Granados se sienta en el banquillo por el chivatazo del 'caso Púnica'

El exsecretario general del PP y dos guardias civiles se enfrentan a tres años de cárcel por revelación de secretos

M. SÁIZ-PARDO

Madrid. Francisco Granados se sentará por primera vez mañana en el banquillo de los acusados de la Audiencia Nacional por el 'caso Púnica'. Pero no será por las supuestas y millonarias corruptelas en la Comunidad de Madrid por las que estuvo entre rejas entre octubre de 2014 y junio de este año, sino por un apéndice de esta investigación: el chivatazo que recibió en septiembre de 2014 y que le avisó de que la Guardia Civil le pisaba los talones por sus presuntos chanchullos.

Además de Granados, por este caso están procesados los dos guardias civiles supuestamente involucrados en el soplo: José Manuel Rodríguez Talamino y José Luis Caro Vinagre (funcionario en excedencia). Para el político y los dos agentes del instituto armado la Fiscalía pide tres años de cárcel para cada uno por los delitos de revelación de secretos y aprovechamiento de revelación de secretos.

El escrito que la acusación pública presentó ante la Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional considera probado que Granados estuvo al tanto de la investigación que le implicaba gracias a las informaciones que Talamino le pasaba a Caro y éste, que entonces ocupaba un cargo de confianza en la Comunidad de Madrid, le filtraba al ex secretario general del PP madrileño.

Según la Fiscalía, aquellos chivatazos, también referidos a las actividades del empresario David Marjaliza (hombre de confianza de Granados), tuvieron «importantes consecuencias» para las pesquisas. La «difusión» de la información secreta -sostiene el Ministerio Público- «obstaculizó y entorpeció gravemente el curso de la investigación que llevaba a cabo el Grupo de Delitos contra la Administración de la Guardia Civil», al tiempo que «causó un importante daño a la causa».

La acusación pública asegura que Granados «aprovechó» los chivatazos de los guardias civiles «en su propio beneficio», sobre todo porque gracias a esa información privilegiada pudo ocultar antes de su dentención sus «propias ganancias ilegales, escondiendo el dinero en efectivo no declarado en domicilios de amigos y familiares». Es en este punto que la Fiscalía recuerda que parte de la fortuna oculta de Granados fue encontrada en el altillo de un armario de lo suegros del exdirigente popular de Madrid.

De acuerdo con el escrito de la Fiscalía, también Marjaliza se vio beneficiado por el soplo, hasta el punto de que tuvo tiempo de «destruir» toda la «documentación incriminatoria» contra su persona que existía en la sede de sus empresas antes de que la Guardia Civil desatara la 'operación Púnica'. El empresario, que sin embargo jamás fue procesado por esta causa por revelación de secretos, también fue capaz de esconder parte de su fortuna y los papeles del entramado corrupto en el extranjero gracias a las filtraciones de los agentes Talamino y Caro.

El chivatazo además provocó que los investigados «adoptaran precauciones intensas», particularmente al «disminuir la frecuencia de las llamadas y evitando pronunciarse sobre temas de interés a través de los teléfonos».

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