El dedo de Puigdemont falló al señalar sucesor en el Ayuntamiento de Girona

El anterior delfín del expresidente tuvo que dimitir a los dos meses de asumir la alcaldía tras querer subirse el sueldo

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Quim Torra no es el primer dirigente elegido a dedo por Carles Puigdemont. El expresidente de la Generalitat ya tiene experiencia en lo de designar a su sucesor al cargo, aunque el precedente acabó en un sonado escándalo político.

Ocurrió en 2016. Carles Puigdemont fue en 2015 el ganador de las elecciones municipales en Girona y revalidó como alcalde de la ciudad. Sin embargo, a los meses, Artur Mas le reclutó como presidente de la Generalitat, después del veto de la CUP, por lo que el dirigente nacionalista tuvo que dejar el ayuntamiento.

En 2015 había ganado los comicios locales, obteniendo diez concejales. Ninguno de los que le acompañaban en el equipo de gobierno municipal le satisfacía y pensó en Albert Ballesta, un hombre de su máxima confianza que era el director provincial de la Consejería de Interior. El problema de Ballesta era que concurrió en el puesto 19 en las listas de CiU y no salió elegido concejal. La solución fue expeditiva: los miembros de la candidatura que iban en los puestos del undécimo al decimoctavo tuvieron que renunciar para dejar paso al elegido.

Los problemas no acabaron con el nombramiento de Ballesta. Y es que, a los dos meses de asumir el cargo -en un acto en el que utilizó una fórmula de la Asociación de Municipios por la Independencia que fue declarada nula-, Ballesta tuvo que dimitir. Lo hizo después de perder la confianza de todas las fuerzas políticas municipales, ya que su primera iniciativa como alcalde fue intentar subirse el sueldo. En realidad, era una patata caliente que le había dejado Puigdemont. El expresidente, cuando era alcalde, cobraba su sueldo como diputado de la Cámara catalana y del ayuntamiento recibía 28.000 euros anuales en concepto de dietas y asistencia a plenos. Ese es el sueldo que se encontró Ballesta al tomar el bastón de mando. Le pareció insuficiente y quiso elevarlo a 73.000 euros al año. Acabó presentando la dimisión

Tras tantos errores, Puigdemont volvió a designar a su sustituto. Por segunda vez. En ese caso se dejó de experimentos e hizo caso al sentido común: optó por la que era la número dos, la siguiente a él en la lista de CiU en las municipales, Marta Madrenas, que también es diputada en la Cámara catalana y que, casualidades de la vida, también había sonado estos días en las quinielas como reemplazo de Puigdemont.

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