LEGALIDAD Y ESPERPENTO

ALBERTO AYALA ANÁLISIS

A seis días escasos para la constitución del nuevo Parlament, el futuro de Cataluña sigue marcado por la incertidumbre. Las interrogantes superan a las certezas.

El soberanismo fracasó la pasada legislatura en su órdago independentista al Estado. Pero las elecciones autonómicas del 21D convocadas por Rajoy tan pronto tuvo el plácet del Senado para intervenir la autonomía catalana, tampoco sirvieron para sentar unas bases que faciliten la resolución del problema.

Ciudadanos ganó por primera vez unos comicios en los que siempre se habían impuesto Convergencia o los socialistas. Los partidos no independentistas batieron a los secesionistas en votos. Pero los soberanistas, aunque a la baja, revalidaron la mayoría en escaños en el Parlament.

Cataluña parece abonada por ahora al empate infinito entre los dos bloques en conflicto. Y difícilmente se alcanzará un pacto para la convivencia si los que la han roto para imponer sus tesis sin mayoría ni amparo legal, no se comprometan a cumplir escrupulosamente la legalidad.

El frente independentista pierde efectivos de peso de día en día. El expresident Artur Mas ha abandonado el liderazgo del PDeCAT. El exconseller de ERC Carles Mundó se ha hecho a un lado. Y Carme Forcadell confirmó ayer mismo que conservará el escaño, pero que renuncia a repetir como presidenta del Parlament. Y así otros más.

Estos desmarques no obedecen a que los implicados se hayan caído del caballo y asuman la ilegalidad de algunos de sus actos. Sino, sobre todo, al temor a ver agravada su situación procesal.

El caso más evidente es el del Mundó, que sonaba como próximo presidente del Parlament y que era el interlocutor más sólido de ERC con el Gobierno central. El exconseller, que en octubre votó la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) por disciplina, pese a estar personalmente en contra, no quiere ser copartícipe de nuevas aventuras unilaterales que podrían agravar su situación ante la Justicia.

Algo parecido puede decirse de Forcadell, los 'jordis' o el exconseller de Interior, Quim Forn. La primera se despidió ayer de su cargo sin autocrítica alguna, «orgullosa» de no haberse «doblegado» ante el Estado, porque la nueva legislatura, dijo, requiere un presidente del Legislativo «libre de cargas judiciales».

El líder de la ANC y Forn, por su parte, prometieron al juez Llarena que si el soberanismo no respeta la legalidad dejarán la política. El de Omnium, que el único referéndum que reconocerá es el que eventualmente pueda convocarse de acuerdo a la ley. Todos ellos para que el magistrado les deje en libertad.

Mientras el cesado president Puigdemont sigue en Bruselas instalado en la irrealidad y el esperpento. Pretende nada menos que ERC y la CUP desoigan la legalidad y la lógica, y vuelvan a investirle sin regresar de su autoexilio. Leyendo su discurso por Skype o delegando en otro diputado de su grupo, JxC.

Como este escenario es lo descabellado que suena y lo último que hace un políticio es renunciar al poder, no descarten la idea del exconseller Mas Cullell. Se trataría de elegir un Govern de gestión para las cosas del día a día (¿presidido por el último descubrimiento neoconvergente, Elsa Artadí?) y que el político gerundense siguiera con su chiringuito en el país de los mejillones y del famoso Manneken Pis. ¡Pobre Cataluña!

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