Iglesias recurre de nuevo a las bases de Podemos para acallar a los críticos

Reafirma su fe ciega en alcanzar la Moncloa pese a las encuestas y convoca a la militancia para zanjar el debate sobre la marca electoral

ANDER AZPIROZ MADRID.

Pablo Iglesias se niega a renunciar a sus esencias, cueste lo que cueste. El secretario general de Podemos abanderó en 2014 un proyecto sin parangón que en un plazo de menos de dos años se convirtió en la tercera fuerza política nacional. Lo logró junto a Íñigo Errejón, Carolina Bescansa, Juan Carlos Monedero y Luis Alegre. De aquel quinteto titular ya solo queda Iglesias. Uno tras otro fueron abandonado la primera línea política y, salvo Monedero, todos lo hicieron tras chocar con el líder de la formación. Apoyado de forma mayoritaria por la militancia en la Asamblea Ciudadana de Vistalegre II del año pasado, Iglesias aplastó al último foco de disidencia que representaba el 'errejonismo' e impuso su proyecto personal de partido, basado en el fin de la transversalidad y un giro a la izquierda. El caso es que, desde entonces, para Podemos las encuestas solo han deparado malas noticias.

Pese a verse relegado en la demoscopia a la cuarta posición tras el partido de Albert Rivera y a figurar como el líder nacional menos valorado, Iglesias no tira la toalla. Quedó claro ayer en un Consejo Ciudadano -el máximo órgano del partido entre asambleas- que estaba programado para esbozar la estrategia del partido de cara a los comicios europeos, autonómicos y municipales del año próximo. El cónclave, no obstante, fue un acto de reafirmación del liderazgo de Iglesias, o al menos, eso intentó él. Lo primero que hizo fue disipar cualquier tipo de duda sobre su liderazgo ante la plana mayor del partido. «Si los inscritos me siguen dando su apoyo, mi reto es ser el próximo presidente», zanjó.

LA PREGUNTA

La alusión a los inscritos no fue baladí. En primer lugar porque Iglesias ha barrido en cada una de las consultas que ha planteado a la militancia a nivel nacional, incluso en su lucha fratricida con Errejón, en la que muchos dentro de Podemos identifican el principio del actual declive demoscópico de Podemos. Y tras aludir a las bases, el secretario general lanzó un nuevo órdago a sus críticos al convocar una consulta interna para elegir la marca con la que el partido debe concurrir a las próximas citas electorales.

Los anticapitalistas piden libertad para elegir con qué nombre se concurre a las municipales

Aunque en público se ha tratado de silenciar, el debate sobre el nombre que debe figurar en las papeletas a imprimir en 2019 ha generado el enésimo cisma en Podemos, al que se suma otro dentro de la alianza con Izquierda Unida.

Dos frentes

En clave interna han surgido voces que opinan que la marca Podemos ha quedado tocada tras cuatro años en los que el partido se ha enfrentado con todos y con todo. Una muestra de ello sería la pésima relación con el PSOE. «La victoria de Pedro Sánchez abrió perspectivas muy interesantes que permitían imaginar un nuevo Gobierno, pero no mentimos si constatamos con tristeza que de aquel espíritu ya no queda nada», afirmó Iglesias ayer por si quedaba alguna duda. Por el otro lado, el secretario general se encuentra expuesto a la permanente crítica de los anticapitalistas. Los antisistema, la corriente más a la izquierda de la formación, apuestan por que la confluencia de movimientos que dio lugar a Podemos trascienda más allá de sus siglas e, incluso, de sus órganos de dirección nacionales; un deseo que choca frontalmente con la voluntad de Iglesias de mantener un mínimo mensaje común, sin el que sabe que no podrá cumplir su deseo de «asaltar el cielo». Teresa Rodríguez, líder del partido en Andalucía y cabeza visible de los anticapitalistas junto al eurodiputado Miguel Urbán, ya tiene registrada la marca Marea Andaluza, quizá para unas posibles elecciones autonómicas. Ella negó ayer esta posibilidad, pero a la vez solicitó libertad para elegir las siglas en las municipales

El frente externo al que se enfrenta la dirección de Podemos es Izquierda Unida. Alberto Garzón es un ferviente defensor de la coalición con Podemos pero está sometido a la presión interna de quienes recelan y exigen garantizar la independencia de IU. Por ello, el coordinador general de la coalición de izquierda exige mayor visibilidad de sus siglas para repetir la fórmula de Unidos Podemos.

Ante todos estos desafíos, la apuesta de Iglesias ha sido convocar de nuevo a unas bases que nunca le han fallado. Serán los militantes los que decidan el nombre con el que se presenta Podemos a las elecciones y si Iglesias sigue siendo aún el todopoderoso líder de Podemos.

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