El gran maratón de piedra, papel o tijera

Uno de los colegios elegidos por la Generalitat como electoral para este domingo. :: m. benet

«Yo me quedo aquí hasta que me arranquen», dicen los padres encerrados en los centros para que no sean precintados Cientos de colegios de toda Cataluña se suman a la movilización para defender el referéndum

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Fiesta de pijama, partidos de fútbol entre padres, paelladas, cine fórum y hasta un 48 horas de partidas ininterrumpidas de piedra, papel o tijera... Miles de padres se han organizado por toda Cataluña, a través de la coordinación de la ANC y Ómnium y el sector educativo, para permanecer en los colegios electorales y tratar de dificultar la labor policial, ya sea en la retirada de urnas o en el precinto de los centros, todo ellos ordenado por un juzgado.

Una gran quedada en las escuelas e institutos, noche incluida, con la que padres comprometidos con la secesión y con el derecho a decidir quieren ponet su «granito de arena» para que el referéndum pueda celebrarse con la máxima normalidad posible. La llaman la 'fiesta de la democracia' y tienen al menos una consigna clara: siempre debe haber gente alrededor de los centros electorales y dentro de los mismos para que los Mossos d'Esqudra, en las tareas previas, o la Policía, el día de la votación, no puedan impedir la jornada electoral, tal y como tienen ordenado. Es aplicar a las escuelas la práctica de la resistencia pacífica. Tienen las llaves y de esa forma entienden que tienen el control sobre los colegios electorales. «Si pringamos, pringamos todos, porque todos somos administradores de los centros», señalan. En definitiva, lo que haga falta para defender el referéndum, cuya celeración está en el aire ante la previsible actuación policial.

La otra consigna que tienen es actuar de manera pacífica y evitar que en los recintos haya imágenes partidistas políticas como banderas. Y una tercera cuestión, ya de orden cívico: intentar dejar las instalaciones tal y como estaban el viernes por la tarde, porque el lunes los niños, gane el sí, se imponga el no o no haya votación, tendrán clase como todos los días a partir de las nueve de la mañana. Así, cientos de escuelas han programado actividades para padres, alumnos y profesorado que se alargarán hasta el domingo para garantizar que el 1-O el centro se abre con normalidad como punto de votación del referéndum.

«Quiero votar para irme de España, y aquí en el colegio hago más que si estuviera en el sofá de casa»«No quiero vivir en un país que nos acusa de utilizar a los niños de escudos humanos»

Los padres que participan en esta movilización, una de las muchas que se han desarrollado estos días para reivindicar el derecho a la autodeterminación, consideran que tienen un deber moral con sus hijos, para legarles una sociedad mejor. Y se rebelan contra las acusaciones de que el movimiento secesionista está utilizando a los niños, como escudos humanos, para conseguir sus objetivos. «No queremos vivir en un país que nos hace estas acusaciones», afima Tomás Ferrer, integrante del 'piquete' de la escuela de Les Encants, en Barcelona, junto a la plaza de las Glorias, una zona de clase media trabajadora. «Esto es lo que toca hacer», mantiene.

A la hora de esta entrevista, Tomás, junto a un grupo de una treintena de padres, debatían en una asamblea en el patio del colegio de sus hijos el calendario de acciones hasta el domingo. «Se nos pide que haya cuanta más gente mejor», relataba Jordi, coordinador del grupo. La protesta funciona en red. El WhatsApp es el instrumento clave. Las plataformas soberanistas lanzan un mensaje y las diferentes organizaciones locales se movilizan. «Por lo que nos dicen, la noche clave será la del sábado al domingo», añade Jordi, dando instrucciones a sus compañeros. Aunque todo el mundo usa Twitter y a través del móvil están al tanto de las últimas novedades. «Hoy (por ayer) no hace falta que nos quedemos todos», remata Jordi.

Aun así, hay ganas de movilizarse. «Toca plantarse», afirma Imma, madre de uno de los chiquillos que corretea por el patio del centro. Es una escuela pública, de titularidad municipal, que al cierre de esta edición aún no había recibido la visita ni de los Mossos, ni del encargado del Gobierno catalán para llevar las urnas. «La Policía lo va a tener difícil para impedir la votación», señala Tomás. ¿Por qué? «Porque no hay tanta policía como para desalojar a los tres millones de personas que vamos a estar defendiendo los colegios», remata. «Yo me quedo aquí hasta que me arranquen», apunta Isidre. Su ranozamiento es el siguiente. «Llevo toda la vida queriendo votar para irme de España. Seguro que es mejor estar aquí que en el sofá de casa».

La noche anunciaba lluvias y el verano ya pasó en Barcelona, pero todo sea por «proteger el punto de votación». «Es todo lo que podemos hacer por el referéndum», según señala otro de los padres, que prefiere no dar el nombre y que desaconfía del periodista, al que pide identificarse, porque estos días «no se sabe: puedes ser de la secreta».

Todos ellos están convencidos de que el domingo votarán y que el sí ganará de manera contundente en el referéndum. Eso sí, reconocen que la del 1-O no será la última escena de esta película. «Si sale bien, habrá mucha más represión por parte del Estado y tocará volver a movilizarse», dice Tomás. La siguiente, apunta, Isidre, es la huelga general. «Paralizar la economía, no nos quedará otra, hasta que Bruselas reaccione y obligue a Rajoy a negociar», dice. La noche se presentaba larga, pero la moral, al menos el primer día, seguía intacta.

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