El Gobierno convivirá con un nuevo Parlamento catalán de mayoría secesionista

El Ejecutivo no podrá vetar iniciativas de la Cámara y pondrá fin a la intervención cuando se constituya la Generalitat

N. VEGA MADRID.

Moncloa se desplazó ayer a la sede nacional del PP. Los máximos responsables de la intervención de Cataluña, Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, siguieron el escrutinio con la cúpula del partido. Su cometido como Gobierno que ha asumido las funciones de la Generalitat será a partir de ahora mantener el control de la administración catalana hasta que se constituya un nuevo Ejecutivo. Pero durante este tiempo los gestores del 155 convivirán con un Parlamento autonómico renovado y de mayoría independentista.

Si bien es cierto que el 27 de octubre el Senado autorizó al Gobierno a intervenir la autonomía de Cataluña, también limitó su capacidad de control de la Cámara catalana. Aunque el Ejecutivo se reservaba en un principio la posibilidad de vetar algunas iniciativas, aceptó finalmente en la negociación con el resto de grupos parlamentarios suprimir ese privilegio. Al fin y al cabo, Rajoy ya había decidido disolver el Parlamento y convocar elecciones.

La propuesta que la Moncloa envió a la Cámara alta contemplaba un plazo de 30 días para revisar la actividad parlamentaria y frenar la tramitación de todo lo que resultase contrario a las medidas al amparo del artículo 155 de la Constitución, a su presupuesto, objeto y finalidad. Pero, finalmente, la referencia se cayó del texto. En todo caso, siempre cabe la posibilidad de recurrir ante los tribunales cualquier movimiento que se considere cuestionable desde el punto de vista legal.

Fuentes del Gobierno no creen que esta circunstancia vaya a suponer un problema y esperan que las fuerzas políticas prioricen ahora llegar a un acuerdo de investidura para conformar el nuevo Ejecutivo catalán.

Hasta entonces la intervención se mantendrá, porque el 21-D no marca el final del proceso. En otras palabras, será la destreza de los partidos para construir alianzas la que determine el momento de la retirada. Y en la Moncloa confían en que, llegada la hora de los pactos postelectorales, se imponga la oportunidad de restablecer cuanto antes la normalidad. De ser así, Rajoy no se vería en la tesitura de volver a abrir las urnas y la vía del 155, salvo nuevo desafío a la legalidad, habría llegado a su fin. Independientemente del color del Gobierno catalán.

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