Guindos avisa de que la huida de empresas es solo un «aperitivo» si al final hubiera independencia

Niega presiones para que las firmas se vayan de Cataluña y revela que las ventas de grandes superficies ya se han desplomado un 20%

JOSÉ M. CAMARERO

Madrid. Las derivadas económicas del conflicto catalán han tomado una relevancia de tal calibre que los movimientos empresariales se han convertido en otra de las pugnas entre el Gobierno y la Generalitat. Así lo demostró ayer el ministro de Economía, Luis de Guindos, quien advirtió de que el cambio de domicilio social registrado por centenares de compañías catalanas desde el referéndum del 1 de octubre es solo «un aperitivo si la independencia llega a concretarse».

Las palabras del ministro sonaron a un aviso a navegantes para quienes consideren que no habrá más efectos económicos si el conflicto se mantiene en vigor durante mucho tiempo. «No hay sociedad que prospere sin un marco jurídico estable», indicó De Guindos en el Congreso durante el debate y votación del decreto ley -apoyado por PSOE y Ciudadanos- que agiliza el traslado del domicilio social sin necesidad de que sea aprobado por la junta de accionistas de la compañía, si así lo requieren sus estatutos.

El titular de Economía culpó de la marcha de empresas catalanas «a las políticas irresponsables» de la Generalitat. Y aunque reconoció que no le gusta esta situación, cargó contra los cargos independentistas cuyas «políticas enloquecidas y fuera de la realidad» han influido en el comportamiento de los empresarios, que buscan tranquilidad.

De Guindos volvió a recordar todos los males que afectarían a la economía catalana, y en menor medida a la española, si la segregación llegara a su fin: «Sería un chiste», resumió al explicar que la comunidad se quedaría fuera del euro, con restricción crediticia, problemas presupuestarios y comerciales y casi sin capacidad recaudatoria.

Ante las críticas de los grupos nacionalistas y Unidos Podemos, cuyos representantes acusaron de condicionar el traslado de las compañías, Luis de Guindos negó cualquier «tipo de presión». Insistió en que no ha llamado «absolutamente a nadie» para forzar esos cambios. De hecho, se preguntó si él mismo también ha hecho llamadas para que las reservas turísticas hayan caído un 20% en octubre, las peticiones de coches hasta un 30%, como ya se sabía; y las ventas de las grandes superficies se hayan desplomado entre un 15% y un 20%, según reveló con un dato que aún no ha confirmado la patronal del sector.

Los traslados de la banca, con CaixaBank y Sabadell al frente pocos días después del referéndum secesionista, llegaron porque «no tenían otra alternativa» al no poder vivir «sin un acceso al BCE», indicó el ministro. De Guindos quiso quitar hierro a la posibilidad de que se declare un corralito en Cataluña, que impida retirar efectivo a los ciudadanos de esa comunidad. De Guindos garantizó que no llegará a producirse esa situación porque las dos principales entidades financieras catalanas están «bajo el paraguas» del BCE y del Fondo de Garantía de Depósitos. «No generemos ninguna expectativa irracional», apuntó. De hecho, en los últimos cinco días ambos bancos ya han registrado «entradas netas» de depósitos tras el drenaje sufrido los días posteriores a la consulta independentista.

917 número de firmas que han llevado su sede fuera de Cataluña en octubre. La inmobiliaria Servihabitat, la aerolínea Volotea y la alimentaria Ordesa son las últimas.

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