LAS FALSAS LIBERTADES

Hemos sido testigos de la cobardía que se oculta tras tanta palabrería patriótica en una votación secreta en la que 70 decidieron representar la voluntad de siete millones de personas

Mi madre solía decir que las mentiras tienen las patas muy cortas. Me pregunto qué pensará ahora al ver lo lejos que las mentiras han sido capaces de llegar, hasta convertirse en ese gran ejercicio de cinismo llamado posverdad, cuyo clímax hemos alcanzado estas semanas en Cataluña. El nacionalismo furibundo de cualquier signo siempre ha declarado querer cambiar el mundo, hacernos partícipes de una nueva utopía y, en nombre del pueblo, alcanzar la libertad. Pero tras esa ampulosa expresión de grandes y nobles sentimientos se suele ocultar otra clase de ambiciones, hipocresías y pretensiones, a menudo mucho más prosaicas y egoístas; hemos sido testigos de la ridiculez y la cobardía que se oculta tras tanta palabrería patriótica en una votación secreta en la que 70 personas han decidido representar la voluntad de siete millones, con la mitad del Parlament vacío; hemos asistido hasta el último momento a intentos de chantaje al Estado de Derecho, a tretas impropias de políticos con un mínimo de decencia y sentido de la responsabilidad.

Pero toda mentira encuentra su fin cuando se enfrenta ante la verdad objetiva. Las fábulas propaladas por el nacionalismo encontraron un culpable, «España nos roba», y con sus dogmas y leyendas crearon su propia religión, sus propios mártires, su pasado mitológico y su destino glorioso. Y cientos de miles de personas quisieron ver una posibilidad de dar salida a su legítimo deseo de emancipación. Sin embargo, la libertad no precisa de héroes subvencionados como los Jordis, ni de un Govern secuestrado por su pasado reciente y rehén de unos pocos diputados antisistema que no tienen empacho en declararse «independentistas sin fronteras». Supuestos partidos de izquierdas que no reconocen la solidaridad con el resto de pueblos de España. La verdadera libertad no se defiende colgando una bandera ni manipulando la realidad a través de un medio de comunicación, no se defiende con el «todo o nada» ni inventando relatos victimistas en Europa, ni gritando que España es Turquía. La libertad se construye con ciudadanos críticos, con mentes decentes, con razones y no con retórica, convenciendo con argumentos posibles y no ilusorios en el marco vigente y desde las instituciones, incluso desde aquellas que legítimamente se pretenda derrocar sin el uso de la violencia. No es más libre quien inventa una legalidad ad hoc porque la legalidad vigente es la base de nuestra convivencia y existen los recursos para cambiarla si no nos convence. Ese recurso se llama derecho al voto, en las urnas legítimamente aceptadas por todos, sin trampas ni falsedades y con todas las garantías.

Es hora de denunciar a aquellos políticos mediocres que con las peores mentiras han empujado a la confrontación, han alimentado fantasías y han desvirtuado la palabra, disfrazando esclavitud y ceguera con libertad y amplitud de miras. Son muchos y muy graves los problemas de esta España del siglo XXI, demasiadas las torpezas e insensibilidades de los Gobiernos centrales desde la Transición que han visto en el Estatut de Cataluña y en la diversidad territorial un problema y no una solución. Por eso es tan necesario que existan los partidos nacionalistas. Pero una cosa es la incompetencia política y otra cosa es cometer delitos amparándose en una supuesta voluntad popular que nunca fue tal, pues jamás ha contado con esa mayoría popular. Desde luego, no en votos.

Siento alivio al saber que habrá elecciones en apenas dos meses. Y si los demócratas independentistas creen de verdad en sus propias palabras, deberían celebrarlo. Porque estoy convencido de que serán las elecciones con mayor participación de la democracia española. ¿Por qué temerle ahora a las urnas? ¿Quizá porque ellos siempre se han beneficiado de esa parte absentista de la sociedad catalana? Ese silencio se acabó.

Ara sí, ara votarem. Legalment, amb totes les garantíes. I serà el 21 de decembre.

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