La huelga independentista se queda lejos de paralizar la economía de Cataluña

Decenas de manifestantes ocupan ayer las vías del AVE en la estación barcelonesa de Sants. :: Toni Albir / efe/
Decenas de manifestantes ocupan ayer las vías del AVE en la estación barcelonesa de Sants. :: Toni Albir / efe

Los piquetes siembran el caos en la línea del AVE y en la principal carretera con Francia, pero apenas pararon la actividad industrial y comercial

CRISTIAN REINO BARCELONA.

La jornada de huelga convocada ayer por el independentismo para protestar por el encarcelamiento de los ocho exconsejeros de la Generalitat y de los presidentes de la ANC y Ómnium fue una pequeña metáfora de lo que ha supuesto el proceso soberanista estos últimos años.

El secesionismo tiene músculo, hasta el punto de poder proclamar la república por mayoría absoluta. Sin embargo, no tiene la fuerza suficiente para hacerla efectiva. Esa potencia limitada se vio ayer en la jornada de huelga. El secesionismo fue capaz de bloquear algunas de las principales vías de comunicación, como la AP-7, en el paso de la Jonquera, con incidencia en Francia con colas kilométricas de camiones, y sembró el caos en la línea ferroviaria del AVE en las estaciones de Gerona y Sants, en Barcelona. Pero no pudo paralizar la economía catalana como pretendían los organizadores, la Intersindical CSD, sindicato muy minoritario e independentista, a pesar de que contó con el apoyo de la ANC y Ómnium y de los partidos secesionistas, aunque no de UGT y CC OO, que en Cataluña controlan el 80% del mundo sindical.

La gran patronal catalana Fomento del Trabajo, que el martes intentó (sin éxito) paralizar la huelga a través de los tribunales al considerar que se trataba de una huelga política, afirmó que el seguimiento fue «prácticamente imperceptible». Otra entidad empresarial, Pimec, habló de una incidencia del 4% y Cecot, patronal próxima al nacionalismo, elevó el seguimiento al 20%. Según el Gobierno central -que ayer escenificó la intervención que lleva a cabo en la Generalitat porque que quien dio las cifras de la huelga fue un alto cargo del Ministerio del Interior, cuando el pasado 3 de octubre fue la consejera catalana de Trabajo-, la incidencia en los centros de trabajo fue «mínima y residual».

El secretario general técnico del Ministerio del Interior, Juan Antonio Puigserver, afirmó que el único sector en el que la huelga se dejó sentir fue en la enseñanza, con un seguimiento del 34%, porcentaje que el sindicato de docentes USTEC elevó al 45. El consumo energético fue incluso un 3% superior a un día normal. El pasado 3 de octubre, en cambio, durante la huelga general convocada para protestar por las intervenciones policiales del 1-O, el consumo eléctrico descendió un 10%, lo que sirve de termómetro para comparar una y otra jornada de huelga. Las dos plantas industriales que más trabajo dan en Cataluña, las fábricas de Seat y Nissan, operaron con normalidad.

Acciones de los CDR

El independentismo demostró que tiene una fuerza escasa en los centros neurálgicos de la economía. Otra cuestión es su implantación en el territorio y ayer puso en evidencia que no hace falta una gran estructura para sembrar el caos en la movilización ciudadana. Basta con una buena organización de los llamados comités de defensa de la república (CDR), que son pequeños grupos locales que actúan de manera autónoma, y que con varios centenares de personas consiguen acciones de relevancia. Se crearon para la defensa de los colegios el día de la votación del 1-O y ayer actuaron con acciones selectivas, pero efectistas.

Así, varios centenares de personas burlaron el cordón policial de la Policía Nacional y los Mossos (que evitaron las cargas) en la estación del AVE de Gerona y paralizaron la circulación de trenes de alta velocidad. La ocupación de las vías se produjo a las ocho de la mañana y se prolongó hasta las diez de la noche. Lo mismo hicieron en la estación barcelonesa de Sants, que tuvo que ser cerradadesde primera hora de la tarde, y en puntos estratégicos de la AP-7, en este caso todo el día. La autopista que recorre Cataluña hasta la frontera francesa estuvo colapsada y las colas de camiones y coches fueron kilométricas. Igual que en una veintena de vías principales de la comunidad. Renfe cifró en más de 150.000 afectados. El Gobierno lamentó que «los radicales convirtieran el fracaso de la convocatoria de huelga en una jornada de actos vandálicos», con 140 incidentes.

El independentismo pinchó con la huelga porque hay cansancio en la población, aunque volvió a exhibir músculo en las concentraciones que la ANC y Ómnium organizaron en media Cataluña y en las que tuvieron el respaldo de todas las fuerzas soberanistas y en este caso también de UGT y CC OO. Fueron protestas convocadas en paralelo a la jornada de paro y se celebraron a las 12 del mediodía y a las seis de la tarde. Las más multitudinarias tuvieron lugar en Barcelona, en la plaza Sant Jaume por la mañana, y frente a la catedral, por la tarde. Unas 25.000, según la Guardia Urbana clamaron por la «libertad de los presos políticos». Fue la movilización previa a la gran protesta del sábado, con la que el secesionismo calentará motores hasta el 21-D.

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