El Gobierno asume la reactivación del Diplocat

A. AZPIROZ MADRID.

«No se puede prohibir». Con esta frase Josep Borrell dio por asumido que el Gobierno no tiene margen de maniobra para impedir que la Generalitat reactive el Diplocat, su servicio de embajadas en el Exterior. El ministro de Asuntos Exteriores recordó que en el pasado muchas comunidades autónomas abrieron oficinas en el exterior para promocionarse, si bien la mayoría de ellas decidieron después cerrarlas o integrarlas dentro de las embajadas nacionales para ahorrar gastos durante la crisis. En Cataluña sucedió todo lo contrario mientras duró el 'procés'. Tanto Artur Mas como Carles Puigdemont dieron prioridad a la expansión de Cataluña en el exterior con el fin de vender el relato independentista en Europa. La maniobra no pasó, ni mucho menos, inadvertida para el anterior Ejecutivo, que tras la aplicación del 155 se esmeró en cerrar cada una legaciones catalanas, con la única excepción de la ubicada en Bruselas. Y una de las primeras medidas de Quim Torra tras desactivarse el 155 ha sido retomar esta proyección exterior.

El nuevo Gobierno socialista no lo impedirá mientras se respete la legalidad. «Representación exterior la tienen todas las comunidades autónomas, no se puede prohibir que la tengan, no habría base jurídica ni capacidad para hacerlo. Si las cosas funcionan con normalidad, en la normalidad estaremos y si no, ya veremos», justificó ayer Borrell en un encuentro con periodistas.

El as en la manga de Exteriores está en la propia Constitución, que reserva en exclusiva determinados ámbitos de la acción exterior al Gobierno. Si el Diplocat traspasa la línea roja en su proyección internacional, el Ejecutivo podrá actuar de nuevo contra él.

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