Los efectos colaterales del 'procés'

El portavoz parlamentario del PNV, Aitor Esteban, conversa con la vicepresidenta durante una sesión en el Congreso.  :: Jaime García/
El portavoz parlamentario del PNV, Aitor Esteban, conversa con la vicepresidenta durante una sesión en el Congreso. :: Jaime García

La cuestión catalana ha redibujado las relaciones internas y externas de las fuerzas políticas

A. AZPIROZ / N. VEGA

madrid. El proceso independentista en Cataluña ha sido también un tsunami en la política española que ha redibujado las relaciones entre partidos, pero también ha producido movimientos tectónicos dentro de ellos. En algunos casos, las formaciones han llegado a sufrir fracturas internas a causa de la hoja de ruta secesionista y la respuesta del Gobierno de Mariano Rajoy. Estos son algunos efectos colaterales que ha traído la crisis catalana fuera de Cataluña.

El PNV se aleja del Gobierno. Antes del verano Mariano Rajoy había encontrado en el PNV un aliado coyuntural para dotar de estabilidad a la legislatura. La exigua mayoría del PP y el pragmatismo de los nacionalistas hicieron posible el entendimiento para aprobar los Presupuestos de 2017. El Gobierno confiaba en reeditar el pacto y salvar las cuentas del próximo año. Las actuaciones para frenar el referéndum del 1 de octubre y la aplicación del artículo 155 de la Constitución han abierto, sin embargo, una brecha entre el Ejecutivo y la formación nacionalista vasca.

Fuentes del PNV advirtieron esta semana de que «no se dan las condiciones» para sentarse a dialogar y de que «el panorama de negociación presupuestaria ha empeorado muchísimo». La crisis catalana ha despertado las pulsiones soberanistas del partido hibernadas tras el fracaso del plan Ibarretxe y el pragmatismo de Iñigo Urkullu. El Gobierno entiende que los nacionalistas vascos necesitan ahora «tiempo» para descomprimirse, pero no cree para nada descartable que el acuerdo sea posible tras las elecciones del 21 de diciembre en Cataluña. Especialmente después de que Rajoy haya fijado como objetivo sacar adelante los Presupuestos. El PNV, sin embargo, recela y no descarta que los comicios catalanes tengan una secuela electoral en España que haga estéril cualquier negociación presupuestaria.

La legislatura se estanca. El segundo mandato de Rajoy avanzaba tímido y con una limitada actividad legislativa. Hasta el pasado verano el proyecto de ley más potente que había enviado el Gobierno al Congreso eran los Presupuestos del Estado de 2017. La fragmentación política y la crisis del PSOE ralentizaron el día a día del Parlamento. Y el desafío secesionista ha terminado de frenarlo. Desde septiembre, la prioridad ha sido gestionar la amenaza de ruptura, y la crisis de Estado ha convertido en irrelevante todo lo demás, incluidas las cuentas del próximo año.

La convocatoria de elecciones para el 21 de diciembre en Cataluña prolongará el bloqueo, con los partidos centrados en sus propios intereses electorales y con la necesidad de no realizar concesiones al adversario. Fuentes gubernamentales advierten, aun así, de que no renuncian a la legislatura. Mientras se multiplican los análisis sobre si Rajoy estará obligado a convocar elecciones generales en 2018, el presidente del Gobierno mantiene su intención de seguir adelante.

Enfriamiento PSOE-Podemos. Con el regreso de Pedro Sánchez a la Secretaría General, PSOE y Podemos hicieron como que hacían borrón y cuenta nueva. Pero se quedó en buenas palabras. Se pactaron reuniones periódicas entre los dos líderes y equipos de trabajo conjunto. Todo con el fin de poner las bases de una alternativa de izquierda. Pero con Cataluña se ha ido todo al traste. Los socialistas no comulgan con el derecho a decidir y se han alineado con el Gobierno en defensa de la Constitución, mientras que Podemos ha nadado entre dos aguas y ha clamado contra el 155. La luna de miel se ha acabado. Iglesias y los suyos han resituado al PSOE entre la casta y los socialistas han visto confirmada su tesis de que con Podemos no hay puntos de contacto en los asuntos de Estado. «Hay una enorme decepción respecto a lo que parece a todas luces un envejecimiento prematuro del nuevo PSOE, que está apoyando al PP», ha señalado Iglesias. Podemos se ha prestado a ser «la coartada» del independentismo, ha dicho a su vez Pedro Sánchez.

Fractura en Podemos. La formación de Pablo Iglesias ha optado por la vía intermedia. Sí al derecho a decidir, no a la secesión, al menos si no es con un referéndum pactado. Esto ha llevado a Podemos a deslegitimar tanto la declaración unilateral de independencia como a condenar la aplicación del artículo 155 de la Constitución. La equidistancia en su máxima expresión. Pero en Podemos conviven muchas almas. La dirección catalana de Podem ha desafiado al secretario general al ir por libre y en contra de sus directrices. Se ha negado a integrarse en los comunes de Ada Colau, ha apoyado la participación en el referéndum del 1-O y, para rematar la faena, ha propuesto un frente común junto a Esquerra y la CUP. La dirección nacional ya maniobra para descabalgar de la secretaría general autonómica a Albano Dante Fachín y la escisión es inevitable. Para desazón de Iglesias, los anticapitalistas, la tercera corriente interna de la formación, también han entrado en escena para reconocer la nueva república catalana. Completa el cuadro el malestar de algunos dirigentes -la cofundadora Carolina Bescansa es la única que lo ha dicho en voz alta- con la línea del partido en la crisis catalana.

Soledad en la comisión territorial. La gran apuesta de los socialistas para abordar la crisis territorial es una comisión en el Congreso para encarar una reforma de la Constitución. Pero se han quedado prácticamente solos con el PP, y este a regañadientes. Ciudadanos participa sin ninguna fe en el proyecto porque considera que la comisión es «un caballo de Troya de los independentistas» que solo servirá para hacer más concesiones a Cataluña y País Vasco. Podemos ni acudirá. Los de Pablo Iglesias se escudan en la aplicación del artículo 155, aunque hay quien ve detrás de la decisión el interés por evitar que el PSOE marque la iniciativa política para lo que resta de legislatura. Se dan por descontadas las ausencias de Esquerra y el PDeCAT. Los republicanos dan por superada ya la fase de reformas constitucionales y los exconvergentes no se sentarán en la comisión mientras estén embarcados en el proyecto secesionista. El PNV considera que, dada la actual situación en Cataluña, no se dan las circunstancias para iniciar los trabajos sobre el modelo territorial. Pese a las ausencias, la intención de sus promotores es que se constituya en las próximas dos semanas aunque cojee por todos lados y nazca agonizante.

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