Esteladas en un Madrid de puente

Manifestantes independentistas y españolistas ayer frente al Tribunal Supremo. :: alberto ferreras
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Manifestantes independentistas y españolistas ayer frente al Tribunal Supremo. :: alberto ferreras

Los independentistas catalanes vuelven a movilizarse para arropar a Forcadell y a los miembros de la Mesa del Parlament

MELCHOR SÁIZ-PARDO MADRID.

Nueva cita judicial del independentismo catalán en Madrid y nuevo desembarco de una numerosa y ruidosa comitiva para arropar a los imputados. Da igual cuántas veces sean citados. Indiferente que sea ante la Audiencia Nacional o el Supremo. No importa si es por la consulta del 9-N o por el referéndum del 1-O. El secesionismo catalán siempre se hace oír en estas ocasiones en la capital de España. Y ayer su presencia pareció todavía más evidente en unas calles de una ciudad de puente por la fiesta de La Almudena, que el Supremo se empeñó en no respetar para enfado de sus funcionarios. Y la jornada fue larga, muy larga. No fue hasta pasadas las 22:30 horas cuando los cinco miembros de la Mesa del Parlament pudieron abandonar el Supremo. Forcadell se quedó dentro. Guinó, Simó, Corominas, Barrufet y Nuet saludaron a la veintena de independentistas que aún aguardaban. Saludos mínimos. Y al coche. A casa.

Tal parece que los independentistas no ganan para viajes. Solo un día después de que cerca de 200 alcaldes secesionistas viajaran a Bruselas para arropar a Puigdemont, un centenar abundante de cargos electos se desplazó a Madrid para dar aliento a Carme Forcadell y al resto de los miembros de la Mesa del Parlament imputados por rebelión, sedición y malversación. La hinchada catalanista no falló a pesar de que hace solo una semana ya había estado en Madrid durante unas horas para asistir a la declaración, entonces aplazada, de la presidenta de la cámara autonómica y los suyos.

Desde bastante antes de que diera inicio el interrogatorio de Forcadell las aceras aledañas al Supremo estaban llenas 'trolleys' recién desembarcados del primer AVE del día llegado a la estación de Atocha. Turnos para vigilar las maletas y para entrar en calor con un café en los escasísimos bares abiertos. Luego, una vez más, a desplegar las esteladas a escasos 300 metros de la bandera gigante de la Plaza de Colón. La comitiva de apoyo, en la que también se vieron banderas republicanas, incluyó muchos rostros conocidos del independentismo: la número dos del PDeCAT, Marta Pascal; los diputados nacionales Jordi Xuclá y Carles Campuzano; o la diputada autonómica de CUP Mireia Boya, entre otros.

Una decena de manifestantes con banderas españolas increparon a los imputadosDante Fachín apenas habló con sus excompañeros y se volcó con los que parece serán sus correligionarios

Separatistas catalanes, pero no solo. Hubo representación de Podemos o de exPodemos. El dimitido secretario general de Podem Albano Dante Fachín se centró más en tratar de cortejar a los que parece que serán sus nuevos correligionarios secesionistas que en hablar con los que ya son sus excompañeros. El portavoz de En Comù Podem y recién elegido candidato a la presidencia de la Generalitat en las elecciones del 21-S, Xavier Doménech, fue el foco de todas las miradas y a punto estuvo de terminar firmar autógrafos en el cercano restaurante 'Vips' al que fue a desayunar. La izquierda 'abertzale' mostró su solidaridad con la causa catalana con la presencia del senador de Bildu Jon Iñarritu. La fría mañana madrileña se calentó con la llegada tres minutos después de las nueve de la comitiva de los imputados. La aparición de Forcadell, con cara mucho más tensa que hace una semana, desató los aplausos de uno y el enfado de los otros.

Esos otros fue un grupo de una decena de manifestantes, entre los que se vio algún conocido militante de la ultraderecha madrileña, que logró sorprender al vasto dispositivo de seguridad y colarse frente a las puertas del tribunal en el momento justo que llegaba la presidenta. Los gritos de «¡traidora!» atronaron mientras sacaban banderas nacionales con la leyenda 'viva la unidad de España'. Forcadell, desubicada por unos instantes por los gritos de «¡no nos engañan, Cataluña es España!» y «¡Puigdemont, a prisión!», buscó con la mirada a los suyos que respondieron con gritos de «¡presos políticos, libertad¡» y «¡no estáis solos!». Ella respondió con un saludo. Ni una sonrisa. Ni un signo de triunfalismo. Ni rastro de los besos que mandaba hace una semana a su hinchada antes de saber que buena parte del Govern iba a acabar en la cárcel.

La tensión entre unos y otros en la calle no fue a más porque la Policía obligó a los manifestantes españolistas a retirarse a un rincón a decenas de metros del Supremo para evitar incidentes. Los de las banderas nacionales se hartaron pronto y se marcharon tras un rato. Y, de nuevo, las calles de los alrededores del Supremo fueron de los 'indepes', quienes siguieron ondenado sus banderas con la estrella hasta bien entrada la noche en el centro de Madrid. No dejaron de ondearlas ni cuando recibieron como un jarro de agua fría la noticia de que Forcadell negaba la DUI diciendo que fue solo «simbólica».

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