La crisis de Cataluña se lleva por delante a Podemos y Ciudadanos le pisa los talones

La crisis de Cataluña se lleva por delante a Podemos y Ciudadanos le pisa los talones

El partido de Iglesias atraviesa su peor momento desde las elecciones de 2015 y el de Rivera se sube a la cresta de la ola

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

La equidistancia en la crisis de Cataluña ha pasado factura a Podemos. El partido que lidera Pablo Iglesias y sus confluencias cayeron al 18,5% en intención de voto, el nivel más bajo desde las elecciones generales de diciembre de 2015 y junio de 2016; apenas un punto por encima de Ciudadanos, que experimenta la mayor subida en el último sondeo del CIS. PP y PSOE sufren suaves descensos que no ponen en peligro su condición de partidos mayoritarios.

Podemos encajó como pudo el revés, y su líder se consoló con el argumento de que «bastante bien estamos a la vista de cómo nos cañonean». Iglesias no atribuyó el retroceso a la línea política que ha impuesto ante el proceso soberanista de Cataluña, lo achacó al trato que dispensan los medios de comunicación a su partido. «Contra nosotros la 'brunete' mediática cañonea fuerte, pero en las últimas semanas y meses el nivel de artillería contra nosotros no ha tenido precedentes». La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría hurgó ayer en la herida durante un debate en el Senado y reprochó al partido de Iglesias que tenga «un proyecto abrasivo para las instituciones del país, se han sumado a cualquier juerga para debilitar las instituciones, pero lo primero que se ha abrasado es Podemos».

El estudio del CIS es malo para el partido morado, pero podría ser peor porque el trabajo de campo se hizo del 2 al 11 de octubre, justo después del referéndum ilegal del 1-O, pero antes de la declaración de independencia, de la aplicación del artículo 155, de la convocatoria de elecciones para el 21 de diciembre, de la huida de Carles Puigdemont a Bélgica, del encarcelamiento del exvicepresidente catalán y siete exconsejeros. Podemos no tomó partido ni por unos ni por otros, estuvo en contra de todo y a favor de nada. El sondeo, además, se realizó antes de que estallase la crisis de Podem en Cataluña, en la que Iglesias forzó la dimisión de su líder, fracturó el partido y perdió apoyos.

Con todo, los números del CIS son preocupantes para el partido de Iglesias porque, además de tener la intención de voto más baja en casi dos años, evidencian una deserción importante en sus filas. Apenas el 60% de sus votantes en junio de 2016 volvería a respaldar a Podemos en las urnas. El 7% daría su papeleta al PSOE y el 4,2% a Ciudadanos. La fidelidad de su electorado es la más baja de los cuatro grandes partidos y solo se ve superada por la del PDeCAT, un partido en descomposición y que solo conserva el apoyo del 56,2% de los suyos. El problema además es de Iglesias y su núcleo directivo porque sus aliados retienen con más fuerza a sus electores (En Comú tiene un fidelidad del 63,1%, Compromís, del 70%, y En Marea del 67,9%). En la desbandada de apoyos el boquete más grande es el del elector moderado, algo que preocupa sobremanera en la dirección del partido, ya que casi el 51% de sus seguidores se considera de extrema izquierda.

Si en la casa de Podemos es día de caras serias, en la de Ciudadanos es de fiesta. Se mantiene como cuarta fuerza, pero con el 17,5% de intención de voto, tres puntos más que en el sondeo del CIS de julio, y cuatro puntos y medio más que en las elecciones del año pasado. Albert Rivera, con la vista puesta en los comicios catalanes del 21 de diciembre, se mostró orgulloso de que su partido tenga «todos los números para convertirse en la alternativa del separatismo». Una conclusión quizá exagerada porque el estudio se realizó en toda España con 2.487 entrevistas y la muestra en Cataluña es muy reducida, no supera las 300.

Ciudadanos es entre los cuatro grandes partidos el que cuenta con electorado más fiel, casi el 76% volvería a votar a los 'naranjas', y con un dato que alegró mucho en la dirección del partido, el trasvase del 10% largo del electorado del PP. Se ha consolidado asimismo como fuerza hegemónica en el centroderecha, posición ideológica que se atribuye casi el 44% de sus votantes.

Leve descenso

Frente a este sube y baja, PP y PSOE se mantuvieron casi como estaban con una pequeña caída en ambos casos. La intención de voto de los populares, según el CIS, es del 28%, ocho décimas menos que hace tres meses, pero cinco puntos por debajo de los resultados obtenidos en las últimas elecciones generales, desde las que el PP experimenta un descenso suave pero continuo.

El 24,2% dice que votaría al PSOE, siete décimas menos que en julio pasado, cuando los socialistas vivieron el efecto Pedro Sánchez y subieron de golpe cinco puntos en intención de voto después de que el líder del partido recuperara en las primarias el timón de la organización. El resultado que obtendría en unas elecciones ahora también mejora el 22,7% cosechado en junio de 2016. «El PSOE se consolida como alternativa», se jactó ayer la vicesecretaria general, Adriana Lastra.

Pero al margen de la prospección electoral, el estudio del CIS aflora un fenómeno impensable hace solo tres meses, la independencia de Cataluña es el segundo principal problema del país. El 29% así lo considera por encima de la corrupción (28,3%) y los partidos y sus líderes (27,5%). Solo se sitúa delante el paro, que según el 66,2% es el mayor problema de España. Ya en el sondeo de septiembre hubo un repunte, cuando el 7,8% de los consultados decía que la secesión de Cataluña era una de las grandes preocupaciones. Pero hace solo tres meses, en julio, pensaba así el 2,6%, y hace un año era residual, apenas el 0,6% creía que la independencia catalana era un problema. Ahora lo piensa casi uno de cada tres.

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