La hoguera de la Comunidad de Madrid amenaza la escena política nacional

Cifuentes interviene el jueves en una sesión de la Asamblea madrileña. :: Mariscal / efe/
Cifuentes interviene el jueves en una sesión de la Asamblea madrileña. :: Mariscal / efe

Los pesos pesados que se disputarán el Gobierno regional y el Ayuntamiento convierten las elecciones de 2019 en el laboratorio de las generales

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

El tablero político en la Comunidad de Madrid a un año de las elecciones municipales y autonómicas muestra un dinamismo inusitado. La crisis del máster de Cristina Cifuentes convulsiona al PP. El complot para descabalgar a Pablo Iglesias estremece a Podemos. El cortejo a Carmena descoloca al PSOE. Solo Ciudadanos, que disfruta de un poderoso viento de cola, sale indemne por ahora de la hoguera que achicharra la región.

Sabido es que los movimientos tectónicos en Madrid sobrepasan sus fronteras y tienen réplicas políticas nacionales de consecuencias impredecibles. Los protagonistas no son de segunda fila, Manuela Carmena, Cristina Cifuentes, Íñigo Errejón o Ángel Gabilondo son figuras reconocidas en todo el país, y los nombres que faltan por saltar al ruedo -se menciona a su pesar a Soraya Sáenz de Santamaría o Margarita Robles- tampoco lo serán.

El PP reconoce que se juega buena parte de su futuro en función de cómo se resuelva la crisis desatada por el ignoto postgrado de su presidenta autonómica. La opinión mayoritaria entre los populares es que, si Ciudadanos mantiene el pulso, acabará por dimitir, pero hay formas y formas de renunciar. El cómo y el cuándo dependen, como todo lo relevante que sucede en el PP, de Rajoy. Un desenlace que tendrá repercusión nacional, sobre todo porque los populares van a tener serios problemas para retener el Gobierno de Madrid, su buque insignia, junto a la alcaldía perdida, durante 23 años. «Madrid anticipa tendencias y puede ser una señal», recordaba un veterano del partido.

En el PP se dan cabezazos contra la pared porque no entraba en los cálculos de nadie la irrupción de la crisis del máster en su ya complicado futuro ante la pujanza de Ciudadanos y el lógico desgaste propio. En el banco de pruebas que serán las elecciones de mayo de 2019, la Comunidad de Madrid será una pieza vital, y esa pieza, reconocen en el partido, está en peligro y con ella, el resto del andamiaje nacional.

Unos riesgos que se han visto paliados con el rebrote de las disputas fraternas en Podemos y el incomprensible movimiento de los socialistas de Madrid para fichar a Carmena. Si el partido de Iglesias tiene alguna posibilidad de gobernar un territorio ese es la Comunidad de Madrid. Cuenta con un candidato con arrastre y la personalidad política de Iñigo Errejón facilitaría un entendimiento con el PSOE que no sería posible con Iglesias. Así de felices se las prometían los morados cuando surgió el borrador de acuerdo entre la cofundadora del partido Carolina Bescansa y Errejón para descabalgar al líder del partido.

Cierre en falso

Iglesias apañó un arreglo sin desprenderse de su mejor activo electoral y a la vez más serio rival. Es una solución para hoy que puede ser un conflicto para mañana porque el aroma es de cierre en falso y apunta a un aplazamiento hasta el próximo rebrote de las dos visiones estratégicas de Podemos. Ahora, dice el secretario general, se trata de ganar las elecciones en Madrid y recuperar posiciones en España, lo que venga después ya se verá, pero lo que no puede haber más es más disputas internas en medio de la plaza pública. Ya lo dijo: «Ni media broma». El partido morado fía sus posibilidades para dejar de ser la cuarta fuerza en unas generales a un buen resultado en Madrid. El preámbulo, sin embargo, está siendo «un desastre», diagnostican con sintonía 'pablistas' y 'errejonistas'.

El PSOE, que había logrado un cómodo asiento en el burladero de las crisis, comprobó que su silla se remecía por un chascarrillo informal. El secretario general del partido en Madrid ofreció a Carmena encabezar dentro de un año la lista municipal y ardió Troya en el partido. Los socialistas corren el riesgo, y son conscientes, de caer en la irrelevancia. Solo el comprobado tirón de Gabilondo puede salvar al PSOE de un calvario electoral.

En ese marco, la invitación a la alcaldesa fue una clara muestra del temor y de falta de banquillo. Una circunstancia que puede tener su reedición nacional porque el liderazgo de Sánchez no acaba de cuajar, y así se constata en las encuestas que sitúan al PSOE como tercera fuerza y en declive. El éxito en la moción de censura a Cifuentes y un buen resultado en la comunidad serían un balón de oxígeno en las expectativas nacionales de los socialistas.

Ciudadanos, el partido con menos nombres de relumbrón en Madrid, es, sin embargo, el mejor colocado para rentabilizar las crisis de sus adversarios, sobre todo la del PP, pero también la del PSOE. Hasta el momento, no se ha visto salpicado por las turbulencias de la villa y corte, y marca en buena medida la agenda de la crisis del máster de la presidenta. «Con no equivocarnos tenemos el éxito asegurado en Madrid y en España», comentan en el equipo de Albert Rivera. Una presunción que parece bien encarrilada en vista de la evolución de los acontecimientos.

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