La cúpula morada se estrella contra sus argumentos

Ramón Espinar, con sus Coca-Cola en el Senado. :: r. c.
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Ramón Espinar, con sus Coca-Cola en el Senado. :: r. c.

La compra del chalet se suma a los problemas con Hacienda de Monedero o el pago en B a un empleado de Echenique

A. AZPIROZ MADRID.

En el partido se esgrime que todo es fruto de una persecución, que Podemos se ha convertido en el objetivo de los poderosos porque nació para destapar sus fechorías y éstos, para contrarrestarlos, les atacan desde sus imperios mediáticos. Lo cierto es que desde su irrupción en la política en enero de 2014 a los morados les han llovido acusaciones de todo tipo. Algunas como la de su supuesta financiación irregular con fondos de Venezuela e Irán han tenido nulo recorrido en los tribunales, a donde Iglesias y los suyos siempre han animado a acudir a quien tenga la más mínima prueba contra ellos.

En la cúpula de Podemos no ha habido en estos cuatro años indicio alguno de corrupción. No obstante, la gran mayoría de sus dirigentes se han visto en el ojo del huracán en el algún momento. Los últimos han sido Pablo Iglesias e Irene Montero a cuenta de su chalet de 600.000 euros en la sierra madrileña. A parte de la militancia le cuesta comprender semejante adquisición de los dos máximos dirigentes de un partido que nació para denunciar a la casta y sus privilegios frente a los recortes a la clase trabajadora. Pero lo que verdaderamente ha golpeado a Iglesias y Montero ha sido un tuit del secretario general de 2012 en el que criticaba al exministro Luis de Guindos por adquirir un ático de lujo, valorado también en 600.000 euros. Para muchos ésta es una falta de coherencia muy difícil de justificar, y no es la primera vez que se da en Podemos.

Juan Carlos Monedero fue el protagonista de la primera gran polémica al facturar a través de una empresa 425.000 euros que cobró por asesorar a países del entorno bolivariano. El cofundador de Podemos, una de las figuras más vehementes del partido a la hora de atacar a los ricos, asumió su error y regularizó su situación con Hacienda mediante el abono de 200.000 euros.

Los dirigentes de la formación denuncian una persecución de los poderosos.A nivel orgánico se ha caído en las mismas peleas internas del resto de partidos.

Iñigo Errejón se las tuvo con la Universidad de Málaga a cuenta de un contrato de investigación sobre la vivienda a cambio de 1.800 euros mensuales. El ex número dos de Podemos, cuyo jefe era el hoy diputado de Unidos Podemos Alberto Montero, cumplió a rajatabla con las tareas que se le asignaron, pero salió a la luz que trabajaba desde Madrid cuando la presencia en Málaga era obligada. Quizá debido a este caso, ha mantenido un perfil bajo en la polémica por el máster de la expresidenta madrileña Cristina Cifuentes, pese a que ambas situaciones distan mucho de ser comparables. Según sostiene Errejón, sus trabajos están ahí y cualquier puede comprobarlo, algo que no ocurre con la exdirigente popular.

El siguiente en la lista de patinazos es Pablo Echenique, otro de los más belicosos con los adversarios en las filas moradas. El secretario de Organización y número tres del partido pagó en negro a un asistente personal que le atendía una hora al día a causa de su dependencia. Echenique alegó que la responsabilidad de cumplir con la Seguridad Social era del trabajador. En cualquier caso, nadie en el partido niega que, como mínimo, fue un importante descuido.

La Coca-Cola de Espinar

El caso más pintoresco lo protagonizó Ramón Espinar. El portavoz en el Senado apoyó oficialmente que se dejasen de vender Coca-Colas en la Cámara alta como protesta por el conflicto laboral que la multinacional mantenía con los empleados en su fábrica de Fuenlabrada (Madrid). Pocas horas después, fue fotografiado con dos botellas de esta bebida en el comedor del Senado. «Es un error», reconoció. Más delicada fue su compra de un piso de protección oficial que después vendió sin siquiera haberlo ocupado. Frente a las acusaciones de especulación, aseguró que como cualquier persona normal se lanzó a comprarse una vivienda de la que después se debió deshacer al no poder afrontar el pago de la hipoteca como tenía previsto.

Podemos ha sido víctima de sus propias palabras incluso a nivel orgánico. Los morados nacieron criticando el funcionamiento de los viejos partidos y sus luchas cainitas y definiéndose como una formación con las paredes de cristal para que todos pudieran seguir sus debates. Pero en cuatro años sus peleas internas han sido de lo más variopintas y de todos contra todos: el quinteto de cofundadores contra los anticapitalistas, Errejón contra Iglesias o el propio Iglesias contra Bescansa son los mejores ejemplos.

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