Firma riojana en un fallo polémico

Imagen del monitor de la sala de prensa en la que se ve al juez logroñés José Francisco Cobo. :: efe/
Imagen del monitor de la sala de prensa en la que se ve al juez logroñés José Francisco Cobo. :: efe

Logroñés de nacimiento, José Francisco Cobo ha presidido el tribunal de La Manada' | Estella, San Sebastián y Pamplona han sido los destinos del magistrado riojano que ayer leyó la criticada sentencia

Luis J. Ruiz
LUIS J. RUIZLogroño

Cuando ayer se hizo el silencio en el Palacio de Justicia de Navarra, la voz del magistrado José Francisco Cobo Sáenz (Logroño, 1958) sonó potente. Eran las 13 horas. Comenzaba la lectura de la sentencia contra 'La manada', el caso más mediático al que ha tenido que enfrentarse el jurista logroñés y que hoy abre los periódicos de todo el país. Muchos pedían una sentencia ejemplarizante y todas las apuestas apuntaban a ello. Quizá por ello hizo especial hincapié cuando leyó la primera condena, la del 'Prenda', a nueve años por un delito de abuso sexual. Luego repitió el mismo argumentario en cinco ocasiones que acabaron por despertar una ola de indignación primero en las redes sociales; después en la calle.

El de ayer no fue su primer gran juicio mediático. Quizá el primero fue el de hace quince años cuando, por primera vez, un jurado popular juzgó un asesinato por violencia machista que conmocionó a medio país. Cobo firmó una condena de 22 años de prisión para Jesús Gil Peláez que asesinó a su pareja (estaban en trámites de separación), Alicia Arístegui, apuñalándola en el caso urbano de Villava. Tampoco fue su primer caso de violencia sobre la mujer. De hecho la sección segunda de la Audiencia Provincial de Navarra se encarga, en exclusiva, de los delitos más graves contra la mujer.

Cobo es riojano de nacimiento, sí, pero navarro de adopción. A Pamplona llegó con tan sólo 13 años y allí ha desarrollado buena parte de una carrera judicial brillante que siempre quedará ligada al caso de 'La manada'.

Cobo fue candidato al Constitucional y optó a presidir la Audiencia Provincial de Navarra

Sus primeros pasos los dio en la Universidad de Navarra. Allí se licenció en Derecho en 1979 y con el título en la mano tuvo clara su vocación de impartir justicia. Apenas tardó tres años en alcanzar su meta: en 1982 ingresaba por oposición en la carrera judicial y en febrero de 1983 le concedían su primer destino: titular del juzgado de Distrito (predecesor de los de Primera Instancia e Instrucción) en Estella.

Su paso por Tierra Estella fue breve. Dejó el corazón de la Comunidad Foral para vivir los años duros del terrorismo etarra en primera fila. En 1984 aterrizó en San Sebastián, en donde se hizo cargo del juzgado de Instrucción número 3 de la capital guipuzcoana y en 1988 asumió también el Tribunal Tutelar de Menores de San Sebastián. Su presencia en el País Vasco no pasó desapercibida. Fue una voz crítica y, junto a otros tres magistrados destinados en Guipúzcoa, demandó la puesta en marcha de una policía judicial que preservara la independencia judicial frente a, escribían en El País, «las desorbitadas facultades policiales [...] La razón principal de que existan jueces es la de amparar y tutelar los derechos humanos, frente a cualesquiera abusos o extralimitaciones».

Tardó en volver a Navarra casi una década. Fue en 1992 cuando aterrizó en la Audiencia Provincial de Navarra como magistrado de la Sección Tercera, civil y penal, y siete años después, en 1999, asumió la presidencia de la Sección Segunda del mismo órgano. Casi 20 años después, se mantiene al frente. Y lo hace después de ser propuesto en el 2008 por el Partido Socialista de Navarra para ocupar un sillón del Tribunal Constitucional y de intentar asumir, sin éxito, la presidencia de la Audiencia Provincial de Navarra dos años después.

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