FRACTURA DEL INDEPENDENTISMO

ALBERTO AYALA

Parecía cuestión de horas más que de días y ayer se confirmaron los pronósticos. La unidad de acción que, a trancas y barrancas, habían sabido mantener los dos principales actores del movimiento independentista -Junts per Cataluña (JxCat), la coalición del expresident Carles Puigdemont, y Esquerra Republicana- empieza a ser pasado.

Suenan tambores de guerra en el soberanista a orillas del Mediterráneo. ¿El desencadenante final? La decisión personal del nuevo president del Parlament, el republicano Roger Torrent, de aplazar, que no suspender, el Pleno de investidura del último inquilino del Palau, previsto para las tres de la tarde de ayer, tras el aviso del Constitucional de que Puigdemont solo puede ser reelegido si regresa -lo que le costaría la detención inmediata- y acude en persona a la Cámara provisto de un permiso del juez.

Torrent se encontraba entre la espada y la pared. O desobedecía al máximo tribunal de garantías y afrontaba las consecuencias legales de su acción, como le ocurrió a su predecesora, Carme Forcadell. O desoía las exigencias de neoconvergentes y anticapitalistas de ir al choque, paralizaba el Pleno y alegaba contra la cautelar aprobada por el TC. Optó, como se esperaba, por la segunda opción.

Les explicaba ayer el triple objetivo de Puigdemont en su, de momento, nada alocada huida hacia adelante. Hacerse con el control absoluto de la antigua Convergencia, aspiración ya conseguida. Desgastar a las instituciones del Estado, llevándoles a entrar en contradicciones y a forzar las costuras de la ley, y es evidente que algo está consiguiendo gracias a la deficiente estrategia del Gobierno Rajoy, diseñada por la vicepresidenta Saénz de Santamaría y su equipo de abogados del Estado. Y tercero, ir quemando políticamente a ERC hasta unificar bajo su liderazgo el secesionismo catalán.

El republicano Torrent ganó ayer tiempo. Pero, a cambio, facilitó el argumento que esperaban Puigdemont y los suyos para abrir las hostilidades abiertamente contra ERC con la inestimable ayuda de la CUP.

Tanto JxCat como los cuperos rechazaron la decisión «unilateral» de Torrent, le exigieron que la reconsidere y que autorizase de inmediato la investidura del expresident bien por el procedimiento telemático o permitiéndole que otro diputado leyera su discurso y votara. Sin éxito.

La protesta en la calle de cientos de soberanistas, movilizados sobre todo por la Asamblea Nacional Catalana, que cargaron contra ERC, deja claro a los republicanos -con su líder, Junqueras, en la cárcel y la 'número dos', Marta Rovira, desaparecida desde hace días- que van a tener que hilar muy fino para lograr que Puigdemont se haga a un lado y que Cataluña tenga al fin un Govern estable con otro presidente, sin que les desgaste.

El aplazamiento sin fecha del Pleno de investidura siembra dudas sobre el calendario político catalán inmediato. Sobre si han comenzado ao ir a elecciones. Lo único evidente es que mientras no haya un nuevo Ejecutivo, la autonomía seguirá intervenida y Rajoy, al mando desde su residencia del palacio de La Moncloa.

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