El independentismo redobla la presión a Puigdemont para que declare la secesión

Puigdemont, tras el pleno del Parlament del pasado martes, acompañado de Junqueras y otros miembros de su Gobierno. :: Quique García / efe/
Puigdemont, tras el pleno del Parlament del pasado martes, acompañado de Junqueras y otros miembros de su Gobierno. :: Quique García / efe

La CUP lanza un ultimátum para que proclame mañana la independencia mientras Junqueras pide unidad

CRISTIAN REINO BARCELONA.

A escasas horas de que expire el plazo dado por Mariano Rajoy a Carles Puigdemont para que le responda por escrito si el martes pasado declaró o no formalmente la independencia, las presiones arreciaban ayer en el bando soberanista aunque las dudas se mantenían. Tres de los principales actores del proceso, Esquerra, la CUP y la ANC, con matices y ritmos diferentes, apremiaron ayer a Carles Puigdemont para que proclame la república cuanto antes.

El menos explícito fue el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, quien con su habitual ambigüedad pidió «apoyo» para el presidente de la Generalitat para que cumpla el «mandato del 27-S y especialmente el del 1 de octubre de constituir la república catalana». Un respaldo envenenado y que a dos días de la respuesta que Puigdemont debe dar a Rajoy podía interpretarse como una llamada de los republicanos a que el jefe del Ejecutivo formalice mañana la declaración de independencia. Se trata, dijo Junqueras, de «cumplir un mandato», «la construcción de la república y el compromiso de hacer la independencia».

En cualquier caso, el líder de Esquerra ya hace tiempo que no habla del todo claro, y por un lado evitó fijar un plazo a Puigdemont, y por otro afirmó que el secesionismo cumplirá los objetivos «a través del diálogo para evidenciar ante la comunidad internacional quién quiere dialogar y quién no». Una forma de decir que Esquerra no contempla otra salida que la independencia y que en una hipotética negociación no contempla otro escenario. Pero está por verse.

Oriol Junqueras rechaza la reforma de la Carta Magna y no contempla otro escenario que la secesión

Mucho más explícitos y más impacientes se mostraron los anticapitalistas de la CUP, dispuestos a seguir vendiendo caro su apoyo a Junts pel Sí. La formación de la izquierda radical lanzó ayer un ultimátum a Puigdemont que puede tener serias consecuencias para lo que queda de legislatura. «El lunes exigimos que la respuesta sea nítidamente afirmativa y acompañada necesariamente de un acto de solemnidad que dé respuesta a los resultados del 1-O. Por tanto, la proclamación de la república», señalaron los antisistema tras la reunión de su consejo político.

Si el presidente de la Generalitat no atiende a su petición y la respuesta a Rajoy no es una DUI clara, la CUP romperá con Junts pel Sí, dejará al Gobierno catalán en minoría y muy probablemente abandonará la Cámara catalana. Sin el apoyo de los anticapitalistas, a Puigdemont no le quedarán muchas opciones: o gobierna en minoría, o busca la alianza con los comunes, rebajando la hoja de ruta soberanista, o convoca elecciones en un clima de desunión secesionista. En teoría, la legislatura debía durar 18 meses, pero ya nadie en el Gobierno catalán se acuerda de esta promesa.

El tercer toque de atención le llegó ayer a Puigdemont de parte de la ANC. La entidad soberanista instó al presidente de la Generalitat a que cierre cuanto antes el camino iniciado hacia la independencia de Cataluña. No fijó plazos concretos, pero sí dijo que si el Gobierno central aplica el artículo 155 de la Constitución para suspender la autonomía o la Audiencia Nacional toma mañana la decisión de decretar prisión provisional para Jordi Sánchez, Jordi Cuixart o Josep Lluís Trapero, el Parlamento catalán debería proclamar la independencia en los próximos días.

Clima de división

Mismo objetivo, pero tiempos distintos. El caso es que el independentismo ya no es la roca granítica que hace un mes aprobó la ley del referéndum y de transitoriedad jurídica, y que fue a por todas con el referéndum del 1 de octubre. Desde el pleno del pasado martes, en el que Puigdemont cedió a las presiones europeas y del mundo económico, el secesionismo está dividido. Fuentes independentistas relatan cómo se rompió la unidad en la célebre reunión del estado mayor del proceso antes de que Puigdemont dejara en suspenso la declaración de independencia.

Por un lado estaban los más duros, con Marta Rovira, que amenazó con dimitir si Puigdemont aflojaba más de la cuenta, Jordi Cuixart (Ómnium) y Lluís Llach. En el lado menos radical, Artur Mas, Marta Pascal y Jordi Sánchez (ANC). Carles Puigdemont y Oriol Junqueras acostumbran a bascular entre un bando y otro. Y luego la CUP, que aceptó la declaración en diferido, pero a la que se le agota la paciencia.

Por ello, en un clima de recelos y de desconfianzas entre unos y otros, tanto Junqueras como Jordi Sánchez hicieron ayer llamadas a la unidad. A «cerrar filas», porque «para superar las dificultades hay que mantener la confianza en la unidad», según el líder republicano. «Ha sido nuestra fuerza», aseguró.

El temor que existe en el soberanismo es entrar en un periodo de una cierta distensión que pudiera desmovilizar a los suyos. De ahí que Junqueras insistiera ayer en rechazar cualquier apoyo a una reforma constitucional «que tendrían que aprobar los mismos que recortaron el Estatuto y que nos niegan el derecho a decidir a los catalanes». También la CUP descartó la reforma de la Carta Magna. «No entendemos medias tintas ni pactos constitucionales. La gente votó república», remataron.

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