El expresident se ofrece a ser desde Bélgica el candidato del independentismo el 21-D

Afirma en una televisión de Bruselas que quiere «una justicia de verdad como la belga y no una bárbara como la española»

ADOLFO LORENTE

Bruselas. Aceptó ser el sucesor de Artur Mas con una condición: hacerlo por un periodo limitado y tasado de tiempo que concluiría cuando el gran objetivo, la independencia, se hubiese logrado. «No repetiré», insistía de forma machacona cada vez que era preguntado. De hecho, quienes aseguraban que el Govern jamás frenaría en su órdago al Estado era precisamente porque Puigdemont era una suerte de mártir dispuesto a inmolarse por carecer de futuro político. O mintió o ha cambiado de opinión a raíz de lo ocurrido. Ayer, desde su exilio en Bruselas, anunció por sorpresa que está dispuesto a liderar una candidatura independentista el 21-D, incluso haciendo campaña desde Bélgica. «¿Por qué no? Estamos en un mundo globalizado», declaró. Puigdemont se ofreció, sí, pero otra cosa es que sea elegido por los suyos, que después de su controvertida 'espantada', no está nada claro. Como tampoco lo está que las fuerzas independentistas reediten un Junts pel Sí II que acabó como acabó y que es la única tabla de salvación para un PDeCAT en caída libre frente a Esquerra.

El expresidente de la Generalitat no sólo sigue exiliado, sino que ha asumido un rol casi de prófugo al decidir esconderse para no ser grabado por los medios de comunicación. Su paradero y el de sus cuatro exconsejeros es una incógnita e intentar comunicarse con su entorno es una odisea. Desconfían de todo y de casi todos. Eso sí, los suyos insisten: sigue en Bruselas. Cuestión de fe. Porque la entrevista que se emitió ayer a las 19:30 horas por la televisión pública francófona, la RTBF, era en diferido.

Lo que se buscaba era que no acudieran todos los periodistas a estas instalaciones para intentar preguntarle. Si el día anterior tocaba hablar a TV3, ayer fue la RTBF. Nada es casual. De 'su' televisión a la del país que le ha acogido durante un periodo que puede prolongarse durante dos meses o incluso más.

De momento y además de intentar sortear a la justicia española, también parece estar dispuesto a seguir haciendo política desde el exilio refirmándose como el presidente «del Gobierno legítimo catalán que salió de las urnas». No reconoce el 155 pero sí las elecciones autonómicas del 21 de diciembre que emanan de su aplicación.

Además del mensaje político lanzado a los suyos, Puigdemont también hizo especial hincapié en insistir en que «no he huido». «Estoy completamente a disposición de la justicia. Eso sí, de una justicia de verdad como la belga», zanjó asegurando que la española es «extradamente bárbara» ya que «nos quiere meter 30 años en la cárcel por haber llevado a cabo un mandato electoral y del Parlamento catalán».

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