La declaración está inspirada en un pronunciamiento del IRA de julio de 2002

J. R. SAN SEBASTIÁN.

La declaración «sobre el daño causado» de ETA está inspirada en un pronunciamiento que se asemeja en algunos aspectos al que el IRA irlandés protagonizó el 16 de julio de 2002, en vísperas de que se cumpliera el 30 aniversario del Viernes Sangriento del 21 de julio de 1972. Aquella fue una jornada en la que estallaron en Belfast 27 bombas colocadas por el propio IRA, que ocasionaron nueve muertos y 130 heridos. El Ejército Republicano Irlandés (IRA) consideró «apropiado en el aniversario de este trágico acontecimiento, hacer algo sobre los muertos y los heridos entre los no combatientes que nosotros causamos», precisando que «aunque no era nuestra intención herir o matar a personas no combatientes, la realidad es que en esa y otras ocasiones tales fueron las consecuencias de nuestros actos».

El IRA se había cobrado durante tres décadas la vida de unas 1.800 personas, incluidos 650 civiles no combatientes, según su terminología. Su petición de perdón se dirigió entonces exclusivamente «a los muertos y heridos no combatientes provocados por nosotros», ofreciendo sus «sinceras disculpas y condolencias a sus familias». No obstante, el IRA aseguraba en aquel pronunciamiento que «el futuro no está en negar los fallos y los fracasos colectivos o en cerrar los ojos y los corazones al dolor de los afectados.

Eso incluye a todas las víctimas del conflicto, a los combatientes y a los no combatientes», admitiendo al mismo tiempo que «ello no se logrará creando una jerarquía de víctimas, en la que unos sean considerados más víctimas que otros, ya que el proceso para resolver el conflicto requiere el igual reconocimiento del dolor y la pérdida de los otros. En este aniversario pretendemos satisfacer esa responsabilidad con respecto a aquellos a quienes hemos hecho daño».

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