Dirigentes del PP temen que Rajoy minusvalore el auge de Ciudadanos

El presidente reivindica ante el partido su gestión económica como principal fortaleza para frenar el avance de Rivera

NURIA VEGA MADRID.

No cabe la decepción cuando no hay expectativa, pero sí el desánimo. Muchos de los cargos populares que ayer acudieron a la Junta Directiva Nacional del PP en la calle Génova no esperaban del encuentro la respuesta definitiva a los males del partido, pero sí un análisis audaz de la situación. Y el discurso de Mariano Rajoy terminó de avivar el temor a que no se haya percibido el peligro del auge de Albert Rivera. «Creo que en el entorno del presidente no se terminan de creer que Ciudadanos es cada vez una alternativa más madura y creíble», advirtió un representante de la formación al término del cónclave.

Barones, ministros y parlamentarios del PP asistieron, de hecho, a un ejercicio de confianza plena de Rajoy en su propia estrategia política. La misma con la que se presentó a las elecciones de 2011, cuando el electorado le otorgó mayoría absoluta para revertir la crisis, y con la que se mantuvo en el poder en 2016. El jefe del Ejecutivo, en definitiva, volvió a fiar a la recuperación económica el éxito de los populares, aun teniendo que hacer frente ahora a un adversario instalado en su casa.

«La economía -defendió el presidente- sigue siendo la principal preocupación de los españoles». Y en los dos años que restan de legislatura, al menos en teoría, el Gobierno confía en tener margen de maniobra para que se vean los resultados de su gestión y se valoren en las urnas. El Ejecutivo, tal y como se ha comprometido con los agentes sociales, subirá el salario mínimo un 4% en 2018; un 5%, en 2019; y en 2020, año electoral, espera que el incremento sea del 10%. Además, Rajoy garantizó ayer una mejora salarial para los funcionarios superior al 1% del año pasado y ensalzó las perspectivas de creación de empleo.

Fuentes del PP, que suscriben que ha sido este Gobierno el responsable de superar la crisis, ponen en duda, sin embargo, que este discurso vaya a seguir funcionando en tiempos de mejora económica. Que no haya riesgo de quiebra, argumentan, puede facilitar que el electorado no vea tan urgente el voto a los populares y pruebe con Ciudadanos.

Cargos territoriales de la formación alertan, además, sobre las consecuencias de no ser conscientes de que, desde 2015, «las circunstancias han cambiado y mucho». A día de hoy, Podemos está en horas bajas, lo que significa que los votantes conservadores ya no lo perciben como «una amenaza real». «El miedo a la fortaleza de Pablo Iglesias en los pasados comicios -explica un dirigente popular- funcionó como un elemento movilizador de nuestros electores». Y en el nuevo contexto, aventuran, puede ser Ciudadanos quien represente la opción más «atractiva» en el centroderecha.

Más tensión política

La mayor parte de los consultados no contempla, a día de hoy, que Rivera pueda situarse, como auguran las encuestas, en primera posición en porcentaje de voto. Ni tan siquiera que los resultados en Cataluña se puedan extrapolar. En esto de los sondeos están de acuerdo con su jefe de filas. «Son la fotografía de lo que piensa la gente en un momento concreto, pueden estar condicionados por muchas circunstancias y no ser necesariamente el resultado del día de las elecciones, que por otro lado no se sabe cuándo se van a celebrar», dejó ayer en el aire Rajoy, pese a que en diciembre mostró su intención de convocarlas en junio de 2020.

Pero en el PP sí detectan que los liberales les comen terreno. «Estamos pasando por un momento complejo», reconoció a su llegada a Génova el exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

En todo caso, ninguna de estas inquietudes se planteó en la reunión de ayer, a la que no asistió la secretaria general, María Dolores de Cospedal, de viaje oficial en Japón, y a la que tampoco acudieron dirigentes como Alberto Núñez Feijóo o Alfonso Alonso. Nadie tomó la palabra. «¿Para qué?», se preguntaron los asistentes a la salida. Tienen la sensación de que el partido «es Rajoy» y, en general, se han acostumbrado a que el líder del PP supere «todos los obstáculos».

Sí echan en falta más «tensión política». El jefe del Ejecutivo se limitó a convocar en marzo la convención nacional que exigen los estatutos y que se celebrará en Andalucía, donde se prevé un adelanto electoral. También anunció diez encuentros sectoriales para el «rearme ideológico» a un año de los comicios autonómicos y municipales y una campaña de afiliación. Además, llamó a los suyos a trabajar «intensamente» y les avisó sobre la «competencia» con la que se van a topar en campaña. «No pasa nada», tranquilizó dispuesto a «dar la batalla».

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