Fiebre amarilla en Barcelona

Uno de los balcones de la ciudad condal del que cuelgan varios lazos amarillos en solidaridad con los políticos encarcelados. :: Marcel.lí Sàenz/
Uno de los balcones de la ciudad condal del que cuelgan varios lazos amarillos en solidaridad con los políticos encarcelados. :: Marcel.lí Sàenz

El lazo independentista forma ya parte del paisaje de la ciudad, que grupos antisecesionistas se afanan en limpiar

MARÍA EUGENIA ALONSO BARCELONA.

Los lazos amarillos con los que los independentistas reivindican la libertad de los dirigentes del 'procés' que se encuentran en prisión preventiva -investigados por rebelión, sedición y malversación- han pasado a formar parte del paisaje catalán. Los hay en balcones, fachadas, aceras, marquesinas de autobús, farolas... casi en cualquier espacio público. El Ayuntamiento de Barcelona no es una excepción y, pese a la gran carga política de estos lazos, la alcaldesa Ada Colau ha permitido que cuelguen en su fachada principal y en varias dependencias municipales, al igual que lo hacen en algunas sedes de la Administración.

La popularidad del lazo amarillo se extendió cuando el 16 de octubre la jueza de la Audiencia Nacional Carmen Lamela ordenó el ingreso en prisión de los presidentes de Òmnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana, Jordi Cuixart y Jordi Sànchez, del que se cumple este miércoles siete meses. Desde entonces este sencillo trozo de tela -que en color rosa suele ser el emblema de la lucha contra el cáncer, en rojo el de la lucha contra el sida o en negro el del de duelo-, se ha convertido en todo un símbolo para los soberanistas. «Los turistas aún se siguen sorprendiendo con tanto lazo y no terminan de entender muy bien porqué están ahí puestos», asegura Juan, camarero en una de las terrazas de la céntrica Rambla de Cataluña.

A la altura de la Sagrada Familia, los viandantes se llevan una sorpresa y no es ni por la basílica ni por los bolardos de seguridad. Les llama mucho más la atención el enorme lazo amarillo, que pende de la fachada de uno de los edificios de la calle Mallorca, esquina con Sicilia. «Me pregunto cómo se habrán puesto de acuerdo entre todos los vecinos para cogarlo», apunta María Luisa, una jubilada barcelonesa que pasea con su mascota por una de las vías aledañas.

Torra quiere colgar este símbolo en la fachada de la Generalitat en solidaridad con los soberanistas presos

Las brigadas de limpieza

En estos meses, los Comités de Defensa de la República (CDR) se han encargado de ir tiñendo de amarillo las calles de la ciudad condal. En vallas, árboles y farolas, activistas independentistas colocan lazos amarillos, esteladas y pasquines en pro de la excarcelación de los políticos presos. Pero en las últimas semanas les ha salido un duro competidor. Son las autodenominadas «brigadas de limpieza», que emergen de madrugada pertrechadas de alicates, espátulas y escaleras para arrancar esa propaganda y arrojarla a los contenedores de basura.

Encabezan la respuesta de una parte de la ciudadanía ante la inacción del equipo de gobierno que dirige Ada Colau que, en su opinión, no está haciendo nada para retirar los símbolos secesionistas, pese a que su presencia en el mobiliario urbano va en contra de la neutralidad del espacio publico.

El 7 de mayo dieron un paso más y todas las brigadas que operan en Barcelona se dieron cita en una acción conjunta para retirar de forma masiva lazos amarillos. «Las calles ya no son suyas. Son de todos», insisteron los diez grupos antisoberanistas que secundaron la convocatoria.

En la pasada campaña electoral del 21-D, la Junta Electoral Central ya ordenó la retirada de algunos de estos símbolos y pancartas alegando la necesidad de preservar la neutralidad política de las instituciones. Con este argumento se llegó a obligar al Consistorio de Colau a descolgar una pancarta que reclamaba la libertad de los presos, así como retirar el color amarillo de las fuentes de la ciudad, que se había instalado en señal de solidaridad.

Pasada la cita con las urnas, el Ayuntamiento cambió la pancarta por un lazo. El mismo que quiere colocar en la fachada de la Generalitat su nuevo inquilino. De confirmarse hoy su investidura como presidente, ésta es una de las prioridades de Quim Torra, tal y como anunció él mismo el pasado viernes. La otra, poner en marcha un «proceso constituyente» para respetar el «mandato del 1 de octubre».

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