«El 1-O es una larga, lejana y persistente reclamación»

García Albiol conversa con la presidenta de la cámara catalana, Carme Forcadell. :: l. gene / afp
García Albiol conversa con la presidenta de la cámara catalana, Carme Forcadell. :: l. gene / afp

Carles Puigdemont reunió a su gobierno en un acto solemne en el Parlamento y estampó su rúbrica en la convocatoria del referéndum

CRISTIAN REINO

Barcelona. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, consumó anoche el desafío al Estado central y firmó el decreto de convocatoria del referéndum, que llama a los catalanes a votar en la consulta del próximo 1 de octubre. En un acto solemne celebrado en la Cámara catalana poco después de que el Parlamento autonómico aprobara la ley del referéndum, Puigdemont reunió a su gobierno y estampó su rúbrica en un documento, que convoca por primera vez en España un referéndum sobre la independencia, ignorando la Constitución y el Estatuto catalán y sitúa al Gobierno catalán en el límite legal.

En parte, porque el documento lo firmaron todos los miembros del Ejecutivo catalán, que se exponen a una querella de la Fiscalía por desobediencia, pues todos ellos están avisados (Puigdemont hasta en cinco ocasiones) por el Tribunal Constitucional de que no pueden impulsar ninguna iniciativa que desarrolle el referéndum. Si lo hacen, podrían acabar inhabilitados, como Mas, Ortega, Rigau y Homs en el 9-N.

El tercer intento

La CUP marca el camino unilateral y en los próximos días apretarán para que la Generalitat no se arrugue

Después de cinco años de proceso soberanista, el independentismo puso ayer los pilares del tercer intento de romper con el resto de España en un lustro. El primero fue en el 9-N de 2014 y derivó en sucedáneo de consulta, aunque sus impulsores hayan acabado inhabilitados y ahora corren el riesgo de perder su patrimonio, según la causa que tienen abierta por el Tribunal de Cuentas. El segundo fue en el 27-S de 2015 y, aunque desde el secesionismo se vendió como el referéndum definitivo, no lo fue, pues incluso la CUP reconoció la derrita en el plebiscito. La consulta del 1-O será un intento de a la tercera va la vencida para los independentistas y supondrá la culminación de la promesa que el presidente de la Generalitat hizo hace un año en sede parlamentaria: «referéndum o referéndum», avisó, a pesar de que la celebración de una consulta soberanista no formaba parte del programa de Junts pel Sí y la CUP.

De hecho, fue un reconocimiento implícito por parte del presidente dela Generalitat de que la promesa de la independencia exprés no podría ser posible. El programa electoral de las dos formaciones secesionistas planteaba la proclamación de la independencia en 18 meses. Ese periodo ya se ha agotado y el secesionismo se la juega a todo o nada con el referéndum. Porque su convocatoria no presupone que pueda llegar a celebrarse. De hecho, la convocatoria del 1-O lo que hace es dar el pistoletazo de salida al enfrentamiento entre la administración central y la autonómica.

Puigdemont insistió ayer que el 1-O los catalanes votarán, ya que supone una «larga, lejana y persistente reclamación de respeto a los derechos democráticos fundamentales, a los derechos humanos», como a su juicio es «el derecho de los pueblos a su libre determinación». Pero el Gobierno central lleva meses diciendo lo contrario y esta semana ya ha avisado de que retirará las urnas. La ley del referéndum y el decreto de convocatoria serán hoy suspendidos por el Tribunal Constitucional. La intención de Puigdemont y Junqueras es seguir hasta el final, pero está por ver hasta dónde pueden llegar.

En cualquier caso, la CUP marca el camino unilateral y si Junts pel Sí y la CUP quieren mantener la mayoría parlamentaria tienen que someterse al dictado de los anticapitalistas, que se sienten cómodos conjugando el verbo desobedecer y que en las próximas semanas apretarán para que los miembros de la Generalitat no se arruguen.

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