El independentismo intenta recuperar la unidad para evitar el fracaso del 'procés'

Torrent, a su llegada ayer a la Cámara catalana. :: m. pérez / efe/
Torrent, a su llegada ayer a la Cámara catalana. :: m. pérez / efe

Los tres grupos secesionistas coinciden en que no han sido capaces de pactar una hoja de ruta común para la legislatura

CRISTIAN REINO BARCELONA.

El independentismo trató ayer de hacer terapia de grupo después de la investidura fallida del martes y llegó a la conclusión de que tiene mucho trabajo por delante si quiere salvar los muebles y evitar que la neonata legislatura acabe como el rosario de la Aurora.

El martes saltaron todas las alarmas ante el riesgo de derrumbe, y ayer, después de los mensajes derrotistas de Carles Puigdemont, el secesionismo pasó a la fase de máxima alerta. Quien cogió el timón fue la ANC, que, como en el pasado, trató de desempeñar la labor de costurero y aglutinador del movimiento independentista. El mensaje que trasladó, como el que hizo Puigdemont el martes, fue claro: sin unidad, el proceso soberanista se muere. El vicepresidente de la ANC, Agustí Alcoberro, se reunió con las formaciones independentistas para conjurarse todos juntos en sacar adelante la investidura y evitar que cada uno haga la guerra por su cuenta, como ocurrió en la manifestación del martes ante el Parlamento catalán. Una protesta en la que se empezaron a percibir los primeros síntomas de radicalización de las protestas y de falta de unidad de acción.

Primero fue la ANC y más tarde fue el turno de los partidos, concienciados para llegar a un acuerdo y para reiniciar cuanto antes las negociaciones. Dicen que hay voluntad de reconducir la crisis a pesar de las heridas. El independentismo es consciente de que la unidad ha sido hasta la fecha su principal activo, pero en estos momentos necesita una cura. Junts per Catalunya, Esquerra y la CUP compartían hasta el martes a las diez de la mañana que el candidato a la Presidencia de la Generalitat debe ser Puigdemont (lo siguen haciendo de manera formal), pero hasta ahí llega el consenso.

Aunque desde la parte neoconvergente se ha tratado de trasladar que existía un acuerdo entre las tres partes casi para todo, lo cierto es que en esta ocasión no ha existido una hoja de ruta común para la legislatura. Este es uno de los reproches que hace Esquerra a Junts per Catalunya, que solo se ha preocupado de negociar la investidura del expresidente, pero en cambio no ha llenado de contenido la futura acción del Ejecutivo. Como muestra un botón, los republicanos desconocían el contenido del discurso de investidura que iba a pronunciar el candidato Puigdemont. En la pasada legislatura, en cambio, el plan era casi imposible de llevar a buen puerto pero estaba claro: referéndum y declaración de independencia en 18 meses.

Ahora, en cambio, cada uno va por su camino. La CUP habla de materializar la república, tanto «desde la legalidad como desde la ilegalidad»; Junts per Catalunya insiste en mantener el desafío contra el Estado; mientras que los republicanos se decantan por abrir vías posibilistas que pasen por dar prioridad a la recuperación del autogobierno. «Necesitamos saber cuál será la estructura de gobierno y cuál será el mensaje de país para este periodo», afirmó ayer el diputado de Esquerra Ernest Maragall. El puñetazo en la mesa de Roger Torrent respondía a esa idea. Los republicanos tienen que tener sobre la mesa un motivo lo suficientemente atractivo como para volver a desobedecer al Constitucional y jugarse la piel para una nueva querella judicial.

Puigdemont o Puigdemont

Junts per Catalunya continúa instalado en el discurso legitimista de que hay que investir a Puigdemont y si no es posible habrá que ir a nuevas elecciones. Los anticapitalistas, mientras, avisaron a sus socios de que no tolerarán una nueva «tomadura de pelo», como las que a su juicio han sido el 10-O, en que Puigdemont dio marcha atrás a la declaración de independencia; el 27-O, en que hubo proclamación simbólica de la república; y el pleno fallido de este martes. «No sabíamos qué estaba pasando y eso no puede volver a pasar», aseguró el diputado neoconvergente, Francesc de Dalmasses, que el martes, minutos antes de que Torrent anunciara el aplazamiento del pleno de investidura, estaba felicitándose en TV-3 que la elección de Puigdemont se produciría esa misma tarde.

Junts per Catalunya insiste en Puigdemont o Puigdemont, aunque ayer admitió que la investidura del expresidente no sería efectiva en tanto en cuanto el Estado no la aceptará. Esquerra reiteró que quiere un presidente que gobierne desde el minuto uno.

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