La voz discrepante que pedía la absolución

Ricardo González Juez de la Audiencia de Navarra

IBAN GARBAYO MADRID.

Durante el proceso judicial del caso de 'la Manada', una voz discrepante amenazaba con romper la unanimidad del tribunal. Un hecho que se confirmó tras el fallo de la Sección Segunda de la Audiencia de Navarra y que colocó al magistrado Ricardo González en el ojo del huracán. González decidió discrepar de sus dos compañeros -José Francisco Cobo y Raquel Fernandino- y se decantó, en su voto particular, por pedir la absolución de los cinco acusados de los delitos de agresión sexual, contra la intimidad y robo con intimidación.

Durante los casi dos años que ha durado el proceso judicial, González ya mostró indicios de no estar en la misma sintonía que los otros dos miembros del tribunal. Un ejemplo claro fue cuando el pasado 1 de diciembre -con el juicio visto para sentencia- tuvieron que pronunciarse acerca de conceder la libertad provisional de los acusados a petición de la defensa. Hasta en tres ocasiones -mediante voto particular- trató de forzar las excarcelaciones, pero Cobo y Fernandino usaron su mayoría para mantener a los cinco de 'la Manada' en prisión.

Otro indicio que anticipó la que iba a ser su postura se produjo durante las preguntas que realizó a la víctima el día en el que la joven declaró en la sala de vistas de la Audiencia de Navarra. Su insistencia en preguntar sobre temas espinosos, como por ejemplo, cómo podrían saber los acusados que la víctima no quería mantener relaciones sexuales, dejó patente sus dudas acerca de la culpabilidad de 'la Manada'. Fue la única vez que González tomó la palabra y dejó clara la importancia de la respuesta: «Quiero simplemente puntualizar, desde mi punto de vista, extremos que pudieran ser relevantes en su caso». «Está claro que dolor, usted, no sintió», llegó a decirle a la joven, después de que ésta relatase que entró en 'shock' emocional cuando se percató de lo que estaba ocurriendo. Tras el fallo dado a conocer ayer queda claro que, a su juicio, lo que sucedió dentro de aquel portal de la calle Paulino Caballero de Pamplona no fue ni una violación ni un abuso. Él solo vio simple sexo en grupo.

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