ERC NO DESPLAZA A PUIGDEMONT

Junqueras logra el mejor resultado para los republicanos pero no logra el 'sorpasso'

ANTONIO PAPELL

Esquerra Republicana, con su líder Oriol Junqueras en la prisión de Estremera y el liderazgo real en manos de la número dos del partido, la radical Marta Rovira, no consiguió ayer confirmar la preponderancia que le daban las encuestas sobre la lista de Puigdemont, que finalmente se ha colocado por muy poco al frente del independentismo. Probablemente los partidarios de la secesión han aceptado la peregrina tesis de que, considerándose todavía Puigdemont presidente de la Generalitat, su opción había de ser votada por todos los independentistas para que quedara claro que el artículo 155 no ha interferido en las decisiones «soberanas» de los catalanes.

Esquerra Republicana, convencida de que había llegado para el partido el momento del 'sorpasso' en el nacionalismo, se ha negado esta vez a reproducir 'Junts pel Sí', que aparentemente había servido para disimular el derrumbe del pujolismo por la sangrante corrupción que obligó incluso a CDC a cambiar de nombre. Pero aunque es probable que algunos antiguos votantes de ERC que desertaron cuando se formó la alianza con el PDeCAT hayan regresado, Junqueras no ha conseguido contrarrestar la burda propaganda de Puigdemont, figurante de una extraña comedia en Bélgica en la que ha simulado un exilio que es en realidad una grotesca ficción.

En definitiva, ERC, que parecía aproximarse al protagonismo que ya tuvo antaño en su hemisferio ideológico, queda en segundo plano. En cualquier caso, aunque se esté en desacuerdo con Junqueras, hay que reconocer que este personaje coherente con sus ideas ha mantenido el espíritu de ERC, la vetusta formación creada en 1931 que ya declaró por dos veces en el pasado la República Catalana (Maciá en 1931 y Companys en 1934), y que en todo caso ha conseguido el mejor resultado de su historia en democracia. Los republicanos, empequeñecidos hasta rondar la marginalidad durante la larga etapa de Pujol, en los últimos tiempos desempeñaron un papel irregular: obtuvieron 12 escaños en 1999, dieron el salto a 23 en 2003 (que les sirvieron para formar el tripartito), 21 en 2006 (que permitieron mantener el tripartito), 10 en 2010 y, ya con Junqueras al frente, 21 en 2012. Conviene recordar, para evitar la desmemoria, que en 2010, Artur Mas, que había conseguido 62 escaños, no sólo no recabó el respaldo de ERC para alcanzar la mayoría sino que decidió gobernar en solitario, con el apoyo externo... del Partido Popular.

El catalanismo político entronizado por Pujol durante su etapa de gobierno de más de 23 años fue en su momento un factor innegable de estabilidad, pero todo indica que ahora, cuando el catalanismo se ha vuelto independentista, la inexorable alianza entre JxCat y ERC, con sus líderes fuera de juego -uno prófugo y otro en prisión-, que por añadidura necesitarán el apoyo de la CUP para completar la mayoría absoluta, sugiere los peores presagios.

De entrada, quienes pensaban que Junqueras, que puede estar al borde de la libertad condicional, podía reemplazar a Puigdemont al frente de un nuevo Gobierno, verán ahora frustrada esta pretensión, ya que el 'exiliado' tendrá más facilidades para mantener su ficticia presidencia y entorpecer el proceso político ordinario. Pero no adelantemos acontecimientos. Quizá algún día, después de todo, el nacionalismo ponga pie a tierra y se reconcilie con la realidad.

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