desde que el exjefe del Ejecutivo autónomo llegó a la Secretaría General del PSE, en 2002, Celaá permaneció fiel a su equipo y formó parte de la dirección. López le encargó la misión de dirigir Educación y la convirtió en una de las integrantes del Gabinete con mayor peso político. Acumula casi tres décadas en el partido a pesar de que su vocación desde que era niña era ser profesora de inglés. Siempre hace gala de su especial vinculación con la cultura irlandesa, que iniciaron sus padres al enviarle los veranos a Belfast y Dublín para perfeccionar el idioma. Celaá, casada y con dos hijas, asume sin problemas su militancia de izquierdas con su condición de católica practicante.

Aseguran quienes fueron sus más estrechos colaboradores que la mayor preocupación de la nueva ministra es la búsqueda incesante de la «excelencia educativa» por parte de los equipos directivos, los claustros de profesores y, por supuesto, del alumnado. Es desde esa excelencia, en su opinión, desde la que debe sustentarse el progreso y también la justicia y la igualdad social. Su apuesta por la formación permanente le granjeó el respeto de los círculos intelectuales, académicos y científicos. Desde el Gobierno vasco promovió la implantación del trilingüismo en las aulas (ella habla castellano, euskera e inglés), una medida que ahora se observa con naturalidad pero que en su momento despertó recelos por el desembolso económico.

Celaá, a quien el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero también tuvo en cartera en las recomposiciones de su Gabinete, es una firme defensora de la escuela pública como herramienta fundamental «en la igualdad de oportunidades», pero interpreta que esa lucha por la equidad no debe estar reñida con la excelencia.

Diplomacia

Celaá se limitó ayer a asegurar que está «tranquila y contenta» y que «se ha abierto una ventana de oportunidad para el país». Su sobreexposición mediática a partir de ahora será notable, ya que todos los viernes comparecerá ante los periodistas para explicar los acuerdos del Consejo de Ministros y responder a las preguntas sobre los principales asuntos de la actualidad política. Será la voz y también la cara del Gobierno de Pedro Sánchez, que ha apostado por la veteranía y la madurez de la bilbaína para trasladar sus mensajes.

A finales de septiembre, en vísperas del congreso que fulminó a Sánchez, hizo un máster en diplomacia como presidenta de la comisión de ética y garantías. Los partidarios de Susana Díaz querían que la convocase tras la dimisión en bloque de diecisiete miembros de la ejecutiva y ella ejerció una defensa numantina de su territorio cuando la crisis había empezado a devorar a su partido. La ministra no dudó en situarse al lado del hoy presidente cuando todo estaba en su contra. Ahora es su voz en el Ejecutivo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos