ETA, 60 años de violencia hasta la derrota final

ETA político-militar anunció en septiembre de 1982 en Biarritz su disolución como organización armada, decidida en su séptima asamblea./J.I.F
ETA político-militar anunció en septiembre de 1982 en Biarritz su disolución como organización armada, decidida en su séptima asamblea. / J.I.F

La banda quedó prácticamente neutralizada por la Policía a finales de 2001, pero tardó una década en asumir las consecuencias. «Hemos tenido que cerrar la persiana porque no nos quedaba más remedio»

FLORENCIO DOMINGUEZBilbao

Las declaraciones públicas de ETA y los etarras han sido siempre propagandísticas: han buscado transmitir un mensaje de coherencia interna, que mantuviera el ánimo de sus militantes y que hiciera creer a los simpatizantes que estaban avanzando de victoria en victoria hacia el éxito final. Desde hace tiempo, sin embargo, la mayoría de las comunicaciones personales de los etarras, aquellas que se desarrollan en la intimidad, tienen un tono bien distinto, mucho más realista que las proclamaciones públicas de cartón piedra de la banda.

«Hemos tenido que cerrar la persiana porque no nos quedaba más remedio -comunicaba hace poco más de un año un preso de la línea oficial de ETA a un amigo en el exterior-, porque la estrategia, además, la estrategia político-militar, ha fracasado desgraciadamente para nosotros, porque no la hemos sabido gestionar y eso es una realidad que no la asumen. Hemos dejado pasar todos los trenes y ahora estamos donde estamos».

No hay muchas diferencias en el análisis -aunque sí en las propuestas- que hacen los sectores disidentes de ETA cuando afirman, en referencia a Sortu, que «los oficialistas están gestionando una derrota, ya que están diciendo a los presos políticos que se busquen la vida por sí mismos».

1. El primer asesinato

El guardia civil José Antonio Pardines Arcay fue asesinado el 7 de junio de 1968, tras dar el alto al coche de los etarras Echebarrieta y Sarasketa.
El guardia civil José Antonio Pardines Arcay fue asesinado el 7 de junio de 1968, tras dar el alto al coche de los etarras Echebarrieta y Sarasketa. / RC

Sesenta años, menos siete meses, de historia de ETA se cierran con una derrota, con un final forzado que nunca había pasado por la cabeza de los terroristas. Nunca los etarras imaginaron que su trayectoria terminaría con tan poco lucimiento. Una trayectoria que, con el nombre de ETA, comenzó una tarde de las navidades de 1958 en un bar del barrio donostiarra de Gros. Desde entonces, la banda ha dejado pasar todos los trenes para poner fin a su actividad terrorista. En el camino se han quedado, según datos oficiales del Ministerio del Interior, 853 personas asesinadas y 2.600 heridos, su principal y más dramático legado.

Apenas un año después de su constitución, a finales de 1959, ETA colocó sus tres primeras bombas en Bilbao, Vitoria y Santander. Todavía tardaría una década en dar el paso más relevante: asumir el asesinato como una herramienta de actuación política. Esa decisión se tomó en 1968 y se materializó el 7 de junio de ese año con el asesinato del guardia civil José Antonio Pardines, su primera víctima mortal.

2. Coartada franquista

El atentado contra Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973, confirió a la banda una vitola de luchadores por la democracia de la que se aprovechó durante años.
El atentado contra Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973, confirió a la banda una vitola de luchadores por la democracia de la que se aprovechó durante años. / RC

El franquismo fue la gran coartada de ETA: el asesinato de Carrero le dio una gran proyección internacional y una aureola antifranquista de la que la banda ha vivido durante décadas y que le ha permitido obtener apoyo, comprensión y solidaridad hasta no hace mucho tiempo. Sin embargo, ETA era otra cosa, un grupo orientado a separar al País Vasco de España, y no les ha importado reconocerlo: «Hay que romper los clichés. ETA no se constituyó como organización antifranquista sino como organización para la liberación de Euskal Herria», escribía la propia banda en el 'Zutabe' 97.

ETA nació en el franquismo, pero su gran ofensiva terrorista se produjo con la democracia, hasta el punto de que el 95% de sus víctimas fueron provocadas tras la muerte de Franco y la llegada de las libertades. A medida que se recuperaba la libertad y se afianzaba el marco democrático con instituciones de autogobierno, ETA intensificó la violencia amparada por la radicalización de un sector notable de la población vasca. La banda y sus seguidores ignoraron la voluntad popular expresada en las urnas, ignoraron las elecciones libres y hasta la aprobación del Estatuto de Gernika en referéndum. ETA aseguró que los partidarios del Estatuto habían sufrido «un fracaso en las urnas», que había habido «trampas y manipulaciones» y que la abstención era igual que los votos favorables. Y con semejante artimaña decidió continuar con el terrorismo.

3. 36 años después

ETA político-militar anunció en septiembre de 1982 en Biarritz su disolución como organización armada, decidida en su séptima asamblea.
ETA político-militar anunció en septiembre de 1982 en Biarritz su disolución como organización armada, decidida en su séptima asamblea. / Efe

La existencia de un sector social radicalizado en extremo por la propia ETA proporcionó a este grupo tal cantidad de militantes a partir de la Transición que durante algunos años se permitió el lujo de establecer filtros de entrada. Muchos militantes, muchos recursos económicos y materiales y una retaguardia segura en territorio francés permitieron a ETA multiplicar sus atentados y sus víctimas, dando lugar a los 'años de plomo': un asesinato cada tres días y un comando 'legal' nuevo en disposición de atentar cada once.

Un factor importante en la continuidad del terrorismo fue la adopción de una estructura que se reveló idónea para el ejercicio de la violencia, una estructura vertical con una cúpula todopoderosa elegida por cooptación y unas células incomunicadas unas de otras por razones de seguridad, y nada entre la dirección y las bases. La última asamblea de ETAm se celebró en 1975, y del Biltzar Ttipia, equivalente a un comité central, no se sabe nada desde 1981. La desaparición de las asambleas hizo desaparecer las posibilidades de debate interno. Hasta 2002 no volvió a celebrarse una supuesta asamblea, pero sin reunión de los militantes, solamente fue un debate por escrito y correo postal. Urrusolo Sistiaga, enfrentado a 'Pakito' y al resto de la cúpula etarra en 1991, preguntaba a sus jefes cómo podía hacer llegar al resto de los militantes sus posiciones críticas: «Queremos saber si tenemos algún cauce para que una propuesta (…) que no es aceptada por el conjunto de la dirección pueda llevarse adelante si la mayoría de la militancia está de acuerdo». Pues no, no había ningún cauce.

4. Maneras de morir

Todos los esfuerzos por conseguir la renuncia de ETA al terrorismo realizados en la Transición y en la democracia fracasaron por la postura de la banda. En 1976, en los primeros contactos de un enviado del Gobierno con las diferentes ramas de ETA, quedó de manifiesto una forma de comportarse de la rama 'militar' que no cambiaría con el tiempo. 'Peixoto', enviado de los 'milis' a la reunión con el entonces comandante Ángel Ugarte, dijo que no tenían nada que hablar con los militares españoles y que «si querían negociar algo, que diesen la amnistía total y las libertades democráticas y que después pidiesen otra entrevista».

Más tarde reclamaron una negociación pública, aunque a la vez advertían que «tampoco estamos dispuestos a negociar en el sentido estricto de la palabra», puesto que sus exigencias no eran negociables: sólo estaban dispuestos a hablar de cómo aplicarlas. Los 'polimilis', aunque con cierto retraso, tomaron el tren de la Transición para abandonar las armas a cambio de indultos y generosidad penitenciaria, pero los 'milis' lo vieron pasar con desprecio desde la estación.

5. Conversaciones de Argel

La capital argelina acogió a finales de los 80 unas negociaciones entre ETA y el Gobierno de Felipe González cuya ruptura no entendieron ni algunos de los representantes de la banda.
La capital argelina acogió a finales de los 80 unas negociaciones entre ETA y el Gobierno de Felipe González cuya ruptura no entendieron ni algunos de los representantes de la banda. / RC

Luego vendrían más fracasos similares: Argel en 1989, Suiza en 1999 y Noruega-Suiza en 2006 y 2007. Cada vez que el Gobierno intentaba abreviar la existencia del terrorismo dialogando con ETA, la banda interpretaba que aquello era una muestra de debilidad de su interlocutor y se presentaba con actitudes extremas, con soberbia unas veces y con miedo escénico otras, pero siempre acababa dando una patada en la mesa frustrando cualquier esperanza. El portazo a las conversaciones de Argel, por ejemplo, no fue entendido ni por los representantes de la propia ETA: «Un hecho que no llegué a comprender totalmente fue la ruptura de las conversaciones, sus verdaderas motivaciones. (…) Me dio que la dirección no tuvo muchos escrúpulos a la hora de lanzar el ultimátum», escribió Ignacio Arakama, uno de los delegados etarras en aquel proceso de diálogo.

ETA comenzó una tarde de la Navidad de 1958 en un bar del barrio donostiarra de Gros

Los miembros de ETA creyeron durante mucho tiempo que esta organización no podía ser derrotada policialmente. Hicieron de esa creencia un mito que se rompió el 29 de marzo de 1992, cuando la policía francesa, informada por la Guardia Civil, capturó de un golpe a toda la cúpula de la banda. Hasta las FARC, sorprendidas, pidieron explicaciones a ETA acerca de cómo había sido posible semejante golpe policial, que resultaba impensable para la narcoguerrilla colombiana. El mito de la imposible «derrota militar», como decían los etarras, se vino abajo y dejó a los terroristas sumidos en el desánimo absoluto y a ETA en una difícil situación operativa.

6. La caída de un mito

La detención de toda la cúpula etarra el 29 de marzo de 1992 en un caserío de la localidad vascofrancesa de Bidart acabó con la presunción de invencibilidad de la banda.
La detención de toda la cúpula etarra el 29 de marzo de 1992 en un caserío de la localidad vascofrancesa de Bidart acabó con la presunción de invencibilidad de la banda. / RC

Los esfuerzos de Mikel 'Antza' e 'Iñaki de Rentería', que recorrieron Francia contactando con los militantes dispersos y reorganizándolos, hicieron posible una recuperación de ETA, pero nunca al nivel que había tenido antes de 1992. La banda asumió entonces que el tiempo jugaba en contra y que no podía mantener una larga guerra de desgaste. Decidió abreviar con la «socialización del sufrimiento»: tensionaron la sociedad vasca con la violencia callejera y con ataques en una estrategia de 'ulsterización' sin precedentes, persiguieron a los cuadros y militantes de los partidos constitucionalistas, a intelectuales críticos con el nacionalismo, a periodistas y a líderes sociales.

La nueva estrategia etarra quedó reflejada de forma descarnada, sin florituras políticas ni dialécticas, en un boletín interno de 1993: «El día que un tío del PSOE o PP, PNV, va al funeral de un 'txakurra' o cien y se le llena la boca de palabras de condena y lágrimas de cocodrilo, no ve en peligro su situación personal y asume ese tipo de 'ekintzas', pues están hechos una piña en contra de nuestros derechos como Pueblo. Pero el día que vaya al funeral de un compañero de partido, cuando vuelva a casa quizás piense que es hora de encontrar soluciones o quizás le toque estar en el lugar que estaba el otro (o sea en caja de pino y con los pies por delante)».

Los etarras creyeron mucho tiempo que no podían ser derrotados policialmente

7. Decadencia

Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', arrestado en noviembre de 2008, fue uno de los últimos jefes militares de ETA antes de que ésta decidiera poner fin a la lucha armada.
Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', arrestado en noviembre de 2008, fue uno de los últimos jefes militares de ETA antes de que ésta decidiera poner fin a la lucha armada. / Efe

Los etarras se habían dado cuenta de que para la sociedad vasca lo suyo era una guerra de terroristas y policías en la que la mayoría de los ciudadanos no se involucraban y decidieron dar la vuelta a esa situación demostrando que nadie podía considerarse al margen de su conflicto, y mucho menos los militantes populares y socialistas. El éxito de esa fase de «socialización del sufrimiento» se plasmó en una radicalización del conjunto del nacionalismo reflejada en el Pacto de Estella, en los acuerdos secretos de ETA con el PNV y EA que dieron lugar a la tregua de septiembre de 1998 y del año siguiente.

Rota la tregua por desavenencias en la familia nacionalista, la banda desarrolló una potente ofensiva durante 2000 y 2001, periodo en el que mató a 38 personas, pero aquello fue el canto del cisne de ETA porque para finales de este último año había sido frenada su campaña. Entre finales de 2001 y 2003 ETA había quedado prácticamente neutralizada y no fueron pocos los etarras que se dieron cuenta, aunque tardaran una década en asumirlo: «Vaya ostias que nos están dando», escribió 'Txeroki' en referencia a esta época. El dirigente etarra explicaría con claridad la crisis que afectó a ETA a partir de ese momento: «A partir de 2002 se debilitó progresivamente la estructura en la clandestinidad (…). En los años 2002 y 2003 cayeron militantes con mucha experiencia militar (…). El declive que vino a partir de 2001 era lógico».

8. Negociación fallida

El exdirigente Xabier López Peña, 'Thierry', detenido en 2008 y fallecido cinco años después, fue uno de los interlocutores de la banda con el Gobierno de Zapatero.
El exdirigente Xabier López Peña, 'Thierry', detenido en 2008 y fallecido cinco años después, fue uno de los interlocutores de la banda con el Gobierno de Zapatero. / Afp

La estrategia policial consistió en neutralizar a la dirección de ETA y a sus estructuras logísticas ubicadas en territorio galo, con la ayuda inestimable de las autoridades francesas, y en frenar a las células terroristas que operaban en España. Esa doble línea de acción resultó exitosa y fue degradando poco a poco la capacidad de la banda para actuar. La ilegalización de HB decidida en 2003, además, hizo posible que a partir de 2009 se abriera un conflicto de intereses políticos entre ETA y su brazo político y que la banda perdiera la preeminencia que siempre había tenido.

ETA entró en una situación de debilidad estructural que ya no pudo ser revertida y que se plasmó en una sucesión de crisis internas: en 2003 media docena de cuadros del aparato militar, con 'Txeroki' y 'Ata' a la cabeza, se enfrentaron a la cúpula etarra por la incapacidad de la banda para cometer atentados; en 2004, 'Pakito' y otro grupo de presos fueron sancionados por asegurar que no se podía practicar la «lucha armada» a base de comunicados y que «nunca en la historia de la organización nos hemos encontrado tan mal»; entre 2007 y 2008, ETA estuvo al borde de la ruptura por el enfrentamiento entre los aparatos logístico y militar, controlados por 'Txeroki' y 'Ata', con el político, controlado por 'Thierry'.

No pocos terroristas admitían ya en 2008 su debilidad, pero optaron por seguir atentando

9. El principio del fin

El 20 de octubre de 2011, ETA anunciaba el «cese definitivo de su actividad armada», el primer paso formal del proceso de disolución que ahora concluye.
El 20 de octubre de 2011, ETA anunciaba el «cese definitivo de su actividad armada», el primer paso formal del proceso de disolución que ahora concluye. / RC

Fruto también de la crisis fue la celebración de asambleas virtuales, de debates por correo, después de casi treinta años. En 2002 se celebró una de esas asambleas sin presencia física en la que se acordó una reestructuración de ETA, se definieron los nuevos objetivos que querían atacar y se ratificó la continuidad del terrorismo. Los etarras volvieron a mostrarse satisfechos de sus logros, a pesar de que en esas fechas se encontraban ya en una situación de debilidad manifiesta.

Más débil estaba en 2008 cuando realizó otra asamblea virtual, pero entonces no eran pocos los miembros de la banda que reconocían abiertamente la impotencia de ETA y su incapacidad para desarrollar una actividad violenta mínimamente eficaz: «La cantidad y calidad de nuestras 'ekintzas' (atentados) es penosa desde hace unos años y por otra parte la represión de los Estados nos vence», escribía un miembro de la banda. «La posición del enemigo es cada vez más fuerte», apuntaba otro. Un tercero sostenía que «tenemos claro que hoy en día ETA no es un problema para el enemigo», mientras que otro etarra constataba que «no es posible de modo alguno que haya Organización con las detenciones de los 'pikolos' (Guardia Civil) que soportamos. Ni Organización ni mucho menos proceso».

A pesar del realismo de estos análisis, el 80,5% de los miembros de ETA decidió continuar con el terrorismo, pero faltaba solo un año para que la banda cometiera sus últimos atentados en España, en el verano de 2009, antes de declarar un «parón técnico» secreto, en febrero de 2010, por su incapacidad para mantener la actividad violenta.

Ese «parón técnico» sería irreversible. Tres años antes, en las negociaciones con el Gobierno de Zapatero, habían dejado pasar la última oportunidad de acabar con el terrorismo voluntariamente. Al final se vieron obligados a escenificar una renuncia forzada, en octubre de 2011, aunque buscaran la cobertura de una reunión de personalidades internacionales en San Sebastián para disimular el fracaso histórico de una organización que había comenzado ofreciendo paz por autodeterminación y no había conseguido ni siquiera lo que lograron los 'polimilis' en 1981, paz por presos. Han tenido que renunciar al terrorismo primero, entregar sus últimas armas más tarde y ahora disolverse sin que nadie se sentara a negociar con ellos esos pasos definitivos.

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