CRÓNICA DE UNA FRACTURA ANUNCIADA

SARA BOSCH PSICÓLOGA

Soy catalana. Vivo en Catalunya. Y ante la pregunta de si padecemos fractura social, no puedo menos que sorprenderme. Siempre convivimos con anhelos distintos. Con la esencia de unión unos, y con el deseo de desunión otros. ¿Fractura entonces? Sentimientos distintos. Ser primero español y después catalán... o viceversa. Fácil de explicar. Y entre tertulias más o menos emotivas con amigos, familiares y compañeros, progresistas o conservadores, arriesgados o temerosos, hemos trabajado, amado, votado en paz y vivido igual que los demás. Hasta que nuestras tertulias se fueron llenando de agravios compartidos. Y el deseo de independencia de los menos de siempre alcanzó con rapidez las esperanzas de solución de cada vez más. La emoción viaja rápido. Y más la de muchos.

Sonaron voces de amenaza, mientras por otro lado crecían las de la ilusión hacia un cambio posible. Sonaron voces de castigo, de camino sin salida, de consecuencias, mientras por otro lado, con la conciencia más tranquila que nunca y la confianza en la hoz que siega los muros, se apelaba a los valores por encima de la ley. Y el anhelo fue posibilidad. Sentimientos distintos. Ahora ya, respetar el Estado de derecho que nos garantiza lo que somos y tenemos o los derechos fundamentales que nos son implícitos como seres humanos. Y las charlas se llevaron a las calles. ¿Fractura? Manifestaciones distintas, con el mismo sol y distintas banderas.

Y ya sí. Unos reprochan deseo inconcebible de rompimiento donde otros ven deseo imparable de libertad. Diferencias semánticas mayores, cada vez más claras. Pero seguíamos siendo amigos, familia y compañeros. Acostumbrados a manejarnos en nuestras diferencias. Unos, que mejor nos va estando juntos y otros, que mejor nos irá separados. Opiniones distintas. Ser español y después catalán... o catalán sólo. Desacuerdos. Hasta que los anhelos que aún sabiéndose ilegales se sienten legítimos, se expresan en acción. Quiero votar. Hasta que la respuesta, sabiéndose legítima se expresa como la única posible. Ya sabías que no podías hacerlo. Hasta que nuestras tertulias se llenaron de imágenes. A por ellos. Las que todos hemos podido ver y otros vivir. Y las palabras se endurecen. Asesinos. Y las opiniones se lanzan como desprestigio y repudio. Sedeción, represión, violencia. Y los agravios se encadenan. A ver quién tensa más la cuerda. Y las calles se siguen llenando de voces cada vez más fuertes porque ya no pueden dejar de decirse. Y millones que se quieren ir frente a millones que no quieren irse o que se vayan, al final piden lo mismo con las mismas palabras usadas de forma distinta. Democracia. Libertad. Pueblo.

¿Fractura ahora? La que hubo siempre. Aunque nunca fracturó nuestros hogares, porque nosotros aún desunidos en sentimientos sí nos veíamos unos a otros. La que por no verse se niega, la que por verse se agranda. La que interesa quizás. La que nace de la ruptura de un vínculo con el que muchos ni han nacido y nacerán sin él. La fractura no está en la esencia de la sociedad catalana. Está en la mirada miope, parcial y fracturada de quienes nos están mirando.

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