El independentismo responde en la calle

Pancarta colocada ayer en el balcón principal del Ayuntamiento de Barcelona que reclama la 'libertad de los presos políticos'. :: Andreu Dalmau / efe
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Pancarta colocada ayer en el balcón principal del Ayuntamiento de Barcelona que reclama la 'libertad de los presos políticos'. :: Andreu Dalmau / efe

El secesionismo pone en marcha una campaña de movilizaciones permanentes y anuncia la mayor manifestación de todo el proceso el 12-N Aumenta la presión para una nueva huelga general

CRISTIAN REINO B ARCELONA.

Como cada vez que se ha sentido atacado, el independentismo respondió ayer en la calle a la orden de encarcelamiento del exvicepresidente de la Generalitat y los exconsejeros.

Cuando el secesionismo empezaba a emitir señales de agotamiento e incluso de fin de ciclo con el reconocimiento de los errores cometidos durante el proceso, una decisión judicial volvió ayer a movilizar al movimiento soberanista, que ocupó plazas y vías de media Cataluña y anunció una campaña de protestas, que podrían culminar con una huelga general y con acciones de protesta que hagan «subir la prima de riesgo», según advirtió el diputado nacionalista Lluís Llach.

Una ola de movilizaciones para que la UE y el mundo escuchen que en España «no hay democracia» y cuyo mayor altavoz será la manifestación que preparan la ANC y Ómnium Cultural para el próximo 12 de noviembre y que según anunciaron será la más multitudinaria de cuantas ha celebrado nunca el secesionismo. Palabras mayores, pues en las protestas del 11-S se han registrado marchas de cientos de miles de personas, en torno al millón y medio de personas en las de 2012 y 2013.

Unas 20.000 personas se manifiestan en Barcelona frente al Parlamento autonómico.El diputado nacionalista Lluís Llach reclama protestas que disparen la prima de riesgo española.

Dos horas después de la orden de encarcelamiento decretada por la jueza contra los exmiembros del Gobierno catalán, el independentismo regresó a la calle, donde más cómodo se ha sentido todos estos años, en los que ha demostrado que el escenario en el que mejor se mueve es el de la acción-reacción. La protesta más multitudinaria se produjo en Barcelona. En torno a 20.000 personas, según la Guardia Urbana, se manifestaron en las afueras del Parlamento catalán, una cifra que no fue muy llamativa, pues sin ir más lejos, hace quince días, cuando el juez decretó prisión para Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, se manifestaron 200.000 personas en la Diagonal de Barcelona.

Aunque también es cierto que la protesta se produjo el día después de la orden judicial y en la de ayer solo transcurrieron dos horas desde la decisión de la jueza hasta la hora de inicio de la convocatoria.

En Gerona, en cambio, salieron a la calle unas 15.000 personas y cerca de 3.000 en Lleida. Las manifestaciones se celebraron en algunas de las principales ciudades catalanas. Por la mañana, antes de que se produjera la orden judicial, también hubo movilizaciones, en este caso contra el 155 y de apoyo a los dirigentes que acudieron a declarar a Madrid. En la plaza de Sant Jaume, en Barcelona, apenas varios centenares de personas reclamaron «libertad» y gritaron «Puigdemont es nuestro presidente».

Por la tarde, en un ambiente que mezclaba tristeza y además rabia, el público asistente clamó por la puesta en libertad de los que según el soberanismo son «presos políticos», gritó «libertad» y afirmó que «Puigdemont sigue siendo nuestro presidente». La ANC pidió transformar esa tristeza e indignación en una herramienta de lucha. El vicepresidente de la ANC, Agustí Alcoberro, afirmó que el secesionismo «no tolerará» un nuevo ataque al autogobierno. Es la hora del «coraje» y la «determinación» para demostrar que somos un pueblo unido, dijo.

El máximo responsable la ANC habló de una posible parada de país que, espera, cuente con el apoyo de los sindicatos y de las entidades de la Mesa por la democracia. Sería la segunda huelga general.La primera se celebró el día 3 de octubre como respuesta a las intervenciones policiales del día del supuesto referéndum del 1-O. La huelga tuvo un seguimiento desigual. La gran industria hizo casi jornada normal, pero la incidencia fue importante en el pequeño comercio y en la administración pública, ya que el paro contó con todo el apoyo logístico de la Generalitat, que dio facilidades a los funcionarios para que se sumaran.

Los sindicatos independentistas habían intentado convocar una nueva huelga para esta semana, pero ante la falta de apoyos tuvieron que cancelarla. El independentismo debatía ayer que más puede hacer para responder a los encarcelamientos. De entrada, la ANC y Ómnium anunciaron un amplio programa de movilizaciones, que arrancaba con las protestas de ayer y las caceroladas, que habían dejado de realizarse, hoy habrá nuevas concentraciones frente al ayuntamiento de cada localidad, el domingo habrá una «gran pegada de carteles» y el día 12 se ha convocado una manifestación en Barcelona.

Por ello, desde Ómnium emplazaron a la gente a conjurarse para que la «rabia, la tristeza y la impotencia» sean «la moral de nuestra victoria». Sólo así, según el vicepresidente de la entidad, Marcel Mauri, «conseguiremos ir adelante», en un reto que va más allá de ideologías y que interpela Cataluña, pero también España y Europa.

En la protesta frente al Parlamento catalán participaron dirigentes del PDeCAT, ERC, Moviment d'Esquerres, Demòcrates, CUP, Podem y Catalunya en Comú, es decir todas las fuerzas soberanistas. «La mayoría en votos en las urnas», según recordaron en la ANC.

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