INGOBERNABLE Y CONTAGIOSO

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El paisaje catalán, tras la batalla electoral, es una perfecta descripción de la ingobernabilidad, es decir del caos. Una característica que, para más INRI, será contagiosa. Quizás peque de pesimista, pero un breve repaso a la situación nos refleja una sociedad divida en dos mitades. Una de ellas, la constitucionalista, ha ganado en votos, pero no podrá gobernar al carecer de escaños suficientes y, no lo olvide, de la mínima coherencia ideológica interna. La otra gana en escaños e intentará gobernar, pero ha perdido grandes dosis de legitimidad: Las elecciones las ha ganado Ciudadanos, con un triunfo espectacular en las grandes ciudades; los independentistas tienen solo el 47% de los votos; varios de sus líderes están o en prisión o en fuga; las empresas han huido y más que huirán ahora, mientras que el entorno internacional les da la espalda.

¿Se puede mantener el programa de desconexión con ése panorama? Parece razonable pensar que no, pero basta ver la manera como han interpretado los resultados Carles Puigdemont y su combo para darse cuenta de que no han perdido ni un ápice de su entusiasmo, ni el ardor guerrero ha bajado un solo grado. ¿Se puede construir una nueva sociedad sobre bases tan endebles? Seguro que no, pero no es tan seguro que no lo vayan a intentar, impasible el ademán. Visto como terapia, es evidente que el artículo 155 no ha sido eficaz. Ya, pero ¿Qué medicamento sanará la vesanía?

Es probable que los independentistas recuperen su esquema anterior de gobierno y es posible (más bien es deseable) que pospongan su programa a la vista de sus consecuencias y de la relación actual de fuerzas. Pero no se olvidarán de él y mantendrán la estrategia de la tensión permanente contra el Estado viento y marea; contra conveniencia y utilidad.

Esto no es solo un problema catalán. Primero porque la inestabilidad de una parte del Estado termina siendo una inestabilidad del Estado y eso puede afectar a la economía de todos al incidir negativamente sobre las condiciones de financiación y al enviar al extranjero una imagen de escasa fiabilidad. La inversión extranjera ya se ha desplomado en Cataluña y ahora está por ver si disminuirá en el resto del Estado.

Mariano Rajoy se encuentra en una encrucijada nacional. El triunfo de Ciudadanos es el triunfo de una manera nueva de hacer política sin las adiposidades del pasado. Nadie puede achacarles ni los recortes, ni los ajustes. Nadie puede imputarles escándalos de corrupción. Al contrario, tienen un mensaje joven y moderno, mientras que el PP destila un aroma viejuno, carece de líderes que trasmitan entusiasmo y no logra desprenderse de la peste que exhala la corrupción. Las elecciones generales serán otra cosa, pero estas elecciones catalanas son un aviso de que hacer bien cosas importantes -la economía, el empleo, la prima de riesgo, el 155, etc- no es suficiente. Debería tomar nota y actuar en consecuencia.

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