«Gürtel, Púnica, Lezo, Acuamed, Nóos, Andratx, Arena...»

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez se dan la mano durante la reunión de trabajo entre Podemos y PSOE del 17 de julio. :: Kiko Huesca / efe
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez se dan la mano durante la reunión de trabajo entre Podemos y PSOE del 17 de julio. :: Kiko Huesca / efe

La oposición no logra capitalizar los más de 60 casos de corrupción del PP que enumeró Irene Montero en la moción de censura

ANDER AZPIROZ MADRID.

«Gürtel, Púnica, Lezo, Acuamed, Nóos, Andratx, Arena, Auditorio, Baltar, Bárcenas...». Hasta 85 segundos empleó Irene Montero para citar una sucesión de más de 60 causas judiciales que afectan al Partido Popular durante el debate de la moción de censura el pasado 13 de junio.

El objetivo de la portavoz parlamentaria de Podemos era justificar la necesidad de desalojar del poder a un Mariano Rajoy y un PP cercados por la corrupción. El de Montero fue el momento más impactante del debate, pero la iniciativa del partido morado y sus confluencias apenas obtuvo 82 votos a favor -los de Unidos Podemos, Esquerra, Compromís y EH Bildu-.

Hasta ahora, los populares han salido una y otra vez prácticamente indemnes de sus problemas con la justicia. Mariano Rajoy barrió en las generales de 2011 pese a que casos como Gürtel llevaban ya tiempo en las portadas. Y aunque en 2015 y 2016 perdió la mayoría absoluta, logró mantenerse como primera fuerza a pesar de los papeles de Bárcenas o Púnica. Hasta el PP valenciano, duramente castigado por la corrupción, se impuso en los comicios autonómicos de 2015, aunque en este caso después no lograse formar gobierno.

El suelo electoral y la división en la izquierda minimizan el impacto de los escándalos

«En su código genético»

Juan Pedro Yllanes, diputado de Unidos Podemos y juez en excedencia, no tiene duda de que «la corrupción se ha ido incorporando al código genético del PP durante muchos años y con la absoluta tolerancia de los sucesivos responsables». Esto lo dice un magistrado que, entre muchas otras causas, juzgó el 'caso Andratx'.

Pese a mantenerse en el Gobierno, Yllanes cree que los escándalos sí han pasado factura a los populares, «si bien existe un sólido suelo de votos que le permite ser la fuerza más votada». Esta es precisamente una de las dificultades a las que se enfrenta una izquierda que a día de hoy se encuentra dividida casi a partes iguales, pero cuyos votos en conjunto superarían con creces a los de los populares. «También influye el hecho de que el PP reúne los votos de toda la derecha y que solo en las dos últimas legislaturas ha aparecido una fuerza competidora como Ciudadanos, que asegura representar al centro político pero que no le hace ascos a discursos de la más asentada derecha social y política», añade Yllanes. Frente a la placidez del PP en la derecha, la izquierda ha vivido los últimos tres años una guerra sin cuartel que solo ahora parece que podría apaciguarse con un acercamiento entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias que, si se atiende a los antecedentes, es como mínimo de resultado incierto.

Sea como fuere, parece que el PP paga un menor precio por la corrupción que el resto de fuerzas políticas. O lo que es lo mismo, sus adversarios no logran capitalizar electoralmente sus causas judiciales por mucho que fuercen plenos en el Congreso o aplaudan citaciones judiciales. Pero Yllanes no cree que este hecho sea responsabilidad única de la oposición. «Aunque en las encuestas de opinión la corrupción sigue ocupando un lugar preeminente en la preocupación de la ciudadanía -explica el juez- tal fenómeno se minimiza cuando llega la hora de depositar el voto en la urna».

Aunque ahora diputado, Yllanes es un hombre de leyes. Por eso, al margen de lo político, insiste en que es necesaria la tarea legislativa para prevenir la corrupción. Lo que no quita, añade, «que no haya de insistir en el discurso parlamentario ratificando que es una cultura política en el caso del PP». Y eso aunque no dé el resultado esperado.

Fotos

Vídeos