La Guardia Civil mantiene que los celos o la venganza son los únicos móviles

Los agentes descartan el móvil económico o que Ana Julia matara al niño porque le estorbaba para una nueva vida en República Dominicana

MELCHOR SÁIZ-PARDO MADRID.

Las dos horas de declaración de Ana Julia Quezada no cambiaron ni un ápice las principales hipótesis de trabajo de la Guardia Civil. «Celos o simple venganza. O las dos cosas al mismo tiempo». Los expertos de las Unidad Central de Operativa de la Guardia Civil siguen sin contemplar otros móviles en el crimen del pequeño Gabriel, según revelaron fuentes de la investigación tras escuchar la declaración de la asesina. Los agentes se rafirman en que fue un asesinato premeditado y no un homicidio más o menos accidental, y se han conjurado para probarlo ante un tribunal.

Los agentes de la UCO sospechan que la presunta asesina quería deshacerse hace tiempo del crío, con el que mantenía una relación cada vez más tensa, porque, a su juicio, obstaculizaba su relación con el padre del menor, Ángel Cruz.

La otra tesis es que el asesinato del niño fuera una suerte de venganza por el rechazo que mostraba hacia ella, a pesar de que Quezada se empeñaba en que le considerara como su «madrastra» (término que en Sudamérica no tiene connotaciones peyorativas) y que siempre le llamaba «mi niño». Al menos en público.

Esa misma venganza con la muerte del menor se extendería a la madre, Patricia Ramírez, con la que Ana Julia no solo no tenía una relación amistosa sino más bien tensa desde hacía semanas. Los investigadores sostienen que sentía evidentes celos por su excelente relación con su exmarido.

Se ha especulado con la posibilidad de que Quezada quisiera volver a su país, República Dominicana, y que el niño sería un obstáculo para que en ese viaje sin retorno próximo le acompañara Ángel Cruz. Sin embargo, esa tesis, afirman los investigadores, no se sostiene por dos razones. La primera es que Ángel Cruz y Ana Julia habían comenzado a reformar la casa de la finca de Rodalquilar para trasladarse a vivir allí de forma inminente y ya habían invertido una considerable cantidad de dinero en las obras. La segunda es que la mujer, aunque viajaba con cierta asiduidad a República Dominicana, no parece la persona que regresaría a sus humildes orígenes tras más de dos décadas en España, subrayan los investigadores.

Recompensa

El móvil económico no está entre las hipótesis de los agentes dos días después de la captura de Ana Julia. La detenida presionó a la familia en varias ocasiones para ofrecer 10.000 (y hasta 30.000 euros) de recompensa para quien facilitara una información fiable sobre el paradero del niño. Pero en la UCO creen que esas presiones (ella incluso llegó a anunciar en una radio que había una recompensa que nunca existió) no era más que una treta, como otras tantas, para «emborronar» la investigación y provocar una avalancha de pistas falsas.

Además, la familia Cruz Ramírez, aunque con alguna propiedad, no tiene unos ingresos como para hacer frente a un rescate que justificara el riesgo de un secuestro.

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