Cuatro voces catalanas contra la ruptura

Angelina Mateu. :: martin benet
/
Angelina Mateu. :: martin benet

Confiesan que su mayor miedo no es ni siquiera la economía, sino no poder recuperar la vida de convivencia que tenían antes del 'procés' Los constitucionalistas viven con zozobra el día después del «salto al vacío de Puigdemont»

MELCHOR SÁIZ-PARDO BARCELONA.

Después de lo vivido el viernes ni siquiera temen ya el siguiente órdago nacionalista o la nueva pirueta del Govern. Ya solo tienen miedo a no poder recuperar sus vidas anteriores al 'procés'. Aquellos días en los que podían compartir un almuerzo con «indepes de toda la vida» y no terminar levantándose de la mesa. Son las voces catalanas contra la «ruptura unilteral» que, solo horas después de la DUI del 'Parlament', claman contra el «salto al vacío de Puigdemont» y contra su propia «marginación» en la vida social, civil y política en su comunidad. Y no son solo las voces. También dan la cara. No ha sido fácil. Y menos este sábado. El día después.

Alfonso Sagnier Taramona es economista, pero su preocupación no es solo «el batacazo monumental» que se viene encima a Cataluña a cuenta de los números de la DUI. «Lo del viernes fue la imposición, casi violenta, de una parte contra otra», denuncia. Este padre de tres niños y que ha pasado sus 49 años de vida en Barcelona habla de «impotencia y desgarro» cuando recuerda las imágenes del Parlament. Pero en realidad, confiesa, su «dolor» ya viene de hace meses. Desde cuando -explica- en los grupos de WhatsApp de los «amigos de toda la vida» se prohibió hablar de política porque hay «cuatro o cinco nacionalistas». «A cuenta de toda esta barbaridad ya solo nos felicitamos los cumpleaños o los santos. Es terrible», se lamenta Sagnier, quien no deja de quejarse del dinero que los nacionalistas llevan gastando en las escuelas para «enseñar a odiar a España. Ni siquiera en amar a Cataluña». «Cataluña es el único lugar en Europa en que mis hijos no pueden estudiar en su lengua materna», afirma.

Este economista no tiene claro dónde va a llevar el 155, pero al menos, dice, «por primera vez sentimos que no están usándonos como moneda de cambio para la estabilidad del Gobierno central». «Si al menos el 155 sirve para que algunos de los independistas se den cuenta del festival de gasto que han hecho desde el Govern y que les estaban tomando el pelo, lo daría por bueno», afirma con resignación.

«En los grupos de amigos de WhatsApp en los que hay independentistas ya solo felicitamos los santos»«El Estado hace mucho, muchísimo, que desapareció por completo de Cataluña»

«Al menos, el viernes tocamos suelo. Y, a partir de ahora, a reconstruir. O eso espero». En las palabras de Angelina Mateu Olivella también hay resignación. Pero esta inspectora de Hacienda casada con un madrileño y que ha vivido toda su vida en Cataluña no termina de rendirse a pesar de la «indignación» que vivió con la declaración de la DUI. La parte de jurista le sale cuando cree imprescindible «recuperar el Estado de Derecho» en Cataluña, pero apuesta por la vertiente humana. «Lo que están haciendo es terrible. Hay que tender puentes». «¡Tenemos que volver a querernos como antes!», clama. Ella misma se pone como ejemplo: su «convivencia perfectamente bilingüe» con su esposo. Angelina se muestra confiada en que una aplicación del 155 «sin humillar a nadie» pueda recoser algunos jirones.

Carmen Eulate, que desde los tres meses vive también en Barcelona, no parece tan optimista. Dice que es la edad. Esta periodista jubilada asegura que lo de viernes no le cogió, ni mucho menos, por sorpresa. «Esto se veía venir. Los gobiernos del PSOE han alimentado tanto el bichito del nacionalismo que al final nos ha explotado». Eulate se hace eco de un lamento común entre los constitucionalistas catalanes: el abandono. «El Estado hace mucho, muchísimo, que desapareció por completo de Cataluña», se queja. Eso sí, confiesa que lo de la DUI «dolió. Y mucho». Para ella también el 155 es una incógnita. «Desde luego el objetivo de poner coto al Govern de Puigdemont me parece fenomenal. Otra cosa será cómo puedan hacerlo. En cualquier caso, el Gobierno no tenía otra opción que poner en marcha ese artículo. Le han forzado a ello», apunta.

Para Alicia Villaseca, funcionaria e igualmente nacida en Barcelona y residente de siempre en la ciudad condal, desde luego la aplicación del 155 «va a ser muy complicada». Ella, que afirma que el viernes vivió incluso con «vergüenza» la votación del Parlament en la que se decidió «prescindir de la mitad de los catalanes», clama, no obstante, por la mesura a la hora de poner en marcha el paquete de medidas aprobadas por el Ejecutivo de Mariano Rajoy para volver a la legalidad. «Tiene que hacerse desde una perspectiva muy técnica, no invasiva. Todo desde la reflexión porque nos jugamos mucho, muchísimo», avisa en tono severo.

Esta barcelonesa de tres abuelos catalanes y casada con un castellano-machego repite un mantra que se oye a muchos otros constitucionalistas de esta comunidad autónoma en las últimas horas: «Ojalá que el 155 al menos sirva para que los indepentistas que de buena fe creyeron las falsas promesas del Govern se den cuenta del engaño. Aunque solo sea eso. Que estos días tan duros que se avecinan les hagan reflexionar sobre todo lo que están provocando. Aunque solo sea eso», repite Villaseca.

Ninguna de estas cuatro voces contra la ruptura unilateral, insisten todos ellos, era gran defensora de la aplicación del famoso artículo de la Constitución. En todas estas personas hay cierto grado de tristeza cuando hablan del 155. Pero lo ven como algo inevitable. Los no nacionalistas de Cataluña parecen haberse acostumbrado a convivir con la fatalidad.

Fotos

Vídeos