«Estas elecciones son un duelo entre nosotros y Arrimadas»

José María Vall atiende al teléfono, mientras Thais Domenech y Elvira Duran repasan varios documentos de trabajo. :: vicens giménez
/
José María Vall atiende al teléfono, mientras Thais Domenech y Elvira Duran repasan varios documentos de trabajo. :: vicens giménez

Los militantes de ERC echan mano de la épica para vaticinar su triunfo y recalcar que el movimiento independentista no dará un paso atrás

DAVID GUADILLA BARCELONA.

Una de las principales sedes de Esquerra está a escasos 300 metros de la Sagrada Familia. Entre el local y el templo diseñado por Gaudí está el colegio Ramón Llull. Fue uno de los centros en los que la Policía Nacional intervino el 1 de octubre para intentar impedir el referéndum. Dos meses y medio después, la actividad escolar ha recuperado la normalidad y los niños juegan en el patio como si tal cosa. Pero el recuerdo queda. A la entrada, pintado sobre el asfalto, con letras en color blanco y a buen tamaño se puede leer: 'Som un poble digne'.

Las imágenes de los agentes sacando las urnas, los porrazos, la tensión... han quedado grabadas en el imaginario del movimiento soberanista. La base de un relato épico en el que Cataluña aparece como un país «invadido y colonizado», en el que se habla de «una resistencia heroica» en la que la gente estaba «dispuesta a darlo todo» y donde se llega a una conclusión: «No hay nada que negociar con el Estado».

Esquerra aparece en muchas encuestas como el partido que tiene más opciones de ganar las elecciones del próximo jueves. Su presidente, Oriol Junqueras, permanece en prisión provisional en la cárcel de Estremera y quien se ha puesto al mando temporal de la tropa republicana es Marta Rovira. Sus rostros flanquean la entrada a una sede donde reina un optimismo contenido. Los propios militantes realizan su sondeo demoscópico. Una porra interna que cuelga de una de las paredes y en la que la formación republicana se mueve entre los 33 y 42 escaños. Detrás, Ciudadanos. El gran rival.

LAS CLAVES «Pecamos de ingenuidad. Creímos que Europa iba a reconocer nuestra independencia» «Será un proceso largo pero lo que ahora tenemos claro es que no tendremos ayudas»

«No nos equivoquemos. Esto es un duelo entre nosotros y ellos. Entre Marta Rovira e Inés Arrimadas», recalca Thais Domenech. Una posible victoria de la líder naranja se ve en la sede de Esquerra como una especie de apocalipsis para el autogobierno. «Me da pánico. Es una amenaza directa a lo que soy yo y a lo que represento, un producto de la escuela pública catalana y de la inmersión lingüística», afirma orgulloso Marc Arcas, un joven simpatizante que acaba de llegar de Estados Unidos, donde reside, para colaborar.

La imagen de Arrimadas en el Palau de la Generalitat parece estar hipermotivando a los miembros de ERC. «Es la campaña de nuestra vida», asegura Domenech. No se separa del teléfono. Tira del listado de militantes para organizar uno de los principales actos previos al 21-D. A su lado José María Vall, historiador convencido de que el «mundo independentista ha tomado conciencia de lo que está en juego». «No hay otra salida que la victoria», responde contundente Elvira Durán. Su caso es un ejemplo de cómo ha evolucionado el mapa catalán en los últimos tiempos. De militar en el PSC y apostar por una España federal a expresar un discurso secesionista claro en el que tras el 21-D ve más independentistas entrando en prisión «porque no cederemos». «Hay gente que podría pensar que los políticos nos traicionarán y harán un apaño. Pero eso aquí es imposible porque hay un compromiso moral», asegura.

Aunque su gran rival mediático es Ciudadanos, en Esquerra miran de reojo a Junts pel Catalunya, la marca impulsada por Carles Puigdemont. Se evitan las críticas, pero todos son conscientes de que Esquerra se encuentra por primera vez desde la reinstauración de la democracia ante la posibilidad de liderar el independentismo. «Lo importante es que entre los dos sumemos mayoría. La lista de Puigdemont está muy bien, es una candidatura para el día 21, pero la nuestra es para después, para gobernar. Y Puigdemont sabe que no lo podrá hacer. Ellos apuestan por el simbolismo y nosotros por el realismo», afirman en la sede de ERC, donde también intentan ser diplomáticos con el hecho de que Junqueras esté en prisión y Puigdemont huido en Bélgica. «Pues yo no estoy de acuerdo con que esté en Bruselas. Tenía que haber sido una decisión conjunta. O se van todos fuera o se quedan y afrontan las consecuencias. Puede que haya estado bien para internacionalizar el conflicto, pero desorienta a la gente», concede Elvira Duran.

Con una sociedad «dividida políticamente, que no fracturada», matiza Vall, el escenario se antoja complicado. Lo sucedido durante las últimas semanas ha hecho que en Esquerra se den un baño de realidad. «Hubo una cierta ingenuidad por nuestra parte. Pensamos que nos iban a reconocer en Europa y no nos dimos cuenta de que la política internacional es un club de Estados», admite Duran. «Esto será un proceso largo pero en el que ahora tenemos claro que no tendremos ayudas», vaticina Domenech. «Ha faltado realismo», recalca Vall. Ahora todos miran al 21-D. Confían en una victoria del independentismo. Y a partir de ahí será la hora de tomar decisiones. Se habla de «acompasar» los ritmos, de «ampliar la base social» del soberanismo porque es «el proyecto del futuro» y porque ir «contra el 50% de la población es complicado»... Pero Thais Domenech va más allá. «Las últimas semanas han sido una mezcla de sentimientos, una montaña rusa muy bestia emocionalmente. Y ahora no hay ilusión, hay desesperación». Y Esquerra confía en llenar las urnas con ella.

LOS DATOS

8.000 catalanes están afiliados a Esquerra Republicana.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos