González, Aznar y Zapatero hacen frente común contra el reto secesionista

El presidente de Vocento, Santiago Bergareche, presenta el coloquio de los expresidentes en la conmemoración del decimoquinto aniversario del grupo. :: Alberto Ferreras
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El presidente de Vocento, Santiago Bergareche, presenta el coloquio de los expresidentes en la conmemoración del decimoquinto aniversario del grupo. :: Alberto Ferreras

Los expresidentes coinciden en que no habrá independencia pero discrepan sobre la eficacia de una reforma constitucional Comparten en un foro organizado por Vocento en su 15º aniversario que la solución al desafío catalán es política

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero protagonizaron ayer una reflexión sosegada y cordial sobre cómo encarar el reto soberanista catalán. Los reunió Vocento, grupo editor de este periódico, con motivo del decimoquinto aniversario de su creación y fue el primer coloquio político de los tres juntos. El motivo del encuentro era '40 años de democracia', pero la realidad se impuso y, un día después de la presentación de la ley del referéndum, Cataluña acaparó buena parte del cruce de pareceres y enseguida afloró una convicción firmada por los tres: No habrá independencia.

Los tres expresidentes del Gobierno coincidieron en que la herramienta para encontrar una solución al desafío independentista en Cataluña debe ser política, no solo jurídica. Sin embargo, no se pusieron de acuerdo sobre la eficacia que pueda tener una reforma de la Constitución para contener la deriva secesionista. Pero sobre todo se mostraron seguros de que Cataluña no será independiente por más que esté convocado un referéndum sobre la separación el 1 de octubre.

Los expresidentes mostraron un alto grado de sintonía en su diagnóstico sobre Cataluña. «Estoy de acuerdo en un 95 o 97%», llegó a decir Aznar de una intervención de González, una confesión extraña entre dos líderes que no se profesan simpatía. El punto de fricción más visible estuvo en la reforma constitucional para encarar el desafío secesionista. Mientras el primer expresidente socialista defendió que se tiene que explorar esa vía, sus sucesores la descartaron. González propuso la creación de una subcomisión parlamentaria que durante dos o tres años estudie la modificación de la Carta Magna.

Solo González citó el artículo 155 de la Carta Magna que interviene la autonomía de Cataluña El exlíder del PP advirtió de que «antes que romperse España se romperá» Cataluña Zapatero duda de que la reforma que promueve Pedro Sánchez sirva de solución al problema Los socialistas abogaron por el diálogo con los independentistas y Aznar guardó silencio

El expresidente popular no vio necesario abordar una reforma de ese calado. Para embarcarse en un proyecto semejante, dijo, hay que saber «qué» se quiere cambiar, comprobar si existen «condiciones» para hacerla y si hay «consenso». Tres requisitos que, en su opinión, no se dan ahora y que recomiendan «no perder el tiempo» en ese debate. González replicó sin acritud que es cierto, que «ambiente de consenso no parece que haya, pero en el año 77 había justito porque veníamos de tribus que no se habían visto nunca». A lo que Aznar respondió con una sonrisa que en aquellos años «los jefes de las tribus eran un poquito más llevaderos». Tampoco Zapatero, un abanderado de la reforma en su primer mandato, se mostró de acuerdo y reclamó no generar «demasiadas expectativas» en que vaya a ser la panacea para acallar al soberanismo. Un mensaje dirigido a alguien que no estaba en el auditorio, el secretario general de su partido, Pedro Sánchez, partidario de modificar la Carta Magna para aquietar las aguas independentistas.

Si con la reforma constitucional hubo disenso, en la utilización de las herramientas políticas hubo consenso. Con un matiz. González y Zapatero abogaron por un diálogo amplio que no excluyera a los independentistas, particularidad que no citó Aznar. El expresidente popular señaló que «estar en política es hacer política», una frase que es un cajón de sastre sujeta a múltiples interpretaciones, pero que en este caso apunta a la articulación de una mayoría no soberanista en el Parlamento catalán.

González fue el único que se atrevió a citar el artículo 155 de la Constitución, que prevé la intervención de la administración central en Cataluña si se vulnera la legalidad constitucional, pero lo hizo para apuntar que como su redacción es «ambigua, afortunadamente», se puede «graduar» el uso de las medidas coercitivas. El recurso a esta disposición constitucional es el último cartucho que se guarda el Gobierno de Rajoy. El proceso soberanista, apuntaron los expresidentes, se celebre o no el referéndum , va a tener una consecuencia en forma de «fractura» de la sociedad catalana. Mientas González tachaba la ley del referéndum de «bodrio» que envidiaría Nicolás Maduro, Aznar aventuró que los independentistas «van a acabar demoliendo Cataluña». Recordó asimismo que hace unos meses vaticinó que «antes de romperse España se rompería Cataluña».

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