«¿Y ahora qué decimos en Bruselas?»

Los resultados del 21-D desataron en el PP cierto temor, atenuado con el paso de los días por respaldos como el de Emmanuel Macron

PAULA DE LAS HERAS MADRID. «

Tenemos un problema, esto ahora hay que explicarlo en Bruselas...». La frase es de uno de los dirigentes del PP que la noche del pasado 21 de diciembre siguieron el escrutinio de las elecciones catalanas desde la séptima planta de la sede nacional el partido en la calle Génova de Madrid. La preocupación por cómo se pudiera entender en la Unión Europea que la gran crisis de Estado que azota a España vaya a seguir amenazando su estabilidad, después de la drástica intervención de Cataluña, se apoderó del partido del Gobierno.

El mazazo fue tremendo y, quizá no tanto por el descalabro del PP catalán, que acabó la velada con tres paupérrimos escaños por Barcelona (a los que unos días después sumaría un cuarto por Tarragona gracias al voto exterior). Fue el hecho de que los independentistas revalidaran su mayoría absoluta lo que los dejó noqueados. En los días previos a los comicios, desde el entorno de Mariano Rajoy se argumentaba que, independientemente de los votos que lograra Xavier García Albiol, el éxito del Ejecutivo era ya un hecho porque había «desarbolado» el proceso secesionista.

Es cierto también que el presidente del Gobierno había dado a entender en varias ocasiones en el Congreso que no descartaba una victoria del soberanismo. Siempre aseguró a Esquerra y el PDeCAT que lo importante no era quién ganara sino que después de las elecciones que se había visto «obligado» a convocar se pasara página y se volviera al respeto a la ley y a los derechos de las minorías. Pero cuando llegó el momento, el veredicto de urnas cayó como un jarro de agua fría.

Con el paso de los días, la inquietud por la lectura que puedan hacer las instancias europeas de lo ocurrido, después de haber cerrado filas con el Gobierno español, parece haberse atenuando. «Es un resultado de difícil digestión allí, aquí -decía el pasado 22 de diciembre desde Bruselas un eurodiputado socialista - y fuera». Esa misma jornada, la Comisión se limitó a echar balones fuera y se negó a comentar la «elección regional» catalana con el tradicional argumento de que se trataba de un «asunto interno». El miércoles, sin embargo, el presidente francés Emmanuel Macron, lanzó un cable a Rajoy. «He respaldado y seguiré respaldando la legalidad y la unidad constitucional en España», dijo en una entrevista en 'El Mundo'.

El lastre del 1-O

El portavoz del PP en el Parlamento Europeo, Esteban González Pons, sostiene que esa será la tónica general. «Nadie va a cambiar su posición ni conminará a Rajoy a hacer nada -dice-; la UE entra donde falla el Estado de Derecho, como ha hecho ahora con Polonia [ha activado el proceso legal para retirarle el derecho a voto por una reforma judicial contraria a la separación de poderes] o Hungría... pero si considera la negociación del 'brexit' respecto a Gibraltar es un tema español, cuánto más en este caso».

Pons sí admite que en los últimos meses, hubo un momento crítico para la imagen del Gobierno en Europa, que fue el 1 de octubre, y también reconoce que en la prensa bruselense se han publicado artículos de opinión que cuestionan la decisión de Rajoy de disolver el Parlament para convocar elecciones. En concreto, Reuters la comparó con los referendos de Cameron, Tsipras o Renzi. «Parece haber cometido el mismo error: apostar por que los votantes resolverían sus problemas», apuntó la agencia internacional.

La vicepresidenta del Grupo Socialdemócrata en la Eurocámara, Elena Valenciano, es menos optimista que el portavoz popular. «Será muy difícil aguantar el pulso que hemos sostenido hasta ahora. En la batalla tras el desastre del 1-O y la prisión preventiva (para los líderes de ANC y Omnium Cultural, Jordi Sànchez y Jordi Cruixart) hemos agotado buena parte de nuestro crédito», argumenta. Cree que el populismo antieuropeo de izquierdas y de derechas se organizará contra España y que la presión a favor de un referéndum aumentará mucho. «La UE -vaticina- no aguantará en bloque como hasta ahora».

Su antecesor en el cargo, Enrique Guerrero, comparte que puede existir mucha presión para que Rajoy abra «algún tipo de diálogo». Aún así, defiende que hoy es más fácil argumentar fuera de España que el independentismo catalán no tiene legitimidad para imponer sus criterios. «Ha habido una participación superior a 80% y no son mayoría; no hace falta un referéndum para salir de dudas», expone. Esa es la baza que, a su juicio, debería jugar el Gobierno. Lo que pase en el ámbito interno y cómo se gestione el hecho de que el secesionismo sí tiene mayoría absoluta en escaños gracias a la ley electoral es, apunta, harina de otro costal.

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